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Washington, Estados Unidos.

En alerta por la retórica antimigratoria en la campaña presidencial 2016, el creciente electorado latino se ve en la encrucijada de perder relevancia o revertir su baja participación en las urnas y redefinir el poder de la primera minoría de Estados Unidos.

Siguiendo una tendencia al alza, unos 27.3 millones de hispanos podrán votar el 8 de noviembre para elegir al sustituto de Barack Obama en la Casa Blanca, según el Instituto Pew. Con un récord de 11.9% del total de votantes, los latinos casi se equiparan en tamaño con el electorado negro.

Aunque ese potencial pareciera prometer un mayor impacto del voto latino en la elección presidencial en 2016, esta población padece un continuo alejamiento del proceso político.

Entre 2000 y 2012 se incorporaron 10 millones de nuevos electores hispanos, pero el número de quienes fueron a las urnas creció solo la mitad. Incluso con la reforma migratoria en juego en 2008 y 2012, una minoría fue a votar, comparado con dos tercios entre blancos no hispanos y negros. Con este escenario entra en escena el virulento discurso republicano en la campaña, liderado por el magnate Donald Trump, sobre un tema muy sensible para los latinos: la suerte de 11 millones de indocumentados.

Los republicanos necesitan ahora al menos 47% de los votos latinos para llegar a la Casa Blanca; sin embargo, más del 80% de los hispanos en EUA considera el partido indiferente u hostil hacia ellos, según el útimo sondeo de Latino Decisions.

Así todo está dictado para las primarias que arrancan el 1 de febrero en Iowa.

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