Algo más que una graduación

Una ceremonia de graduación puede representar mucho más que la culminación de una etapa académica: también simboliza el esfuerzo familiar, las oportunidades conquistadas y el compromiso de poner el conocimiento al servicio de los demás

  • Actualizado: 06 de julio de 2026 a las 00:00 -

Estaba allí, del brazo de una persona amada que, sin saberlo, se convirtió en mi maestro.

En ese momento pude apreciar que es mucho más alto que yo y su brazo podría sostenerme.

Aquella “Marcha triunfal de Aída” sonaba como tradicionalmente lo hace, como la escuché en mi propio momento, y pensé que la vida puede parecernos tan distinta dependiendo de la perspectiva que tengamos.

Se graduaba mi hijo, la persona que me enseñó a ser mamá, a sobreponerme de mis propias fallas y a centrar mi mente y mi corazón en mi hogar, sin ver hacia otra parte.

Era un acontecimiento valioso para la vida familiar, y no solo desde esa perspectiva tan íntima, sino más amplia.

Veamos.

Hace poco tiempo leí en una nota del periódico “Presencia Universitaria” de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah) que “de cada 100 niños y niñas que inician la educación primaria (en Honduras), menos del 50% concluyen noveno grado, y de este porcentaje, solo tres de cada 10 logran ingresar a la universidad”.

Los datos citados son del Observatorio de Educación.

Desde la perspectiva de la realidad nacional, que suele ser injusta para muchas personas, concluir la educación media es un verdadero hito, una oportunidad grande para continuar avanzando hacia un mejor futuro, no solamente propio, sino de la nación entera.

Porque con cada joven que logra finalizar una etapa más, se amplían las oportunidades para seguir creciendo, para dar nuevos pasos que lleven a una formación más amplia y, probablemente, a mayores oportunidades laborales, especialmente en un país donde el desempleo y el subempleo siguen siendo grandes desafíos.

Por eso una ceremonia de graduación no es cualquier cosa.

Es el sello de esfuerzos muchas veces ignorados por los demás, de situaciones complejas vividas a lo interno de cada familia, de retos cotidianos que están allí para hacernos crecer y madurar en la fe.

En una graduación están los reconocimientos valiosos al esfuerzo, tan personales y particulares que deben vivirse de esa forma, a pesar del mundo en el que estamos inmersos, que nos lleva constantemente a las odiosas comparaciones.

Cuando aprendemos que cada persona brilla a su propia manera, valoramos la luz propia y la ajena, y la percepción sobre la vida se convierte en una más interna y más propia.

Entonces la celebración adquiere un verdadero sentido: el de los desafíos superados, tan propios y silenciosos; el de los talentos descubiertos que, una vez saltan a la luz, deben ponerse al servicio de los demás.

Muchas veces me he preguntado, ¿cuál es la responsabilidad que tenemos quienes logramos avanzar en la senda de la educación en Honduras?

El impacto que puede tener nuestra actuación en beneficio de aquellas personas con menos oportunidades es enorme.

¿Qué estamos haciendo por los demás?

Esa es la pregunta que debe acompañarnos.

Y es allí cuando el voluntariado adquiere protagonismo.

Después de la graduación viene la pregunta: y con todo lo que sabes, ¿qué harás por los demás?

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