Pareciera que en el siglo XXI, la Sagrada Escritura (la Biblia) hubiera pasado de moda, pero lo cierto es que esta suposición está muy lejos de la realidad. Actualmente, la Biblia es considerada el mayor “best seller” de la historia, pues desde que J. Gutenberg la imprimiera por primera en 1454 d.C. ha vendido más de 6,000 millones de ejemplares, y está comprobado que en tiempos de crisis, como la actual, su lectura aumenta. El biblista Francisco Varo en su ya célebre libro “La biblia para hipsters” reconoce la influencia moderna de los textos bíblicos incluso en realidades tan ajenas al ambiente religioso, como las canciones del famoso grupo U2 o la bandera de la Unión Europea.

Otra muestra de la vigencia bíblica en la sociedad actual son las múltiples alusiones a su narrativa en el séptimo arte, las productoras de cine y televisión siguen siendo seducidas por las historias sagradas, ya sea por inspiración directa (películas o series bíblicas) o por innumerables referencias en filmes de superhéroes y ciencia ficción, como el próximo blockbuster “Dune”. Pero la pregunta que surge es ¿por qué una sociedad secularizada sigue sintiéndose atraída por estas historias?

El mitólogo Joseph campbell intentó responderlo en su libro “El héroe de las mil caras”, donde desarrolló la teoría del “monomito”, afirmando que todas las religiones utilizan un patrón básico de historias y personajes, y en la medida que el tiempo evoluciona, esta historia se descompone en formas locales, adoptando diferentes máscaras, en función de las necesidades y la estructura social de la cultura que la interpreta, la siguiente frase sintetiza su postura: “No creo que la gente esté buscando el significado de la vida, tanto como ellos están buscando la experiencia de estar vivos”.

Pero esta visión no solo es pesimista, sino también simplista y reduccionista, pues la validez de la Sagrada Escritura va más allá de ser una herramienta de inspiración o un lugar de reflexión filosófica o existencialista. Ella es uno de los cauces de la revelación y en sí misma es testimonio vivo de la palabra de aquel Dios que nos ha creado, y por eso el ser humano se siente llamado a buscar y encontrar en ella su más profunda identidad. “Dios nos ha hecho a cada uno capaces de escuchar y responder a la palabra divina. El hombre ha sido creado en la palabra y vive en ella; no se entiende a sí mismo si no se abre a este diálogo. La Palabra de Dios revela la naturaleza filial y relacional de nuestra vida. La Palabra de Dios, en efecto, no se contrapone al hombre ni acalla sus deseos auténticos, sino que más bien los ilumina, purificándolos y perfeccionándolos. Qué importante es descubrir en la actualidad que solo Dios responde a la sed que hay en el corazón de todo ser humano” (Cfr. V.D. 22-23). En el mes de la Biblia acércate a la Sagrada Escritura.