Ojalá que en las escuelas se perdiera menos tiempo en materias que nunca servirán de nada a los estudiantes y se dedicara un poco más en adiestrarlos para las cosas a las que se enfrentarán en la vida. Un poco más de educación formativa.
Por fortuna, aún existen los profesores con vocación de serlo, que se esmeran, y no se limitan al programa de clase que la institución les asigna, maestros a los que de verdad les importan sus alumnos.
Asimismo, todavía encontramos en las familias padres con vocación parental, que no se dedican únicamente a darle a sus hijos lo que saben que les corresponde de acuerdo con su responsabilidad, ya saben; techo, comida, ropa, escuela.
Aún se puede hallar por ahí papás a los que de verdad importan sus hijos, no solo de palabra, sino de hechos.
A estas alturas ya todos sabemos que es en casa donde deben aprender buenos modales, por ejemplo, esas buenas maneras que pueden abrirles puertas en el futuro, y se me viene a la mente una frase del actor, cantante, coreógrafo y bailarín estadounidense Fred Astaire que me llama mucho la atención por su veracidad: “La peor tarea para los niños de hoy es aprender buenos modales sin verlos”. Es junto a sus hermanos que aprenden a pelear por sus derechos, a defenderse, aprenden la envidia de ida y vuelta y cómo lidiar con ella, la generosidad y la solidaridad.
Son sus padres quienes les darán los utensilios necesarios para enfrentarse a todo eso que les espera. Inculcan en sus hijos el respeto hacia los demás, haciéndose respetar, la honestidad la mostrarán siendo honestos ellos mismos al menos delante de sus vástagos, la tolerancia, la asertividad, el control de los impulsos, la voluntad, en fin... herramientas indispensables para triunfar con las personas, en un mundo que está compuesto, precisamente, de personas.
¿Otra enseñanza básica bajo nuestra responsabilidad? La autonomía.Cuando hacemos todo lo posible porque ellos se valgan por sí mismos, que se ganen las cosas que les damos, cuando no tratamos de compensar, cuando les infundimos la auto confianza y reforzamos su autoestima, ya los estamos preparando para el vuelo, para uno muy exitoso.
Hace algunos días pasamos un susto en casa de una de mis hermanas cuando el lorito que tiene como mascota, salió volando de su jaulita y se perdió entre los árboles vecinos. Ella no estaba y yo pensaba en que no sentía tanto pesar por el animalito porque al fin y al cabo eso es lo que él instintivamente buscaba, su libertad.
Lamentaba el hecho por ella, porque sabía que prefería protegerlo y cuidarlo teniéndolo ahí. Luego recuerdo a una vecina sugerir (luego de recuperada la mascotita), que se le cortara una parte de sus alitas, así se aseguraba que no se volviera a escapar.
Ciertamente, así nos sucede muchas veces (demasiadas veces) como padres, con nuestros hijos; ellos deben volar porque está en su naturaleza hacerlo y nosotros preferimos tenerlos cerca para así seguir cuidando de ellos; pero no, aun cuando nos duela en el alma, será importante dejar la “jaula” abierta para cuando ellos estén listos y nunca, nunca intentar siquiera, cortar esas alitas.