Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Honduras son los países centroamericanos de mayor cultura autoritaria. Tierra de volcanes y dictadores, asiento de las más violentas confrontaciones en los siglos XIX y XX. Estrada Cabrera en Guatemala; Maximiliano H. Martínez en El Salvador; Carías en Honduras, y José Santos Zelaya, Anastacio Somoza y ahora Ortega en Nicaragua han sido oscuros personajes, negadores de la libertad y responsables de las dictaduras más horribles que nos avergüenzan a los centroamericanos.

No es accidental que Asturias haya escrito “El señor presidente” para retratar la pesadilla de la dictadura, el desprecio de las libertades y la sujeción de las libertades individuales y colectivas, que han producido la pobreza y el atraso de esos países.

Guatemala es la sociedad más turbulenta de la región. Afectada por una red de corrupción que tiene su liderazgo infame en la propia Presidencia de la República, ha mostrado las típicas acciones vengativas, especialmente después de que cesara la presencia de la Cicig, apoyada por la ONU, que envió a la cárcel al presidente Pérez Molina, a su vicepresidente y amenazó a sus socios, la mayoría miembros de las fuerzas económicas guatemaltecas, excluyentes y naturalmente autoritarias.

Por ello, bajo la mano dura de un hombre que estudió Medicina, para terminar, siendo jefe de prisiones de su país, acusado de no pocos asesinatos, ahora desde la Presidencia de la República dirige los ataques en contra de los jueces que iniciaron causas en contra de la corrupción, encarcela a periodistas críticos y cierra periódicos críticos.

Por ello ha encarcelado, en una medida inédita e impensable que ha sorprendido al mundo, a José Rubén Zamora, fundador y director propietario de “El Periódico”, un diario que se ha caracterizado por la denuncia de los desafueros, irrespeto a la ley por parte del Gobierno y las élites económicas de Guatemala.

Por encarcelar a José Rubén Zamora y congelar las cuentas de “El Periódico” ha recibido la condena del mundo porque las acciones en su contra son arbitrarias. Jorge Canahuati, presidente de la SIP, ha condenado las acciones en contra de la libertad de prensa. Los principales periódicos del mundo han hecho lo mismo.

El presidente Alejandro Giammattei, arrinconado por el desprestigio mayor de un gobernante en los últimos años, se ha estacionado en el silencio. La represión del presidente Giammattei, aparentemente, tiene la intención de darle una respuesta a los Estados Unidos, en el sentido de indicarle que no le tiene miedo a sus amenazas.

Sin embargo, de acuerdo con el comportamiento de la sociedad política guatemalteca, no es imposible que, al finalizar su mandato, termine en la cárcel, bien en su país o Estados Unidos.

Guatemala es el primer país que tuvo preso en Estados Unidos a un expresidente. Portillo estuvo encarcelado allá, purgando una condena, aunque evadió la acusación de asesinato en México. Pérez Molina sigue encarcelado.

Los gobernantes olvidan la temporalidad de sus mandatos. La prensa regresa triunfadora y con mayor fuerza. Por ello, la amenaza y la prisión o el exilio no frenan el espíritu de libertad de los periodistas y menos su compromiso con la verdad y la felicidad de los pueblos.

Aunque algunos dan la espalda a los ataques de la libertad, silbando y viendo para otro lado, hay otros como Zamora que, conscientes, se arriesgan y diciendo la verdad animan a sus pueblos para que levanten la mano en contra de los corruptos, los enemigos de la libertad, para ponerlos en su lugar. Por mientras ese momento llega, hay que condenar a Giammattei, Ortega. Los pueblos pueden vivir una parte del tiempo sin libertad; pero nunca, por todo el tiempo. Jamás.

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