Bunia, capital de la provincia de Ituri, el epicentro de la nueva epidemia de ébola declarada el pasado día 15 en el este de la República Democrática del Congo (RDC), afronta esta grave crisis en una situación de negacionismo, tensión social, conflicto de grupos armados y escasez de recursos sanitarios.
La enfermedad se propaga con velocidad y, según los últimos datos del Gobierno congoleño, ya ha causado 204 muertes "probables" y 867 casos "sospechosos".
Bunia tiene casi 693,000 habitantes, entre los que hay quienes "no creen del todo" en este brote, el decimoséptimo que azota a la RDC, según declaró por teléfono el coordinador adjunto de la sociedad civil de la ciudad, Jean Mari Ezadri.
"En la comunidad, especialmente entre los sectores menos educados de la sociedad, muchos no lo creen del todo. Profundamente apegada a las tradiciones y la religión, una parte de la población cree que todo es una invención", lamentó Ezadri.
Esa desconfianza motivó un incidente este jueves, cuando manifestantes enojados incendiaron varias carpas del Hospital General de Referencia de Rwampara, localidad a las afueras de Bunia, después de que se impidiera a familiares y amigos de un joven supuestamente muerto a causa del virus llevarse su cuerpo para enterrarlo.
"La calma ha regresado", aseguró el líder de la sociedad civil local.
El ministro congoleño de Comunicación, Patrick Muyaya, confirmó que los seis pacientes que huyeron del centro "han sido localizados y actualmente están recibiendo tratamiento".
Muyaya enfatizó que "se han reforzado las medidas de seguridad para garantizar la continuidad de la atención y la seguridad del personal médico".
En la unidad de vigilancia epidemiológica de la zona sanitaria de Rwampara trabaja el enfermero Jules Bagira, para quien el rápido avance del virus "demuestra que la población no está informada sobre cómo protegerse con las medidas de higiene y salud obligatorias".
"Desde que se declaró el brote desde Kinsasa, hemos estado recibiendo muchos casos. Atendemos entre diez y dieciséis personas al día. Esto es demasiado", subrayó Bagira.
"Con este número de casos -prosiguió el sanitario-, nos preocupa nuestra capacidad, que es muy limitada. Solicitaremos que se establezcan centros de recepción adicionales".
Con todo, Bagira aseguró que "la atención se está brindando de manera efectiva" con los "suministros necesarios" que permiten "tratar los síntomas, como fiebre, debilidad y diarrea".
Ajena a esta pesadilla parece vivir parte de la población, que hace su vida cotidiana sin aparente preocupación por el brote, pese a que los hospitales están saturados de pacientes.
Por eso, líderes comunitarios, las autoridades provinciales, la Policía y el Ejército acordaron reforzar las acciones de concienciación y prevenir el riesgo de propagación del virus del Ébola Bundibugyo, cepa cuya tasa de letalidad oscila entre el 30% y el 50% y para la que no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
"A esta comunicación masiva nos dedicamos en todos los lugares de mayor afluencia: taxis, autobuses, escuelas, iglesias, universidades (...). Quienes comprenden, sin temor ni desconfianza, aplican con mayor facilidad las medidas", explicó Ezadri.
Falta de equipos de protección
Pero la moral de los enfermeros decae por la falta de equipos de protección.
Ezadri relató que, durante una "larga conversación" con la Orden Nacional de Enfermeros de la RDC, estos profesionales "se quejaron de la falta de protección al atender a los pacientes".
"Afirman estar expuestos porque los impermeables, guantes y botas prometidos aún tardan en llegar, a pesar de que tienen que seguir trabajando. También lamentan la lentitud en la distribución y asignación de este equipo", agregó.
Al peligro del brote se suma la presencia de diferentes grupos armados como las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), que tienen vínculos difusos con la organización yihadista Estado Islámico, la Cooperativa para el Desarrollo del Congo (Codeco).
Ituri, provincia fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, es rica en oro y sus minas son codiciadas por estos grupos, que atacan a la población civil y cuyos enfrentamientos con el Ejército congoleño han provocado más de 273,000 desplazados internos en Ituri, según la ONU.
Así, Ezadri pidió que se trasladen los casos confirmados de ébola en Mungwalu, ciudad minera de Ituri, a instalaciones más seguras en Bunia; y que se intensifiquen las campañas de sensiblización en las minas, donde las medidas de higiene rara vez se respetan.
"Los grupos armados -advirtió- pueden aparecer en cualquier momento. Son impredecibles y atacan de forma aislada".