No creo que sea el papel de la rectora Julieta Castellanos definir las fronteras de lo religioso y lo laico a lo interno de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, mucho menos si sus concepciones jurídicas se basan en el prejuicio y la falta de competencia necesaria para intervenir con autoridad en este tema.
Carece de las competencias necesarias la rectora para definir un tópico que llevó cientos de años definir, para que finalmente se estableciera con claridad cuál es la línea que divide ambos temas. Su insistencia en definir erróneamente la educación laica y aplicar esta concepción a las peticiones y manifestaciones de los grupos religiosos de la Unah, raya en lo obtuso y la necedad. Son los vacíos de liderazgo auténtico lo que nos hace caer en estas situaciones donde justamente, la falta de liderazgo de otros personajes conocedores del tema, hace que la población sea adoctrinada erróneamente sobre conceptos y temas fundamentales para la vida ciudadana y democrática como es el caso de la rectora Castellanos. Que sea una autoridad moral del país y que ejerza un liderazgo que muchos hombres no han podido durante largos periodos de regencia universitaria, no la capacita en manera alguna, para tratar de dilucidar sin el conocimiento adecuado y las competencias necesarias, el tema del laicismo y la relación iglesia-estado. Para la Rectoría de la Unah que nuestra Constitución declare la educación de carácter laico, le permite a ella suprimir y combatir cualquier manifestación religiosa a lo interno de la Unah, concepción que se cae por sí misma, por errónea, prejuiciada y alejada del concepto original de lo que significa.
Tener una educación laica significa neutralidad religiosa en la vida pública, con lo cual lo que se pretende es la supresión de la enseñanza religiosa en los establecimientos oficiales; empero, si el concepto de laicidad en la educación se aplicará en los términos del entendimiento de la Rectora de la Unah a otros conceptos de similar importancia como, por ejemplo, la libertad política, entonces se suprimiría por completo dentro de la Unah cualquier manifestación política derivada en una conferencia, en una manifestación o acto de cualquier otro tipo. Y sabemos que eso no es posible, porque existe libertad, pues justamente tampoco por eso es posible aplicar la conceptualización de la rectoría de la Unah al concepto de educación laica, porque existe libertad religiosa. La manifestación de neutralidad en la vida pública exige que las autoridades se manifiesten en sus funciones púbicas sin hacer gala de sus creencias particulares en materia religiosa, que no se imponga una enseñanza religiosa o una visión particular de algún religioso en la educación oficial, pero en ninguna manera limita las manifestaciones del hecho religioso en todas sus formas, atendiendo siempre la reglamentación interna de cada centro educativo.
Decir que en nombre de la educación laica se deniega la presencia de una manifestación religiosa dentro de los predios de la Unah es una aberración jurídica. El trato que se está dando a los grupos religiosos de la Universidad por parte de la Rectoría bajo el disfraz de laicismo, en una actitud sectaria que combate frontalmente las manifestaciones religiosas tratando de extirpar de los estudiantes todo sentimiento y emoción de lo trascendente y superior en el espíritu de los hombres, eso es cualquier cosa menos laicismo.
