24/04/2026
08:12 PM

Times Square: bienvenido 2006

Más de mil millones de telespectadores, una sexta parte de la humanidad, miró anoche en dirección al Times Square de Nueva York.

Más de mil millones de telespectadores, una sexta parte de la humanidad, miró anoche en dirección al Times Square de Nueva York.

La ceremonia, a lo largo de los años, ha tenido un público tan global que en las gigantescas pantallas de neón se anuncian productos que no se consiguen en EUA.

Quienes llegan por primera vez a Times Square se preguntan: “Ésto no es en realidad una plaza sino un cruce de calles con ángulos muy agudos”. Aquí no hay fuentes, escaleras, ni estatuas, tampoco bares o restaurantes.

La única atracción son los espacios de publicidad. Todos los edificios de Times Square están obligados por ley a mostrar anuncios luminosos.

El alquiler de estos espacios comerciales ronda los dos millones de dólares mensuales. Pero la atención está garantizada: los 25 millones de turistas que cada año visitan la zona sacan unos 100 millones de fotografías.

El espectáculo anual de año nuevo es anunciado en la Gran Manzana como “la mayor fiesta del mundo”. En cualquier caso es la fiesta más seca, porque el alcohol está prohibido, al igual que los petardos y la pirotecnia. Desde los atentados del 11-S, francotiradores apostados en los rascacielos vecinos vigilan a la multitud mientras los helicópteros surcan el cielo. En las esquinas hay expertos en la detección de armas biológicas y químicas.

Historia

La primera fiesta de fin de año en Times Square tuvo lugar en 1904, celebrando las nuevas oficinas centrales del periódico “The New York Times” en la intersección.

El lugar fue rebautizado en homenaje a su editor Adolph Ochs, que decidió llevar este símbolo del progreso a una zona de establos conocida hasta entonces como Longacre Square.

La primera bola de cristal cayó del cielo tres años después.

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Times Square no ha dejado de estar a la vanguardia de las tendencias del mundo

La actual tiene un diámetro de 1,80 metros y está compuesta por 504 triángulos de cristal, 600 lámparas halógenas de colores, proyectores y espejos.

El lugar fue rebautizado como Times Square el 8 de abril de 1904, cuando el alcalde George McClellan firmó un decreto formalizando el cambio.

En octubre de ese año una nueva línea del tren subterráneo unió Times Square con la estación Gran Central, un viaje de 45 segundos que movilizó unas 350 mil personas para la inauguración.

El ambiente en Times Square ha cambiado muchas veces, como un reflejo del desarrollo social y económico de Nueva York y Estados Unidos. La publicidad más famosa durante 25 años fue el animal fumador de los cigarrillos Camel que arrojaba humo por la boca, algo impensable en la Nueva York que ha declarado la guerra al tabaco.

Donde antes había casinos, teatros o sex shops reina ahora la cadena de jugueterías “Toys’R’Us.

La única constante es la publicidad. La batalla de neón entre las multinacionales fascina a algunos y a otros les repugna.

El escritor británico G. K. Chesterton escribió en 1992: “Qué maravilloso jardín debe ser éste para todos los afortunados que no saben leer”.

Así se trate de turistas o frustrados viajeros, todos consideran a Times Square como el corazón de Nueva York y quizás del mundo, con un flujo eterno de tráfico, vallas de 40 pisos, luces centellantes sin fin y personalidades únicas, un monumento a la modernidad que celebra un siglo de cambios.

Del declive a la gloria

El 14 de agosto de 1945, dos millones de personas celebraron la rendición del Japón en la Segunda Guerra Mundial. Ese día el fotógrafo Alfred Eisenstadt tomó la famosa fotografía del marinero besando una enfermera, imagen que llegó a ser el ícono americano de la paz y el amor.

Hacia 1970 Times Square se había deteriorado, con el crimen creciendo mientras los bares de desnudistas y las tiendas pornográficas pululaban.

Después de una década de revitalización, más de 26 millones de turistas visitan cada año el lugar, además de los miles de empleados de compañías basadas en las cercanías como los gigantes corporativos Morgan Stanley Dean Witter, Conde Nast y el hotel Marriot Marquis.

Los dos remolques que albergan TKTS, el famoso punto de venta de boletos para teatro con descuento fueron reemplazados por una sede permanente en el mismo lugar, con algunas sillas para los adictos a la escena, que esperaban detrás de barricadas metálicas.