Desde que la sampedrana Gina Meza trabajaba reciclando costales desechados para poder graduarse como doctora demostró su vocación humanitaria aplicando sus primeros conocimientos de medicina en socorrer a personas con dificultades económicas como ella. La vida parece haberle sonreído porque logró coronar su carrera universitaria y casarse bien. Sin embargo, cuando estaba haciendo su internado en La Ceiba previo a la graduación, durante un chequeo médico recibió el cruel diagnóstico de una enfermedad crónica y dolorosa que afecta a las mujeres: endometriosis en su máximo grado.
La enfermedad la comenzó a aquejar desde cuando tuvo la primera menstruación a los 14 años, sin que ella ni nadie sospechara la causa de aquellos fuertes dolores pélvicos y la debilidad corporal acompañada de abundante sangrado.
Con el tiempo se fueron sumando otras complicaciones, de tal manera que cuando estudiaba en la universidad al terminar las clases tenía que permanecer dos horas reponiendo energías para poder abordar el autobús de regreso a casa.
Por suerte se hizo amiga de una compañera enfermera, quien le aplicaba medicamentos paliativos para soportar los terribles malestares que restaban concentración en sus estudios. Esto, por supuesto, provocó el reclamo de los profesores, ajenos a lo que sucedía a la alumna.
Cuando se presentó la oportunidad de que Gina se hiciera un chequeo en la Asociación Hondureña de Planificación Familiar llegó la pandemia del covid, por lo que el médico encargado no quiso hacer la exploración aduciendo que podía contagiarse del virus pandémico. Para colmo de males, debido a la fragilidad de su organismo, la entonces universitaria recibió cuatro veces la embestida de la enfermedad que tantas vidas se llevó en aquellos aciagos años, pero que a ella le perdonó la suya.
El historial clínico de nuestro personaje registra una cirugía que le practicaron el año pasado, para separar varios órganos internos que se habían pegado entre sí por tejidos que se infectan debido a la expansión de los endometriomas. Para hacer más llevadero el interminable sufrimiento, la doctora se ha involucrado en la Asociación Endometriosis Honduras, que ayuda a entender mejor la enfermedad mediante charlas médicas. Asimismo, busca aminorar la depresión con terapias psicológicas destinadas a no acumular rencores, resentimientos y otros sentimientos negativos, lo cual es válido también para personas que no tienen endometriosis.