El gesto más revolucionario del liderazgo

La crisis actual no es de liderazgo, sino de escucha: gobernar sin empatía y silencio interior está profundizando la fractura social y alejando a los líderes de la realidad humana.

  • Actualizado: 15 de enero de 2026 a las 23:45 -

El mundo no está falto de liderazgo. Está falto de silencio interior. De ese espacio donde uno deja de reaccionar para comenzar a comprender. Hoy vemos decisiones que se anuncian como certezas, discursos que no admiten preguntas y posturas que se endurecen cuanto más evidente es la fractura social. No es una crisis de poder, es una crisis de escucha.

Cuando un líder gobierna desde la sordera emocional pierde contacto con la realidad humana. Ya no percibe el cansancio colectivo, el miedo o la esperanza. Solo oye su propia lógica. Y así, poco a poco, el liderazgo se vuelve vertical, impenetrable, incapaz de aprender. No es fortaleza lo que allí se expresa, sino una profunda fragilidad interior.

Mientras ese modelo se repite en distintas geografías, en otros rincones del mundo emerge una forma de liderazgo que no se impone, se encarna. En Irán, las mujeres han asumido un rol histórico enfrentando un sistema que intenta silenciarlas desde hace décadas. No lo hacen desde la violencia, sino desde una valentía consciente que nace del amor propio y del anhelo de dignidad. Cada gesto, cada paso, cada acto público se convierte en un mensaje más potente que cualquier proclama.

Ellas nos enseñan que liderar no es controlar, sino sostener. No es gritar más fuerte, sino mantenerse fiel a la verdad interior incluso cuando el costo es alto. Su liderazgo no busca acumular poder, sino devolverle humanidad a una sociedad que ha aprendido a normalizar el miedo.

Este contraste debería interpelarnos a todos. Porque el mundo no necesita más dirigentes incapaces de dialogar, ni más estructuras que confundan autoridad con dominio. Necesita líderes que entiendan que escuchar transforma, que la empatía también es estrategia y que la conciencia es una forma elevada de poder.

Tal vez la gran lección de este tiempo sea simple y profunda: quienes se atreven a escuchar al otro y a sí mismos están sembrando el liderazgo del futuro. Un liderazgo que no oprime, no deshumaniza y no teme cambiar.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias