30/12/2025
08:20 AM

'Saliendo de la sombra de una forma valiente”

Invocan al dirigente negro Martin Luther King y al sindicalista hispano César Chávez, pero los cientos de miles de inmigrantes que manifiestan en ciudades de todo el país no siguen a un líder carismático.

Invocan al dirigente negro Martin Luther King y al sindicalista hispano César Chávez, pero los cientos de miles de inmigrantes que manifiestan en ciudades de todo el país no siguen a un líder carismático.

En cambio, los guían grupos defensores de los derechos hispanos, sindicatos e iglesias, organizaciones que han ayudado a transformar una serie de campañas aisladas en las grandes ciudades en un movimiento amplio con coordinación estratégica.

“No hay un líder y eso es bueno”, dijo Nativo López, presidente de la Asociación Política Mexicano-Americana, que organiza marchas en el sur de California. “Es un liderazgo compartido entre personas que a veces ni siquiera conocemos”.

Después de una reunión organizativa nacional hace apenas dos meses, los sindicatos reparten volantes en hoteles, restaurantes y tiendas, las iglesias católicas predican a los inmigrantes y presionan a los políticos y dirigentes de comunidades trabajan con locutores de radio para transmitir instrucciones a los manifestantes: vistan de blanco, mantengan la paz y una actitud positiva.

Y si los critican por llevar banderas mexicanas, los organizadores hacen correr la voz de llevar banderas estadounidenses.

Si se puede atribuir el mérito a alguien, dicen los organizadores, es un hombre que ciertamente no lo buscó: el representante republicano James Sensenbrenner.

Negativo proyecto

Este legislador presentó el proyecto que la cámara baja aprobó en diciembre, por el cual se convertiría en delitos graves el hecho de estar ilegalmente en el país o ayudar a los inmigrantes ilegales y se construiría una cerca de 1,130 kilómetros en la frontera entre Estados Unidos y México.

El proyecto provocó una ola de furia en las comunidades inmigrantes y muchos grupos iniciaron protestas en Chicago, Phoenix y Los Ángeles.

Pero eran movilizaciones locales sin un programa que las orientase.

Un puñado de grupos promotores de los derechos cívicos en el sur de California convocó a una reunión nacional el 11 de febrero a la que asistieron unas 500 personas de sindicatos, iglesias y agrupaciones.

Al principio, la reunión fue un cruce caótico de propuestas contradictorias.

“Durante los primeros 30 minutos, fue un caos en el que todo el mundo levantaba la mano y hablaba”, dijo Armando Navarro, coordinador de la Alianza Nacional de Derechos Humanos, una organización de activistas hispanos en el sur de California.

“Después nos encarrilamos”.

Los organizadores dejaron de lado diferencias fundamentales para ponerse de acuerdo sobre la realización de una serie de movilizaciones con dos consignas: oposición al proyecto Sensenbrenner y pedir para los 11 millones de inmigrantes ilegales el derecho de vivir en Estados Unidos.

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Los inmigrantes nunca se habían manifestado en gran número.

Una victoria

The New York Times subrayó que “las marchas del lunes fueron una victoria decisiva para la imagen más positiva” de la inmigración, debido a su desarrollo pacífico y a la participación de numerosas familias, padres y madres con sus hijos en brazos.

Lo que refleja que las multitudes que salieron a las calles han hecho suyo un pilar del “estilo de vida americano”, el de que las “divergencias pacíficas pueden ser un estímulo para que el gobierno actúe”, opinó el periódico.

Destacó que los manifestantes estuvieron guiados “más por un sentimiento de esperanza que de agravio” saliendo “de las sombras de forma valiente” para pedir al gobierno que cambie las leyes no desde fuera sino con “el deseo de participar dentro del sistema”.

Apoyo a las marchas

“Pese a los tropiezos en la Cámara Alta, el Congreso aprobará este año una amplia reforma migratoria porque así lo quiere la mayoría de los estadounidenses. Creo que vamos a tener una reforma amplia, porque los estadounidenses así lo quieren y, hasta donde sé, es la manera como se hacen las cosas en los Estados Unidos”.

Harry Reid

Senador de Estados Unidos

“No creo que la quema de una bandera mexicana en Tucson, Arizona, a manos de un grupo antiinmigrante, provoque resentimientos o reacciones en reciprocidad de la comunidad mexicana. Confiamos en que la comunidad inmigrante mexicana se seguirá expresando de manera pública con respeto, civilidad y absoluta armonía”.

Rubén Beltrán

Cónsul mexicano