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Un ancla lanzada al mar puede destruir en segundos un coral que tardó hasta 100 años en crecer. Frente a esa amenaza y al acelerado deterioro de los arrecifes del Caribe, Tela comenzó a construir lo que sus promotores describen como un “seguro de vida” para algunas de las especies marinas más amenazadas del planeta.
El proyecto contempla la creación del Biobanco Genético de Corales y el laboratorio marino más grande de Mesoamérica, una iniciativa impulsada por Tela Marine para conservar, reproducir y estudiar corales en peligro crítico de extinción.
Antal Borcsok, cofundador y director ejecutivo de Tela Marine, explicó que el centro resguardará ejemplares extraídos de forma controlada de la bahía de Tela, donde todavía sobreviven poblaciones de coral que prácticamente han desaparecido en otros puntos del Caribe.
Los corales serán colocados en tinas especiales con agua filtrada mediante ozono, temperatura regulada e iluminación controlada. Cuando crezcan, serán fragmentados y parte de esos nuevos ejemplares regresará al océano para contribuir a la recuperación de los arrecifes.
“Vamos a seguir entregándole al océano lo que el océano nos entregó a nosotros”, expresó Borcsok durante un recorrido por el terreno donde ya comenzó la construcción.
El ambientalista advirtió que algunas especies podrían desaparecer completamente de su hábitat natural. Recordó que en un acuario de Florida observó cinco peceras que, según los científicos, conservaban entre el 85% y el 90% de los ejemplares vivos conocidos de un tipo de coral llamado Dendrogyra cylindrus.
Esa experiencia, afirmó, evidenció la enorme responsabilidad de mantener reservas genéticas fuera del océano. Por ello, además de conservar corales vivos en Tela, el proyecto buscará criopreservar sus células reproductivas y distribuir muestras entre universidades de diferentes países.
Tela Marine ha trabajado con unas 36 universidades alrededor del mundo. La intención es que el material genético permanezca resguardado en distintos lugares y no se pierda ante un huracán, una enfermedad o cualquier otra catástrofe que pudiera afectar el centro hondureño.
La bahía de Tela tiene una relevancia especial porque mantiene niveles de coral saludable muy superiores a otras zonas de Mesoamérica. Borcsok sostiene que algunas áreas de Punta Sal todavía registran hasta un 70% de cobertura de coral, mientras que el promedio regional habría descendido a alrededor del 5% o 6%.
Aunque los investigadores todavía no determinan con certeza por qué los corales de Tela muestran una mayor resistencia a las enfermedades y al blanqueamiento, universidades estadounidenses estudian las condiciones particulares de la bahía en busca de respuestas que podrían servir para proteger otros arrecifes del mundo.
El futuro centro tendrá también un componente educativo. Los visitantes podrán recorrer la granja de corales, observar especies en peligro y conocer cuántos ejemplares permanecen en libertad o bajo cuidado científico.
El espacio incluirá una sala introductoria, un área interactiva con erizos, pepinos de mar y otras especies resistentes, así como una tienda y una zona de consumo cuyos ingresos contribuirán al mantenimiento del proyecto.
Borcsok defendió la necesidad de que el centro sea autosostenible, debido al alto costo de mantener durante las 24 horas los sistemas de filtración, iluminación y control de temperatura.
“Sería terrible quedarse sin dinero a los tres, cuatro o cinco años y que un esfuerzo como este tuviera que retroceder”, señaló.
Parte de los fondos para la construcción provienen de Tela Corals, una organización establecida en Estados Unidos que realiza conciertos y actividades internacionales para recaudar recursos. El proyecto también ha recibido apoyo de empresarios, trabajadores, proveedores y residentes de Tela.
Más allá de la investigación, Borcsok espera que el biobanco ayude a transformar la manera en que los hondureños valoran su patrimonio natural.
“El parisino se siente orgulloso de la Torre Eiffel, pero una Torre Eiffel se puede reproducir en cualquier lugar. Estos arrecifes son únicos en el mundo y nadie puede replicarlos”, afirmó.