El día de mañana, jueves 1 de mayo, se celebra en el mundo entero, con un par de excepciones, el Día del Trabajo, y, en nuestro país, el Día del Trabajador Hondureño.
De más está decir que la actividad laboral es una acción exclusivamente humana que merece ser celebrada. Es por medio del trabajo que las personas nos autoconstruímos, establecemos unas relaciones con nuestros congéneres, nos hacemos de unos medios materiales para vivir con dignidad y descubrimos nuestras potencialidades, entre muchas otras cosas. Es el trabajo el lugar y la ocasión en la que vamos practicando unas virtudes, desterrando unos vicios y perfeccionando un carácter. La valoración que se hace de cada uno de nosotros, hombres y mujeres, tanto dentro de la familia como en la sociedad, tiene que ver con la manera como nos desempeñamos en la actividad productiva, de modo que muchas veces somos bien o mal considerados según el producto que sale de nuestro cerebro y de nuestras manos. Está claro que, contrario a como cantara el Negrito del batey, el trabajo no es un castigo. Es cierto que requiere sudor y esfuerzo, que exige una disciplina y que no siempre se remunera como se debe, pero sin él no hay cultura, ni convivencia, ni civilización. Desafortunadamente, hay todavía quienes ven en él la concreción de la “explotación del hombre por el hombre”, o lo conciben como la injusta situación que lleva al obrero a vender su fuerza de trabajo porque es lo único que tiene. Y no se puede negar que hay relaciones laborales que deben ser humanizadas, que hay patronos que parecen no estar conscientes de las necesidades económicas, afectivas, psíquicas o de descanso de sus empleados, pero de ahí al fomento del odio de “clases” y del cultivo de resentimientos sociales, hay que dejar una considerable distancia; porque hay que buscar una dinámica laboral en la que prevalezcan la justicia y la equidad sin envenenar a nadie, ni al trabajador ni al propietario de los “medios de producción”. Igual, lo que hay que entender es que hay un beneficio mutuo que hay que procurar beneficie más al que más lo necesita.
En esta celebración del trabajo también hay que considerar que no están siendo festejados los haraganes y los chambones. Los primeros porque aún no han comprendido la importancia que tiene el trabajo para sus vidas y los segundos porque con su chapucería demeritan, rebajan, deslucen, el esfuerzo y la entrega de los demás. Felicidades, pues, a los que merecen la felicitación y a los demás que estas ideas les ayuden a reflexionar sobre el daño que están haciendo a sí mismos y a los demás.
