De todos es sabido que los libros, de acuerdo a su contenido, suelen ejercer buena o mala influencia en las personas que los leen. Por ende, aquellos que tienen el hábito de leer deberán evitar la lectura de obras con ideas malsanas, que envenenan la mente y que pueden deteriorar la vida personal, así como la colectiva. A veces un solo libro puede acarrear un gran daño a miles de personas cuando absorben su contenido. Un ejemplo es la incidencia que ocasionó a los lectores el libro “Mi lucha” de Adolfo Hitler, que fue en un tiempo muy popular en Alemania, desorientando a millones de lectores con sus erróneos conceptos de un nacionalismo desmedido que mucho contribuyó para que estallara la Segunda Guerra Mundial cerca de la mitad del siglo XX.
Dios nos ha dejado un libro maravilloso, la Biblia. Este manual fue escrito por hombres y mujeres que, bajo la inspiración divina, ilumina, fortalece, inspira y sacia el espíritu de sus lectores. El apóstol Pablo, refiriéndose a las escrituras bíblicas escribe con solemne categoría estas palabras: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17). El escritor sagrado nos establece la eficacia de la Biblia en la vida de las personas que se embullen en sus profundidades, al presentarnos sus utilidades: nos enseña los conocimientos pertinentes para vivir una vida apartada del mal; nos convence del pecado que cometemos a diario; nos endereza lo torcido; y nos educa en la disciplina que nos conduce al buen obrar. Ésta es la influencia que ejerce el estudio de la Biblia: transforma, quebranta, nos da madurez y nos purifica.
Una parábola árabe nos ayudará a verlo más claro. Cierto jefe árabe dijo a su hijo: “ve corriendo al manantial y tráeme una cesta llena de agua”. El niño obedeció al pie de la letra y fue corriendo al manantial donde llenó la cesta con agua. Pero antes que pudiera emprender el regreso a la tienda toda el agua se había escapado. Entonces el niño dijo a su padre: “Aunque un gran número de veces he llenado la cesta con agua, toda ella se sale luego”. El padre tomó la cesta y dijo, “lo que dices, hijo mío, es la verdad. El agua no se ha quedado en la cesta, pero mira cuán pura y limpia está. Así será con tu corazón. No podrás retener todos los preceptos que has oído y aprendido, pero harán tu corazón puro y apto para vivir una vida ordenada”.
El salmo 1 dice que la persona que en las escrituras de Dios se deleita y las estudia día y noche será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prospera. Estimado lector, lea la Biblia, en ella encontrará la voz de Dios que le consolará, le orientará y le dará paz interior.
Dejo con ustedes la siguiente frase de Corrie Ten Boom: “No te preocupes por lo que no entiendes de la Biblia, preocúpate por aquello que entiendes y no aplicas en tu vida”.