Un cuartucho de madera no mayor a 10 pies de largo era lo que Yolanda Ortiz heredaría a sus seis hijos, pero en la noche del pasado 24 de diciembre esta madre soltera lo perdió todo. Solo quedaron sus “tesoros” como llama a los pequeños, que tienen entre 3 y 13 años.
Julissa (13), Katherine (11), Stefany (8), Jason (6), Carlos Roberto (4) y Josselin (3) se preguntan entre lágrimas dónde vivirán con su madre, mientras miran los escombros de lo que fue su vivienda.
“Cuando escuché los gritos de mis vecinos no sabía qué estaba pasando, luego me tocaron la puerta para avisarme que se incendiaba todo y de los nervios no encontraba ni las llaves de mi casa. Comencé a agarrar a los niños pequeños y a gritarle a mis hijas grandes que me ayudaran y salieran lo más rápido posible. Cuando los tuve a todos a salvo quise regresar para ver si podía rescatar aunque sea mi cartera, pero ya era imposible”, dice doña Yolanda, quien lleva 15 años viviendo en ese sector.
Después de aquella trágica noche, la calle es la casa de la familia. “Nos dieron dos colchonetas, ahí acuesto a los niños y yo me quedo sobre unos tablones. No tengo dónde ir y estoy temerosa de que me despidan del trabajo. Me dieron un permiso de 15 días para resolver mi situación, pero la verdad es que estoy abrumada, no quiero ni imaginar que hubiese pasado con mis hijos si no hubiese estado en la casa en ese momento”.
Ese día estaba feliz porque el pago le ajustó para comprar los estrenos de todos y pagar L2 mil que debía en la pulpería. “Pedí un dinerito prestado para comprar por lo menos un pollo y refresco para que los niños comieran y hasta ese dinero se me quemó”.
Con la voz entrecortada, Julissa, la hija mayor, expresa que lo que más le duele es haber perdido sus certificados de estudios. “No puedo creer que haya perdido todo de lo que me sentía orgullosa. Me esforcé todo el año para sacar solo 100% en la escuela y hasta tenía muy guardados todos los exámenes y las notas porque se los quería enseñar a mi papá si algún día regresaba”.
También lamenta no haber rescatado unos zapatos que le regaló su papi la última vez que lo vio. “Solo pensé en sacar a mis hermanos, hasta me quemé la mano porque me cayó una brasa caliente”.
Julissa y Katherine andan descalzas desde el día en que las llamas consumieron sus sueños. Entre las donaciones que personas generosas han llevado no encuentran zapatos que les queden. También necesitan ropa. Los vecinos quieren ayudar a esta familia a reconstruir su casa, sin embargo, no tienen materiales. Perdieron la vivienda, no las esperanzas.