Un grupo de ex aliados del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, integrado por antiguos ministros, militares y congresistas, le pidió la renuncia tras sostener que todo lo que argumentó para llegar al poder en 1999 'hoy día lo ilegitima'.
Chávez 'no tiene autoridad moral y material para gobernar, por cuanto no responde a la satisfacción de las exigencias del pueblo', dice el texto de los ex aliados publicado hoy en varios diarios.
Los ex chavistas, entre los que destaca el ex canciller Luis Alfonso Dávila, el ex jefe militar y ministro de Defensa Raúl Baduel y los ex altos mandos militares Yoel Acosta y Jesús Urdaneta, que secundaron la intentona golpista de Chávez del 4 de febrero de 1992, firman el texto del llamado Polo Constitucional, al que pertenecen.
Entre los argumentos que Chávez utilizó para llegar al poder destaca el proyecto del prócer independentista Simón Bolívar y lucha contra la inseguridad personal y jurídica, la pobreza, la corrupción y otros asuntos, destacó el Polo Constitucional.
Tras una década de gobierno, 'se profundiza la pobreza', los servicios públicos 'son un caos', la economía 'vive una de sus crisis más profundas a pesar de la abundancia petrolera' y la corrupción, 'que constituye el estigma moral de un gobierno y fue bandera de su propuesta política, tiene hoy en su haber el enriquecimiento ilícito más obsceno que haya presenciado el país'.
'Funcionarios, familiares y personajes conocidos como los 'boliburgueses' han saqueado gobernaciones, ministerios, alcaldías, empresas del Estado', asegura el texto opositor.
Sobre iniciativas legales contra periodistas y medios de prensa, el Polo Constitucional manifiesta que 'corroboran la violación descarada y permanente de los derechos humanos (...), lo que, aunado a la arbitrariedad, a la manera sistemática y la irresponsabilidad, refuerzan, además, su ilegitimidad de desempeño' presidencial.
Chávez dijo este domingo en su programa dominical de radio y televisión 'Aló Presidente' y en su artículo semanal 'Las líneas de Chávez' que ha observado en las manifestaciones en su contra de los últimos días 'el mismo formato de violencia' de abril de 2002, cuando fue derrocado durante dos días.
'Ante esta situación, necesario es que nuestro pueblo se despliegue en batalla' y 'la presencia viva y activa de los estudiantes revolucionarios en las calles debe convertirse en un muro de contención que disuada y neutralice a quienes pretenden incendiar nuestras ciudades', exhortó el gobernante.
Esas manifestaciones callejeras antigubernamentales evidencian que la oposición no cuenta con un respaldo popular masivo, sostuvo.
'No les da pa'bollo', añadió el presidente, quien aseguró que, tras los manifestantes, principalmente estudiantes universitarios, actúan grupos armados.
Dos personas murieron la semana pasada en la ciudad de Mérida a causa de disparos hechos por desconocidos durante las manifestaciones a favor y en contra de la suspensión de seis canales de televisión que se emiten por cable o satélite.
El proyecto socialista de Hugo Chávez se tambalea
Un nuevo lema que está apareciendo en camisetas y pancartas de los manifestantes antigubernamentales en Venezuela sintetiza un estado de ánimo que se acrecienta cada vez más acerca de la gestión del presidente Hugo Chávez después de once años en el poder: “Chávez, ‘tas ponchao”.
En la jerga del béisbol, un bateador con cuenta de tres strikes es retirado o ponchado. La expresión entre los venezolanos, que guardan una profunda pasión por este deporte, denota a una persona en un contexto negativo.
La lista de “strikes” contra Chávez sigue creciendo: la tasa de inflación más alta de América Latina, apagones crecientes, el auge de la delincuencia violenta y un escándalo financiero en el cual hay involucrados banqueros cercanos al Gobierno. La Revolución Bolivariana -como Chávez llama a su proyecto político socialista, que según él está inspirado en el prócer de la independencia sudamericana Simón Bolívar- se encuentra debilitado y avanza con dificultad.
Aunque Chávez mantiene vínculos estrechos con un bloque de Gobiernos de izquierda desde Bolivia a Nicaragua, muchos latinoamericanos no creen que ese modelo populista financiado con petróleo sea viable.
Impopular
Entre los venezolanos, la popularidad de Chávez cayó debajo del 50% en las encuestas de fines del año pasado. El lema de protesta “tas ponchao” apareció recientemente en estandartes durante juegos del béisbol venezolano, que el propio Chávez sigue de cerca, y se extendió a señales y camisetas durante protestas callejeras.
La semana pasada, miles de manifestantes fustigaron al Gobierno por retirar la señal del servicio de cable de Radio Caracas Televisión Internacional, RctvV, un canal crítico de Chávez. Enfrentamientos posteriores, en los que participaron policías antidisturbios, partidarios gubernamentales y estudiantes opositores de Chávez, dejaron dos jóvenes muertos.
También la semana pasada, el vicepresidente ejecutivo y ministro de Defensa, Ramón Carrizales, renunció, citando razones personales.
Los controles económicos estatales, en tanto, han fracasado en contener la inflación de 25%, que mina rápidamente los ingresos de los pobres, quienes han sido el núcleo de su respaldo político. Chávez devaluó la moneda en enero, un ajuste que le permitió al Gobierno impulsar el gasto público, pero que impulsará aún más el alza de precios.
Para contrarrestar esta situación, Chávez ha desplegado inspectores y soldados para comprobar y amenazar con expropiar a cualquier empresa que incurra en la manipulación de precios. Algunas han sido cerradas temporalmente. Recientemente, el Gobierno se apoderó de la cadena de hipermercados Éxito y decenas de supermercados que tienen como accionista mayoritario al grupo Casino, de Francia.
Los adversarios de Chávez dicen que tales medidas sólo desalentaran aún más la inversión privada, que cayó 7.6% el año pasado en medio de la nacionalización de bancos, empresas procesadoras de café y empresas de servicios del sector petrolero. Los críticos también denunciaron un escándalo bancario desencadenado en noviembre, por el que fueron detenidos varios banqueros, con vínculos cercanos con el Gobierno, acusados de delitos financieros.
Sus críticos afirman que Chávez reconoce que está en un aprieto, al explicar su actitud cada vez más provocadora hacia la oposición, a la que aparentemente ve como una amenaza creciente. Sostienen que el gobernante teme la posibilidad de perder el control de la Asamblea Nacional en las elecciones previstas para septiembre.
En otras partes de América Latina, Chávez es también muy impopular. Una encuesta realizada en toda la región el año pasado por la firma Latinobarómetro, con sede en Chile, encontró que sólo 27% de los encuestados tenía una opinión favorable de Chávez.
El recién electo presidente de Chile, Sebastián Piñera, le puso sal a la herida, afirmando durante su campaña que la Venezuela de Chávez “no es una democracia como tal”.
Antagonismo
Chávez también parece tener menos peso en el extranjero estos días. Su amarga queja de que el despliegue de las tropas estadounidense en Haití, en lugar de un esfuerzo de socorro tras el terremoto, parece una ocupación militar, encontró eco contundente sólo por los presidentes de Bolivia, Nicaragua y Cuba.
A pesar de su antagonismo hacia Washington, al que acusa de apoyar el fallido golpe de 2002, Chávez está ligado indisolublemente a Estados Unidos porque es el principal comprador del crudo venezolano.
Sin embargo, a quienes predicen el principio del fin para el chavismo, el propio Presidente les aconseja: “Hay que regalarles unas buenas sillas a ellos pa’ que esperen sentados”.
No ha surgido en Venezuela un retador que sea capaz de romper su dominio en el poder.