San Pedro Sula, Honduras.
La rutina es algo que se repite, aquello que se hace con frecuencia: una rutina de ejercicios físicos en el gimnasio, una rutina alimenticia, una rutina de trabajo, en fin. Pero como sea, las rutinas son cansinas, tediosas, abrumadores. Lo mismo acontece con el uso de un idioma, el que nos ahogará en el aburrimiento si no innovamos expresiones, frases, enunciados, o no lo ampliamos con el enorme inventario de piezas léxicas que lo forman. Aunque es casi imposible que el hablante se abstraiga de esos vicios que atacan su hablar o escribir una vez que ya los tenga incrustado.
“Las autoridades forenses llegaron al negocio dos horas después y realizaron el levantamiento del cadáver y lo trasladaron hasta San Pedro Sula para practicarle la autopsia en las oficinas de Medicina Forense” es un ejemplo que a diario se lee en los periódicos y pareciera que solo se recurre al “copypage” porque ya es un enunciado estereotipado. Lo que abruma en este ejemplo es eso de “realizaron el levantamiento del cadáver” en el que hace mella el abuso de “realizar” (ahora ya nadie hace, efectúa, ejecuta, elabora, prepara, construye, oficia, fabrica; ahora todo se “realiza”). Además, eso de “levantamiento del cadáver” se convierte como en un acto ceremonial y no una simple acción de trabajo legal cotidiano. Está de sobra que “lo trasladaron a Medicina Forense a practicarle la autopsia”, pues ni modo que lo llevaron para exhibirlo o para oficiarle una misa. Todo esto lo que procura es hacer más agobiante el mensaje. Lo práctico, positivo y conciso: “Las autoridades forenses llegaron al negocio dos horas después, levantaron el cadáver y lo trasladaron a la morgue judicial de San Pedro Sula”.
“La secretaria de Relaciones Exteriores externó a ambos organismos la preocupación del Gobierno de Honduras por la situación que enfrentan decenas de compatriotas indocumentados en los Estados Unidos”, “El Presidente fue recibido por una multitud de decenas de simpatizantes”. Parece que la Cancillería de Honduras no tiene tantos problemas con niños migrantes en situación ilegal, si solo se habla de decenas, no llegan ni siquiera a cien los infantes con problemas allá en el norte de América. Y llama la atención que don JOH haya sido recibido por tan pocas personas, no pasaron de cien. Amigo lector, la pereza idiomática del reportero es patológica al no ponerse a pensar que con eso de “decenas” puede a echar a perder la denotación de un mensaje; si se habla de una multitud de la que apenas hubo noventa personas recibiendo al Presidente en una comunidad de provincia, significa que el titular del Ejecutivo carece de liderazgo en esa población. Se sabe que se puede hablar de decenas cuando en realidad las hubo: “Una decena de funcionarios acompañó al Presidente al encuentro con los representantes de FMI” indica que exactamente fueron diez burócratas los que estuvieron en esa reunión con el mandatario.
La rutina es algo que se repite, aquello que se hace con frecuencia: una rutina de ejercicios físicos en el gimnasio, una rutina alimenticia, una rutina de trabajo, en fin. Pero como sea, las rutinas son cansinas, tediosas, abrumadores. Lo mismo acontece con el uso de un idioma, el que nos ahogará en el aburrimiento si no innovamos expresiones, frases, enunciados, o no lo ampliamos con el enorme inventario de piezas léxicas que lo forman. Aunque es casi imposible que el hablante se abstraiga de esos vicios que atacan su hablar o escribir una vez que ya los tenga incrustado.
“Las autoridades forenses llegaron al negocio dos horas después y realizaron el levantamiento del cadáver y lo trasladaron hasta San Pedro Sula para practicarle la autopsia en las oficinas de Medicina Forense” es un ejemplo que a diario se lee en los periódicos y pareciera que solo se recurre al “copypage” porque ya es un enunciado estereotipado. Lo que abruma en este ejemplo es eso de “realizaron el levantamiento del cadáver” en el que hace mella el abuso de “realizar” (ahora ya nadie hace, efectúa, ejecuta, elabora, prepara, construye, oficia, fabrica; ahora todo se “realiza”). Además, eso de “levantamiento del cadáver” se convierte como en un acto ceremonial y no una simple acción de trabajo legal cotidiano. Está de sobra que “lo trasladaron a Medicina Forense a practicarle la autopsia”, pues ni modo que lo llevaron para exhibirlo o para oficiarle una misa. Todo esto lo que procura es hacer más agobiante el mensaje. Lo práctico, positivo y conciso: “Las autoridades forenses llegaron al negocio dos horas después, levantaron el cadáver y lo trasladaron a la morgue judicial de San Pedro Sula”.
“La secretaria de Relaciones Exteriores externó a ambos organismos la preocupación del Gobierno de Honduras por la situación que enfrentan decenas de compatriotas indocumentados en los Estados Unidos”, “El Presidente fue recibido por una multitud de decenas de simpatizantes”. Parece que la Cancillería de Honduras no tiene tantos problemas con niños migrantes en situación ilegal, si solo se habla de decenas, no llegan ni siquiera a cien los infantes con problemas allá en el norte de América. Y llama la atención que don JOH haya sido recibido por tan pocas personas, no pasaron de cien. Amigo lector, la pereza idiomática del reportero es patológica al no ponerse a pensar que con eso de “decenas” puede a echar a perder la denotación de un mensaje; si se habla de una multitud de la que apenas hubo noventa personas recibiendo al Presidente en una comunidad de provincia, significa que el titular del Ejecutivo carece de liderazgo en esa población. Se sabe que se puede hablar de decenas cuando en realidad las hubo: “Una decena de funcionarios acompañó al Presidente al encuentro con los representantes de FMI” indica que exactamente fueron diez burócratas los que estuvieron en esa reunión con el mandatario.
