20/05/2024
01:51 AM

Bolivia: la guerra de los crucifijos y la wiphala

Supremacismo blanco, ultracatolicismo, fundamentalismo evangélico. La crisis en bolivia no solo es política, el trasfondo es crítico.

    La Paz.

    El inesperado giro político de Bolivia, con la renuncia de Evo Morales el pasado domingo, ha dejado al descubierto algo más peligroso que el ya conocido choque ideológico entre los opositores y el Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido del exgobernante ahora asilado en México.

    Desde las cuestionadas elecciones del 20 de octubre, en las que la oposición denunció un “fraude” de Morales para perpetuarse en el poder, el libro sagrado de los cristianos, la Biblia, ha estado en el candelero político. Fue Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico de la próspera región de Santa Cruz, bastión de la oposición, quien anunció que llevaría las Sagradas Escrituras a la casa de gobierno para forzar la salida de Morales.

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    Además de presentarse con Biblia en mano el día que se autoproclamó presidenta, Jeanine áñez también hizo jurar a sus nuevos ministros ante estos símbolos asociados mayormente con el catolicismo.

    “No estoy yendo con las armas, voy con mi fe y mi esperanza; con una Biblia en la mano derecha y su carta de renuncia en mi mano izquierda”, señaló Camacho, en un mitin el lunes 4 de noviembre a los pies del monumento del Cristo Redentor en Santa Cruz de la Sierra. Camacho canalizó el apoyo de católicos y evangélicos. El domingo pasado entró al Palacio Quemado para colocar, de rodillas, una Biblia en el salón principal, sobre una bandera boliviana. Así, Camacho, miembro de Los Caballeros del Oriente, una de las dos grandes logias de Santa Cruz, imponía el supremacismo blanco por sobre la Whipala, la bandera que representa a las comunidades andinas.

    El discurso racista y ataques a la Whipala demuestran que más allá de lo ideológico, Bolivia se fractura por las diferencias de raza, clase y religión.

    En La Paz, seguidores del Comité Cívico de Santa Cruz bajaron la Whipala de varios lugares de donde era izada junto a la bandera nacional. Unos la patearon y otros la quemaron, en medio de gritos de que esa bandera no los representaba. Tras la salida de Morales, en las redes sociales circularon videos de agentes policiales cortando la Whipala de sus uniformes.

    Y en las imágenes de las agencias de noticias, una multitud de agentes amotinados desplegaban banderas nacionales, crucifijos, rosarios y la bandera de Santa Cruz. Las autoridades eclesiásticas mantienen silencio absoluto ante el uso dado por parte de grupos ultraconservadores a estos símbolos católicos. En tanto, las acciones contra los símbolos indígenas han despertado la cólera de esta población que vive mayormente en Cochabamba, Potosí, Oruro y La Paz. Y en esta guerra de crucifijos y whipales, los indígenas han comenzado a poner los muertos.

    Cristianismo versus “satanismo”

    “Estamos viendo un fenómeno nuevo, las iglesias evangélicas que están apoyando procesos en Brasil y, ahora en Bolivia, con un hombre desaforado como Camacho, que dice algo que es teóricamente esencial. Dice, ‘vamos a sacar de los lugares públicos a la Pachamama y vamos a imponer la Biblia’. Pero no es la Biblia del catolicismo de la derecha tradicional, es la de los grupos evangélicos que toma la cultura de los pueblos originarios como un horrible paganismo al cual el cristianismo debe reemplazar a rajatablas”, opinó el filósofo Enrique Dussel en una entrevista a Aristegui Noticias.

    “La whipala se respeta, carajo”: Miles de indígenas comenzaron a movilizarse hacia La Paz, indignados por el trato que sectores de la oposición, militares y policías le dieron a este importante símbolo indígena.

    Jeanine Añez, la senadora de derecha que se autoproclamó presidenta interina de Bolivia y considerada por algunos sectores como ultracatólica, exhibió orgullosa no una, sino dos biblias al estrenarse en el cargo, prueba de la pujanza de los cristianos de ultraderecha en el escenario político boliviano. “Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar a Palacio. Que Él nos bendiga”, dijo mientras ingresaba a la sede presidencial en La Paz, blandiendo un antiguo ejemplar de los cuatro evangelios entre gritos de “¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios!”. Con la banda presidencial ya cruzada en el pecho, áñez exhibió una Biblia más pequeña de tapas rosadas al saludar desde el balcón del Palacio de Quemado.

