Llegó desde Tegucigalpa hace 30 años por asuntos de salud de su pequeño hijo. Y aunque hace tiempo que tiene ciudadanía americana, jamás se ha desprendido de su condición de hondureña, que lleva en el alma y en el corazón. Es una prominente figura de la Asociación Hondureña Unificada de Louisiana, de la cual fue su presidenta y hoy mantiene ese voluntariado como asesora-coordinadora de la entidad que agrupa a catrachos en Nueva Orleans y ciudades próximas.
Rosemary Hernández, quien tiene cuatro hijos y cinco nietos, siente orgullo por el trabajo que realiza la asociación, a la que le tomó especial cariño, dedicándole muchas jornadas y esfuerzos. Bajo su presidencia (2004-2008), la entidad social-cultural y filantrópica adquirió nuevo estilo y fisonomía en su permanente tarea por ayudar a los compatriotas.
“Estados Unidos nos abrió las puertas. Mi esposo, Óscar Hernández, labora desde que llegamos en el departamento químico de una industria cementera, cuyo producto va a las grandes construcciones (puentes, carreteras, etc.) Yo trabajé por muchos años en la aerolínea Taca, pero de allí salí a raíz del huracán Katrina y decidí darle el cien por ciento de mi tiempo a la asociación comunitaria”, cuenta.
¿Qué ayuda ofrece la asociación?
“Todo tipo de asistencia y servicio a los compatriotas. Viene mucha gente sin documentos; unos cuantos sufren accidentes, otros fallecen y se crean los problemas de trasladar ese cuerpo a Honduras. La comunidad no sabe cómo recurrir al TPS (siglas en inglés de Estado de Protección Temporal, prorrogado por Washington hasta el 5 de julio de 2010) y requiere consejería, ayuda. En todo eso colaboramos con los afanes del Consulado General.
A consecuencia de Katrina (agosto 2005) emigró muchísima gente de acá. Desde Honduras llegó ayuda oficial en la medida que se pudo. Nunca es suficiente, ni con el aporte del propio gobierno norteamericano. Eso fue un desastre gigantesco. Pérdidas de vivienda, de empleo. La mayoría de las familias quedaron desintegradas.
Mucho antes de esa tragedia habíamos conseguido que un hospital de Nueva Orleans atendiera a nuestra gente que no tenía seguro médico, pero ese centro médico desapareció con el huracán. Varios hondureños murieron a causa del Katrina. Cuatro de ellos se habían introducido a una casa para protegerse de la lluvia y el viento. Encendieron un generador, sin saber que esa máquina necesitaba ventilación. El monóxido de carbón los mató. Gracias a donaciones, hicimos lo pertinente para repatriar esos cuatro cadáveres. Con eso y todo lo sucedido quedamos muy golpeados. Hay sectores en la ciudad que aún no se han reconstruido. Da dolor verlo.
Enviamos donaciones de alimentos, ropa de cama y otros a diferentes asilos de ancianos en Tela, Atlántida, Tegucigalpa, a gente que perdió todo durante las lluvias en el departamento de Atlántida. Donamos en metálico para la compra de válvula a niños con hidrocefalia a través de la Fundación Ruth Paz, en San Pedro Sula”.
Un gran número de sus compatriotas se ha ido, otros llegan y siempre viven muchos aquí. Un taxista me contó la anécdota de que Nueva Orleans es la segunda ciudad con más población hondureña. La primera es Tegucigalpa.
“Se fueron muchos, cantidad de gente que nunca volvió, pero también siguen llegando más y más hondureños. Por lo general vienen sin documentación legal, buscando trabajo en lo que sea, compatriotas modestos que esperan impacientes en algunos puntos de la ciudad que alguien los contrate. Seguimos siendo una comunidad muy numerosa, la segunda después de los mexicanos.
La asociación ayuda a todos. Tenemos socios profesionales, ejecutivos, cocineros, taxistas, comerciantes, dueñas de casa, medianos empresarios, supermercados (Latino, Kenner, Celina, etc.), salones de belleza (Carmen y Santos), panaderías (Norma), cafeterías, oficinas contables (Elena Luz Pineda), agencias administradoras (Carlos Sánchez), clínicas médicas (Dr. Clemente Mendoza), varios bufetes de abogados-notarios, (el de Riguer J. Silva es uno de los más conocidos).
La migración de Honduras hacia Louisiana comenzó cuando la compañía americana Chiquita Banana movía mucho el transporte marítimo del banano hondureño hasta Nueva Orleans. Tenía aquí inmensas oficinas, donde trabajaban muchos hondureños. Desde el puerto se repartía el producto por la nación. Esa gente fue dejando raíces. Los marineros de barcos mercantes se quedaban, se casaban, nacían hijos, nietos. Estas familias traían a más familiares, y así la cadena. Por lo demás, Tegucigalpa nos queda muy cerca: poco más de 2 horas de vuelo. Todo eso influye y motiva”.
¿Cómo se financia la asociación? ¿Hay ayuda oficial?
“Jamás hemos recibido ayuda financiera del Gobierno desde Honduras. El Consulado nos apoya en los envíos de víveres o ropa. Nosotros nos agenciamos los fondos mediante fiestas, rifas, elecciones de reina, celebraciones. Tiempo anterior al huracán hacíamos hasta tres grandes fiestas bailables al año, a beneficio de nuestras obras. Pero el huracán marcó entre un antes y un después.
La asociación tiene ya 50 años. Bajo mi presidencia hicimos muchas actividades en pro de la recaudación de fondos que permitan ayudar: elección de la Madre Hondureña, de la Señorita Independencia, recibimos donaciones, rifamos pinturas hondureñas, pagamos recibos de electricidad a personas de escasos recursos, repartimos canastas familiares dentro del programa educativo contra el sida, enviamos aparatos eléctricos, alimentos y regalos de Navidad al orfanato en San Pedro Sula, desarrollamos jornadas de colaboración con una financiera, logrando seguros de estudio para los hijos de nuestra gente, pasajes aéreos de retorno a familias deportadas sin recursos.
Eso es por mencionar algunas actividades. Lo cierto es que el deber aún no se cumple y siempre estaremos pendientes de la ayuda a nuestros compatriotas, aquí o en la Patria”, afirma esta protagonista.
¿Otras organizaciones de hondureños?
“Todos trabajamos por la misma causa. Varios clubes de fútbol: Olimpia, Marathón, Platense. Nuestras presentaciones folclóricas destacan en Nueva Orleans con el arte garífuna que nos representa, con vistosos trajes y tambores. También está el grupo Nola, integrado por una mayoría de hondureños que en ocasiones crece con el aporte de otras nacionalidades para presentarse como folclore centroamericano”.
Rosemary Hernández es también socia fundadora del Honduran-American Emergency Fund, compuesto sólo por mujeres. Integra, además, el grupo altruista Damas de Suyapa, que celebran en grande cada 3 de febrero, recordando a la Patrona de Honduras.
Su voluntad de atender al prójimo fue reconocida por el gobierno del presidente Manuel Zelaya. En oficio enviado el 17 de mayo de 2007, el secretario de Gobernación y Justicia, Jorge Arturo Reina, le expresó que es “una necesidad patriótica reconocer en usted los muchos méritos que tiene como persona y como hondureña prestando valiosos servicios a hombres y mujeres que requieren ayuda. Su papel relevante la enaltece y valora como una hondureña de grandes méritos, legítima acreedora al reconocimiento de su país, a nombre del cual le hago llegar este testimonio de agradecimiento”.