10/05/2026
09:23 PM

A 795 aumentan los muertos en Chile

Las víctimas fatales por el terremoto que azotó el pasado sábado a la zona centro y sur de Chile aumentaron a 795, informó hoy la presidenta Michelle Bachelet.

Las víctimas fatales por el terremoto que azotó el pasado sábado a la zona centro y sur de Chile aumentaron a 795, informó hoy la presidenta Michelle Bachelet.

La mandataria entregó la nueva cifra durante una visita a la ciudad de Curicó, a 201 kilómetros al sur de Santiago, en la región del Maule, poco después de que la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), cifrara en 763 la cantidad de muertos.

'Tenemos una actualización (de la Onemi), con un dato que me dio el intendente (gobernador del Maule, Fernando Coloma). Nosotros en este momento nos estamos acercando a los 800 fallecidos, en Maule me acaban de informar que subió en 32 más la cifra, estamos en 586', informó la mandataria.

'Sin duda que esta es la región que ha tenido la devastación mayor como consecuencia de este terremoto' y reconoció 'sabemos que las cifras van a aumentar, así que estamos trabajando'.

Tras el Maule, la mayor cantidad de muertos está en Biobío, con 92; 48 muertos en la región de O'Higgins; 18 en la de Valparaíso y 13 víctimas fatales en la región de La Araucanía, mientras en Santiago los casos mortales suman 38.

Este martes, por primera vez, se entregó una cifra de heridos, que suman 500, de los que un centenar están graves, según el ministro de Salud, Álvaro Erazo, mientras que los damnificados se mantienen en dos millones.

Miles esperan ayuda en medio de saqueadores

Cientos de miles de chilenos víctimas del devastador sismo que dejó 723 muertos, esperaban ayer la llegada de auxilio mientras se multiplicaban los saqueos, lo que obligó al Gobierno a reforzar su operativo militar y pedir ayuda internacional.

A las víctimas del seísmo se añadieron ayer los seis ocupantes de una avioneta que viajaban desde Santiago a Concepción para colaborar con los damnificados, al estrellarse el aparato en Tomé, cerca de la capital de Bío Bío.

En Concepción -epicentro del sismo de magnitud 8.8 grados- la violencia recrudeció ayer al día siguiente de que empezara a regir un toque de queda, el cual anoche fue ampliado a las vecinas Talca, Cauquenes y Constitución, en la región del Maule.

El toque regirá hoy desde las 00H00 hasta las 06H00 locales (03H00 a 09H00 GMT) y se dispuso un amplio operativo militar, informó Bosco Pesse, general de brigada del Maule. Varias personas vaciaron y quemaron un supermercado y luego prendieron fuego a una gran tienda. La situación llevó a la presidenta Michelle Bachelet a ordenar el envío de 5,000 militares más a los casi 2,000 que ya desplegó para reforzar la seguridad.

Hombres y mujeres entraban a los locales para robar mercaderías y huían antes de la llegada de policías. Bandas de hombres atacaron también algunas gasolineras y robaron el dinero a los expendedores de gasolina. “Agua, sólo pido agua”, decía desesperada una mujer de unos 20 años mientras agitaba una botella plástica vacía, como un símbolo de las carencias en la ciudad. “Aquí están saqueando incluso hasta los cuarteles de bomberos”, denunció el comandante de bomberos de Concepción, Jaime Jara.

El pillaje tenía lugar pese al sobrevuelo de helicópteros de la Policía, los intentos de antimotines por detenerlos y la llegada de centenares de militares que entraron a la ciudad bajo el aplauso de los residentes que gritaban “¡finalmente, finalmente!” como una demostración de rechazo a los saqueadores.

Poco después, y por primera vez, surgió en el centro y en otros sectores de la ciudad un amplio y evidente despliegue de vigilancia militar. Sin embargo, una turba de unos 30 individuos saqueó también la municipalidad de la vecina comuna de Hualpén, destruyendo y robando computadores y otros artículos por lo que el alcalde Marcelo Álvarez, casi en llanto, pidió al Gobierno “que ponga mano dura de una vez por todas porque esto está descontrolado. Se han tomado la ciudad”. Un violento incendio estalló en el edificio de la tienda La Polar, una de las más grandes del país, causando una nube gigantesca de humo oscuro. Testigos dijeron a medios locales que el incendio fue provocado por los saqueadores.

La madrugada de ayer, cuando la ciudad debía cumplir el toque una persona murió por herida de bala cuando varias personas trataron de acceder a robar a un domicilio de las afueras de Concepción. Atemorizados, los ciudadanos de ese barrio y de sus alrededores se han echado a las calles con palos, hierros, bates de béisbol, cuchillos e incluso escopetas para proteger sus casas. Todos ellos portan pañuelos o bolsas blancas atadas en el brazo, “para distinguir quiénes son los buenos y quiénes los malos”, explica un joven. A su lado, un niño de unos doce años a duras penas puede sostener una escopeta, todo por salvaguardar sus vidas.