    Hasta la llegada de Morales al poder en 2006, era usual en Bolivia que los funcionarios juraran sus cargos “por Dios y la Patria” ante una Biblia, y se persignaran. Pero Morales, un líder indígena izquierdista y un ateo confeso, dejó de lado esos rituales con halo cristiano.

    En este Estado laico desde la Constitución de 2009, los nuevos funcionarios comenzaron a expresar su compromiso con el puño izquierdo en alto y la mano derecha en el pecho, aunque no era obligatorio. Ya no hubo menciones a Dios. Y aunque Morales se declaró alguna vez “católico de base”, nunca ocultó su animadversión al cristianismo, al que acusó de promover la matanza de nativos en la colonia, ante el malestar de los creyentes.

    Luis Fernando Camacho: Presidente del Comité Cívico de la próspera región de Santa Cruz, bastión de la oposición. Es miembro de la logia Los Caballeros del Oriente. Siempre lleva un rosario en la mano.

    Tras asumir el poder, en las redes sociales aparecieron tuits y videos en los que la senadora no escondía su repugnancia hacia los indígenas, sus rituales y su Whipala. En un video de sus años como senadora, áñez expresaba: “En mi región [Beni] no queremos ser el Collasuyo (imperio inca), no queremos una bandera como la Whipala... queremos la bandera rojo, amarillo y verde con la que nacimos como país y así queremos morir”.

    También salieron a luz polémicos tuits contra los indígenas, los cuales Áñez borró de su cuenta meses o incluso años atrás. Sin embargo, la agencia AFP comprobó la veracidad de algunos. “Que año nuevo aymara ni lucero del alba! Satánicos, a Dios nadie lo reemplaza!”, dice un tuit del 20 de junio de 2013, refiriéndose a la festividad indígena que se celebra cada 21 de junio en comunidades de Bolivia, Chile, Argentina y Perú en el marco del inicio de un nuevo ciclo agrícola. Este tuit posteriormente fue eliminado, pero permanece archivado en Wayback Machine.

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    También circularon capturas de un tuit del 5 de octubre de 2019 en el que Áñez calificaba a Evo Morales de “pobre indio” “aferrado al poder”, junto a una ilustración del mandatario abrazado a una silla y el mensaje “últimos días” sobreimpreso con letras amarillas.

    En medio de los cuestionamientos sobre sus mensajes en Twitter, Áñez rechazó el viernes que haya hecho publicaciones “malintencionadas” y acusó al exgobierno de Evo de emplear “guerreros digitales” para falsificar cuentas. “Yo he visto un par de tuits que jamás los he escrito y que ya hicimos la aclaración con ‘falsedad’”, señaló Áñez.

    El miércoles, cuando designó a sus primeros 11 ministros, en la mesa donde ella estaba sentada durante la ceremonia en el Palacio Quemado había un crucifijo, dos velas encendidas y una Biblia.

    Fanatismo religioso

    Francesco Manetto, en un reporte periodístico para diario El País de España, describe el momento cuando habitantes de Santa Cruz de la Sierra se reúnen en la Plaza de Cristo Redentor para celebrar la caída de Morales y el fin de los bloqueos que duraron 21 días. En el video no aparece la Whipala, sí la bandera nacional, con la que se siente identificada la gente blanca.

    “Junto a la estatua del Cristo, desfilan por el escenario músicos, predicadores y portavoces de los llamados comités cívicos. Se trata de las organizaciones que agrupan a gremios y asociaciones de vecinos, especialmente de los departamentos de Santa Cruz y Potosí, que presumen de haber echado a Morales. La bandera que envuelve el atril transmite una idea del clima de la celebración: “Jesús gobierna Bolivia”. De repente, desde la tarima una voz improvisa un exorcismo.

    “Ahora atamos a Satanás... Y a todos los demonios de la brujería los atamos y los enviamos al abismo en esta hora. Establecemos un nuevo tiempo en los cielos de Bolivia. Satanás, ¡fuera de Bolivia! ¡Ahora!”.

    Histriónico, elocuente y fundamentalista, Camacho fue clave para propiciar la partida de Morales, al impulsar movilizaciones callejeras a las que siguieron un motín policial y la decisión de las Fuerzas Armadas de abandonar a su suerte a su comandante en jefe.

    En un intento por calmar las aguas turbias, el líder ultracatólico, que recibió también el apoyo de pastores evangélicos fundamentalistas, grabó un video pidiendo respeto a la Whipala, pero ya los indígenas gritaban “emputados”: “La wiphala se respeta, carajo”.