Una semana después de su arribo a Uruguay, los seis refugiados de Guantánamo cocinaron un cordero para sus anfitriones y recorrieron una playa, donde escribieron en la arena 'Viva la libertad'.
Los ex reclusos pasean a diario y están ansiosos por conocer más de Uruguay y especialmente por volver a reunirse con sus familias.
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Los refugiados llegaron a Montevideo en la madrugada del domingo 7 de diciembre en medio de un fuerte operativo de seguridad y fueron llevados a un hospital para realizarles un chequeo médico. Allí permanecieron tres días en relativo aislamiento, pero desde que recibieron el alta han sido fotografiados en varias oportunidades.
El domingo, los liberados exhibieron orgullosos sus flamantes cédulas de identidad uruguayas y cocinaron un cordero para sus anfitriones. Por la tarde, bajaron a la playa a caminar.
Los refugiados en Uruguay obtuvieron su cédula de identidad en ese país y esperan incorporarse a la fuerza laboral en unos dos meses.
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Jihad Diyab, el detenido que se había declarado en huelga de hambre y acudió a la justicia estadounidense para hacer valer su derecho a no ser alimentado a la fuerza, es el único que evita las cámaras.
Un portavoz de la central sindical de Montevideo sostiene que decidió acompañar la adaptación de los exreclusos 'basado en principios de solidaridad' y porque 'muchos militantes sociales de este país, particularmente militantes sindicales, fueron sacados de las cárceles de Uruguay en la dictadura (1973-1985) y puestos en países donde recibieron gestos de solidaridad'.
Por ahora la central sindical se hace cargo de los gastos de los refugiados y calcula que en unos dos meses, cuando se manejen mejor con el español y conozcan mejor el lugar puedan empezar a trabajar.
Uno tiene formación en gastronomía y quiere poner su propio restaurante en Uruguay, otro es carnicero, un tercero chofer y otro trabajaba en la construcción, indicó Gambera.
Según el dirigente sindical, 'repiten todo el tiempo el agradecimiento al gobierno y el pueblo uruguayo por esta oportunidad' y ansían conocer al presidente José Mujica, un exguerrillero que defendió a capa y espada su decisión de traer a los exreclusos, pese a que las encuestas señalaban que en torno al 60% de los uruguayos rechazaba la iniciativa.