Es una metodología muy estudiada y practicada. El primer paso consiste en buscar un “caso lacrimógeno”, habida cuenta de que la población en general ya no se molesta en razonar, sino que se deja llevar a golpe de sentimientos.
Ese caso sensible en la cuestión del aborto era la adolescente violada por su padrastro, por ejemplo; en lo de la comunión de los divorciados en el propio sínodo se ha presentado el del niño que a la hora de hacer la primera comunión da un pedazo de la hostia consagrada a su papá, que no puede comulgar porque está divorciado y vuelto a casar.
El segundo paso consiste en proclamar ampliamente que se trata de aprobar situaciones muy especiales y concretas y que desde luego no se quiere modificar el fondo de la ley. En el aborto, como se recordará, se planteó primero la aceptación del mismo en los supuestos de violación de la madre, peligro grave de salud física para la misma o nacimiento con una grave minusvalía del nuevo ser; pero se decía que se trataba no de una aprobación del aborto, sino de una “despenalización”, lo que implicaba que el aborto seguía siendo un delito, sin embargo, ahora ya no se iba a mandar a la cárcel a nadie que lo cometiera, ya que eso de mandar a la gente a la cárcel estaba muy mal, y en cambio no estaba mal permitir que se matara a un inocente.
En el caso de la comunión de los divorciados vueltos a casar, lo que se dice es que va a afectar a poquísimas personas, que en realidad no se cambia la doctrina y que lo único que se va a hacer es tener misericordia con algunos.
