El incendio en los mercados de Comayagüela fuera de la tragedia es una oportunidad para decenas de comerciantes.
Al menos ese es el pensamiento de muchos locatarios afectados por el siniestro, quienes ya empezaron a trabajar. Las mercaderías son pocas, ya que el incendio y los saqueadores casi acabaron con todo. Sin embargo, la fe de estos capitalinos está puesta en Dios y la esperanza está en las autoridades, a quienes dan su voto de confianza para que den una solución definitiva a la vulnerabilidad de los mercados.
Muchos de los comerciantes ambulantes retomaron ayer sus actividades comerciales y poco a poco la normalidad va retornando a las plazas comerciales, excepto en el Colón, que resultó dañado en su totalidad.
En los alrededores de este complejo de 918 puestos y a unos metros de la cinta amarilla que hasta ayer cerraba la zona del desastre ha resurgido el comercio. Las frutas, verduras, ropa, calzado y productos plásticos se comercializaban con una relativa calma.
“Hoy hemos vendido un poquito, pero ya nos sirve para alimentar a nuestras familias”, comentó doña Cecilia Martínez, mientras gritaba a todo pulmón: “Lleve, lleve su delantal, barato, barato”.
Vamos a salir adelante
“Tenemos que hacer la lucha porque esto es lo que sabemos hacer; además, aunque el alcalde nos ayude, nosotros tenemos que poner de nuestra parte”, dijo Keisy Ramírez, otra de las vendedoras que reactivó ayer sus ventas.
La joven madre reconoció que la historia que están viviendo no es nueva, ya que, según ella, si no es la quebrada El Sapo que se sale de su cauce, es el fuego que arrasa con todo.
En un sentir generalizado, los comerciantes cuestionaron las malas instalaciones eléctricas que tienen muchos puestos, así como el asecho que tienen todos los días con los mareros que cobran el “impuesto de guerra” en la zona.
“Si hemos salido de otras por qué no vamos a salir de esta”, dijo
Ramírez. Para que un locatario empiece a trabajar necesita entre 5,000 y 10,000 lempiras, dependiendo de lo que venda, calculó. En muchos de los casos, en los puestos que están funcionando solo hay una tercera parte de las mercaderías; pero la necesidad de empezar a trabajar es urgente.
“Nuestros hijos comenzaron el colegio, la universidad, hay que pagar casa, y lo que hacemos en el día es lo que gastamos mañana, no nos podemos detener, ¡hay que trabajar ya!”, dijo Roberto García, vendedor del mercado Álvarez.
Espíritu emprendedor
Xiomara Núñez, una de las locatarias afectadas, relató que no es la primera vez que pierde todo su patrimonio y ni siquiera se habían recuperado del siniestro anterior.
“Hace dos años perdí la venta de ropa y telas que tenía, me venía recuperando y hoy otra vez lo vuelvo a perder todo. Ya no tengo fuerzas, pero Dios es mi fortaleza y mi todo”, dijo aún consternada la señora.
Núñez detalló que a pesar de la catástrofe que sucedió en los mercados, los centenares de comerciantes han ido guardando los paños de lágrimas y nuevamente se han comprometido con las instituciones bancarias para tramitar nuevos préstamos.
Lucha diaria
Decenas de comerciantes están a la espera de las ayudas prometidas por el Gobierno y la Alcaldía para reactivar sus comercios.
Muchos opinan que el proceso será lento, ya que hay más de veinte mil vendedores afectados en la zona.
Sin embargo, mientras esa ayuda llega, cientos de vendedores han cambiado su actividad comercial para dedicarse a la venta al detalle de alimentos, agua y enseres pequeños.
Los dueños de puestos llegan desde tempranas horas a lo que fue su centro de trabajo para hacer limpieza en compañía de las cuadrillas de la comuna.