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Muere Óscar Acosta, el renovador del cuento y la poesía en Honduras

El escritor que pertenece a la llamada Generación del 50, caracterizada por el deseo de renovación del lenguaje.

El escritor hondureño, Óscar Acosta.
El escritor hondureño, Óscar Acosta.

Tegucigalpa, Honduras.

El poeta, periodista y diplomático hondureño, Óscar Acosta, 81, murió hoy en Tegucigalpa, informaron sus familiares a los medios de comunicación.

El escritor que pertenece a la llamada Generación del 50, caracterizada por el deseo de renovación del lenguaje y la cuidada elaboración metafórica. Entre sus méritos destacan la renovación del cuento y la poesía en Honduras.

"Quien parte hoy es un amigo gentil y escritor profesional, un humanista a quien no importó la envidia de los amigos ni la admiración de enemigos para hacer y concluir una obra literaria sólida personal y una cuantiosa labor de proyectos culturales dedicados a mejorar el espíritu colectivo y la nacionalidad", dijo el escritor Julio Escoto a propósito de la muerte del poeta Acosta.

Natural de la capital de Honduras, donde nació el 14 de abril de 1933 en el barrio Las Delicias, Acosta fue un diplomático que representó a su país en las legaciones de Honduras en España, Italia, Perú y El Vaticano.
Su huella también queda en el periodismo de Honduras, pues dirigió secciones literarias en los diarios El Día y El Heraldo. Además ostentó la presidencia de la Asociación de Prensa Hondureña (APH). En 1960 dirigió la Editorial Universitaria, y además fundó la Editorial Nuevo Continente y la Editorial Iberoamericana desde donde difundió la literatura hondureña. “Cuando el poeta regresó al país luego de trabajar como embajador de Honduras en Europa, prometió difundir la obra de escritores que habían quedado en olvido. Lo cumplió, no porque le generara ganancias sino por placer de difundirlos”, dice la escritora María Eugenia Ramos al recordarlo como editor.

Escoto añade que "vendrán los tiempos en que se valorará con profundidad no sólo el legado estético de Óscar sino lo que algunos íntimos sabíamos y que era su profunda, intensa y noble personalidad humana, devotamente dedicada a Honduras".

Gran gestor cultural en Honduras

"Es un golpe terrible para las letras hondureñas. La persona que ha dejado de existir no es solo el literato, el poeta, sino el antólogo, el más grande gestor culturar de Honduras. Óscar Acosta cumplió una faena que pocos diplomáticos del país han hecho. En el plano de la creación, tanto en poesía como en narrativa deja un legado insuperable. A título personal, muere mi tutor, un gran ser humano que me distinguió con su amistad", dijo Mario Gallardo, jefe de la Carrera de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (Unah-vs).

María Eugenia Ramos recuerda al poeta Acosta como "un hombre generoso, un hondureño genuino incluso con gestos rurales en su forma de tratar a la gente, pues era hospitalario, compartía lo que tenía; a su biblioteca tenían acceso todos los que quisieran consultar. Además animaba a los jóvenes a que escribieran. Y cosa curiosa en el medio, no era un hombre lleno de veneno, sí irónico, pero sin malicia. Lo mejor del siglo XX se está yendo".

El autor de El árbol de los pañuelos agrega: "A la par de su poesía destacarán las miles de oportunidades que facilitó a jóvenes escritores durante toda su vida, su labor como periodista, antólogo, coordinador de suplementos periodísticos, editor, motivador y aglutinador de gentes y proyectos, amante de la humanidad. Su existencia es uno de los más bellos ejemplos del civismo hondureño, de la dedicación a la cultura y del trabajo profesional literario. Quien parte es un modelo, un ejemplo, una viva virtud ciudadana e intelectual".

"Óscar Acosta, junto con Roberto Sosa, dominaron a lo largo del siglo XX", afirma el también escritor e investigador Mario Gallardo.

El académico

A su perfil se añade la de director de la Academia Hondureña de la Lengua. Al frente de esta institución propuso al escritor guatemalteco nacido en Tegucigalpa Augusto Monterroso para el Premio Príncipe de Asturias, el que le fue concedido en 2000.

Y en el Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, realizado en Puerto Rico (2002), propuso que se celebraran los 400 años de El Quijote con una edición “accesible a todos los bolsillos”; las 22 academias aprobaron su propuesta.

Cosechó numerosos premios y distinciones: Nacional de Literatura Ramón Rosa (1979), Premio Rubén Darío de Poesía de Nicaragua (1960) y Premio José Trinidad Reyes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), la Medalla Presidencial Pablo Neruda (2004), Juegos Florales Centroamericanos y Panamá (1961), Orden del Mérito Civil de España (1968), Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica (1977), entre otros.

De su pluma

Entre otras obras, Acosta escribió Responso al cuerpo presente de José Trinidad Reyes (1955), El Arca (1956), Poesía Menor (1957), Tiempo Detenido (1962), Poesía, selección (1952-1965), Mi país (1971), Poesía, antología personal (1971) y Escrito en piedra (antología, 2002).

En 1964, publicó un ensayo sobre el escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle, al que se suman otras obras como Antología de la nueva poesía hondureña con el poeta Roberto Sosa (1967), Poesía hondureña de hoy, Antología del cuento hondureño (1968) y Exaltación de Honduras (1971), entre otras.

Con El arca (1956) abrió un nuevo camino a la literatura hondureña, rompiendo con la tradición costumbrista de la narrativa de su país.