Mañana viernes 5 de marzo, el papa Francisco saldrá por primera vez fuera de las fronteras italianas, tras el inicio de la pandemia, en lo que se convertirá en el viaje número 33º de su pontificado. Uno que por una parte fue cancelado el año pasado debido a la emergencia sanitaria y que durante el período de San Juan Pablo II se llegó a planificar, pero nunca se hizo realidad.

La envergadura de este viaje quedó evidenciada en las palabras del papa Emérito Benedicto XVI en una reciente entrevista publicada por el periódico italiano Corriere della Sera.
“Creo que es un viaje muy importante, por desgracia tiene lugar en un momento muy difícil, que lo convierte también en un viaje peligroso, por motivos de seguridad y por el covid. Y después está la situación iraquí inestable. Acompañaré a Francisco en la plegaria”.
Y es que la preocupación por este periplo papal no es exclusiva del papa Ratzinger, aún está reciente el doble atentado del 21 de enero que causó la muerte a 32 personas en Bagdad y el ataque con cohetes a una base de la coalición contigua al aeropuerto de Erbil el pasado 15 de febrero.

Muchas han sido las críticas que ha enfrentado la Santa Sede por no esperar a que la situación de la pandemia mejore en Irak (que se encuentra confinada) para realizarlo con mayor calma; sin embargo, el portavoz de la sala de prensa vaticana, Matteo Bruni, ha defendido la decisión del romano pontífice. “El sentido de un viaje así es hacer ver a la gente que el Papa está ahí y está cerca de ellos. Es un viaje particular, también para la seguridad, claro, pero es un gesto de amor a esa tierra, a su pueblo y a los cristianos. Se comprende bajo esa lógica que no quiere decir perder de vista lo que se hace”.

Y es que el viaje de su santidad será en muchos sentidos algo sui géneris e histórico, en primer lugar Francisco llegará a un país predominantemente musulmán, pero ligado de forma espiritual a las raíces mismas del cristianismo, al igual que a las del islam y el judaísmo, las grandes religiones monoteístas. Pues no podemos olvidar que la ciudad de Ur, a poco más de tres horas de Bagdag (capital de Irak), es, según las Sagradas Escrituras y la tradición, la tierra del padre de la fe, Abraham.

La visita del Papa cumplirá con un itinerario lleno de significado, por ejemplo, el primer día se reunirá con religiosos, religiosas y catequistas en la catedral de Nuestra Señora de la Salvación, la cual fue asaltada por un grupo extremista islamico en el año 2010 y en el que murieron 58 cristianos, entre ellos, dos sacerdotes. Otro momento clave de este viaje será su encuentro con el gran ayatola Ali al-sistani, uno de los líderes islámicos chiitas más importantes y una figura política influyente en Irak tras la ocupación de 2003.

En la tierra de Abraham tendrá lugar el encuentro antirreligioso monoteísta, pero sin duda uno de los momentos más esperados será la visita a la zona de Kurdistán, lugar emblemático de la persecución cristiana a manos de Isis. La seguridad, está de más decirlo, será una prioridad, y signo de ello es que Francisco hará todo su recorrido en un coche blindado, y no en el papa móvil descapotable al que nos tiene acostumbrados. Sin duda, todo un hito histórico que evidencia el corazón de buen pastor que va en busca de sus ovejas más pequeñas para hacerles sentir la presencia de Dios en medio de la pandemia y la perfección. Oremos por el Papa.