Ayuda

El Gobierno chileno, obligado a actuar en varios frentes (incluso algunos a los que todavía no ha llegado) se decidió a pedir ayuda internacional. “El Gobierno ha pedido la asistencia internacional”, indicó en Ginebra a la AFP Elisabeth Byrs, portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, quien agregó que las autoridades chilenas han “entregado una lista con las prioridades”. Tras ese anuncio varios países anticiparon ayuda. La secretaria de Estado norteamericano, Hillary Clinton, viaja hoy a Chile y aprovechará para llevar equipos de comunicación que el Gobierno de Santiago solicitó.

Ayer mismo llegó el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula Da Silva, quien se reunió media hora con Bachelet en el destruido aeropuerto Santiago. “Brasil está dispuesto a poner su dispositivo de solidaridad. Estamos acá para ver qué se necesita”, dijo Lula.

El gobierno de Bachelet también pidió a Estados Unidos generadores eléctricos, equipos de rescate y médicos y sistemas autónomos para hacer diálisis, indicó por su parte el embajador de Santiago en Washington, José Goñi, en un comunicado.

“Equipos de rescate de Washington y de Los Ángeles que ya intervinieron en Haití tras el sismo que sufrió el 12 de enero el país antillano se encuentran listos para intervenir, declaró el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley. “Fue un gran terremoto, un gran desastre (...); pero también se ha visto una respuesta robusta frente a esta adversidad, y estamos listos para ayudar a nuestros amigos en Chile con cualquier cosa que sea necesaria”, añadió.

Bolivia enviará 60 toneladas de ayuda humanitaria para los damnificados, entre ésta un volumen no precisado de agua potable.

Argentina anunció el envío urgente de tres hospitales de campaña y medio centenar de médicos, además de la instalación de cuatro plantas generadoras de energía y otras tantas potabilizadoras de agua en las áreas afectadas por el terremoto. Colombia envió ayer un avión con unos 150 chilenos que no habían podido regresar a su país en vuelos comerciales tras el terremoto. En la aeronave viaja también un equipo del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres de Colombia.

La aldea de Dichato dejó de existir bajo una ola gigante

Talcahuano. El orden de las cosas cambió en el puerto de Talcahuano tras el potente terremoto y posterior tsunami que devastó a Chile el sábado. Los autos quedaron casi sumergidos en la costa y los botes de pesca estacionados frente a las casas, ante la desesperación de sus habitantes.

“Nadie ha venido, ni un bombero, ni un policía. No saben lo que nos ha pasado”, dice Juan Placencia a la AFP, un habitante del poblado de Santa Clara de Talcahuano, cuya casa está invadida por el barro que dejó como estela el tsunami que asoló a este poblado tras el terremoto de 8.8 grados. A 500 kilómetros al sur de Santiago, este puerto de Concepción conforma una de las zonas más devastadas por el sismo. Juan y otros habitantes limpian sus casas con esmero, y repasan los minutos siguientes al terremoto que les salvó la vida.

“Después del terremoto, nosotros ya sabíamos lo que se venía. Así que fuimos al segundo piso para ponernos a salvo. Dos horas después, el mar se salió”, cuenta Carmen Molina, mientras ayudada por una escoba intenta despejar el fango que entró a su casa.

Además del fango, las calles de Santa Clara lucen adornadas con redes de pesca de enormes boyas amarillas. Varios autos se voltearon y algunos camiones quedaron enredados entre musgo y algas. Todos intentan salvar lo poco que les queda. Un hombre mayor de cabello rubio solloza, mientras levanta su frasco de champú. Toda la fachada de su vivienda cayó tras el sismo. Como si se tratará de una radiografía, desde el frente pueden verse consecutivamente las divisiones de su casa: la sala, el dormitorio y el baño, que parece un pequeño pantano. “Esto parece un escenario de guerra”, dice un taxista mientras cruza una calle principal, la única medianamente transitable.

A los lados, fardos de tela están desparramados por la calle. La gente se agolpó temprano en almacenes y frigoríficos para llevarse la carne a manos llenas antes de que se dispusiera el ingreso del Ejército. También algunos buques de la Marina de Chile fueron llevados por la corriente hasta muy cerca de la costa y sufrieron daños.

En Dichato todavía ayer, dos días después del terremoto, los habitantes no pueden creer que su pequeño pueblo costero, situado a 38 kilómetros de Concepción, dejó de existir arrastrado por una ola.

El escenario supera lo dantesco: las casas están desplazadas a más de 700 metros de su ubicación original.

El suelo parece un mosaico en el que con dificultad se diferencian las baldosas de la arena arrastrada desde el mar, las habitaciones succionadas y vueltas al revés, y más de media docena de barcos y lanchas encajadas entre las viviendas derruidas.

Dichato es hoy una planicie repleta de escombros y miradas estupefactas, con 26 muertos confirmados en la localidad, un número indeterminado de desaparecidos y más de un 80% del pueblo bajo las ruinas.

“Solamente parece estar a salvo la población Chacra Alicia, uno de los barrios más pobres, que se encuentra más enfilado en las montañas”, comentó a Efe César Lagos, bombero de la séptima compañía de Dichato, quien no ha dejado de trabajar desde la madrugada del sábado para atender una población que quedó olvidada en el mapa de la catástrofe.