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Clases de historia con Donald Trump

  • Actualizado: 05 agosto 2017 /

En diciembre de 2015, Steve Bannon, actual jefe de estrategas del presidente, le dijo a Donald Trump: “Usted es estudiante de la historia militar.” Las lisonjas nos llevan muy lejos con Trump pero esto fue una exageración.

En una reciente entrevista con The New York Times, pudimos aprender de Trump la verdadera razón del fracaso de la campaña de Napoleón Bonaparte en Rusia, en 1812. “Y su único problema es que él no fue esa noche a Rusia porque tenía actividades extracurriculares y murieron congelados.”

En la jerga psicoanalítica esto es lo que se llama proyección. Por supuesto que Napoleón no pudo haber ido a Moscú sin haberse divertido un poco tras bambalinas; especialmente porque en ese tiempo no había cámaras.

Ahora bien, no es que Napoleón fuera hostil a ese tipo de actividades extracurriculares, pero la calamitosa campaña de Rusia duró seis meses, en los que murieron cerca de medio millón de hombres, lo que difícilmente podría pensarse que ocurrió en una noche. El general tenía otras cosas en la cabeza, como la batalla de Borodino, la táctica de tierra quemada de los rusos y la retirada de Moscú sin provisiones en medio del helado invierno.

Foto: La Prensa

Napoleón tuvo otros talentos, explicó Trump. Aseguró que el presidente francés, Emmanuel Macron, dijo que “Napoleón diseñó París; la traza de las calles, la forma en que funcionan … ya sabe, los radios”. Esto parece ser una referencia a la traza de amplias avenidas radiales que atraviesan barrios sofocantes diseñada por el barón de Haussman en tiempos de Napoleón III, sobrino de Bonaparte.

Estuvo cerca, pero no le atinó.

Ya metido en su rollo histórico, Trump avanza para mencionar la invasión de Rusia por Hitler 129 años después. “Lo mismo le pasó a Hitler”, determinó Trump, “aunque no por esa razón.” Claro, teniendo que establecer un reino de mil años, al parecer Hitler tenía limitado el tiempo disponible para sus actividades extracurriculares.

Para Trump, la historia es básicamente un fondo oscuro contra el cual él declara que cada uno de sus actos y palabras son los más grandes desde el inicio de los tiempos. Para eso es la historia. Él asistió a una comida con Macron en la torre Eiffel y “la base de la torre parecía que jamás había tenido una celebración más grande en toda su historia”.

Bueno, algunas personas salieron a las calles para celebrar la liberación de París en 1944 pero como ya sabemos desde su toma de posesión, Trump es toda una autoridad comparando multitudes.

El presidente dio un discurso en Polonia este mes y ahora dice que “mis enemigos están diciendo que fue el mejor discurso pronunciado por un presidente de Estados Unidos en suelo extranjero”. (Sus amigos han de estar diciendo que fue el mejor discurso en la historia del universo.)

¿El mejor de la historia? Bueno, ahí tenemos el discurso que el presidente John F. Kennedy dio en Berlín en 1963, cuando declaró en la entonces dividida ciudad: “Todos los hombres libres, dondequiera que vivan, son ciudadanos de Berlín y por tanto, como hombre libre, me enorgullezco en decir Ich bin ein Berliner.”

Kennedy también dijo: “La libertad es indivisible, por lo que si un solo hombre está esclavizado, ningún hombre puede llamarse libre. Cuando todos seamos libres, entonces sí podremos mirar hacia adelante, cuando esta ciudad se unifique en una sola y cuando este país y este gran continente de Europa estén en un planeta pacífico y lleno de esperanza.”

Tales ideas en labios de un presidente como Trump, que se complace en la compañía de autócratas, serían poco menos que grotescas. Hay diferencia entre el conocimiento de la historia –el sentido del paso del tiempo y del poder de la idea de Estados Unidos que le permitió a Kennedy hablar de un Berlín reunificado y de un continente europeo unificado– y repetir como perico cosas de historia.

Trump, por supuesto, también ha hablado de la historia de Estados Unidos, como cuando dijo que Andrew Jackson estaba vivo en tiempos de la guerra civil (murió 16 años antes de que estallara). Y hablando de Asia, declaró que “Corea de hecho fue parte de China”, salvaje distorsión de la historia que enfureció al aliado surcoreano.

Lejos de ser estudiante de historia, Trump es un presidente ajeno a la historia, en una épica de cambios geoestratégicos históricos. Esto es un problema. Él no puede tomarle el pulso a nuestra era pues su único medidor es la auto-exaltación.

Como comentó en un discurso en mayor William Burns, presidente de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional y ex subsecretario de estado, con Trump ha surgido a la superficie “una horrible mezcla de mercantilismo, unilateralismo y nacionalismo de viejo cuño”. “En un momento en que el orden internacional está bajo fuertes presiones, el poder se está fragmentando y ha regresado la rivalidad entre las grandes potencias, los valores y los propósitos que se encuentran en el núcleo de la idea estadounidense son más importantes que nunca.”

Napoleón y Hitler tropezaron con una desastrosa campaña en Rusia. Antes de que Estados Unidos tropiece con una desastrosa guerra con Irán, el presidente debería de leer algo de historia: sobre el golpe de estado maquinado por la CIA en 1953 que depuso al primer ministro iraní Mohammed Mossadegh, sobre la Savak, la brutal policía secreta del shah de Irán, respaldado por Estados Unidos, sobre el apoyo que dio Occidente a Saddam Hussein en su guerra contra Irán, en la que empleó armas químicas, sobre el avión civil de Iran Air derribado por Estados Unidos y en el que murieron 290 personas.

La historia no es un juego. Está en el plan de estudios porque solo a través de su conocimiento podemos entender la siquis de otras naciones y evitar las guerras.