11/01/2026
02:30 PM

Rosy, la reina de los muebles

“Las mujeres no miden jamás sus sacrificios”, escribió en una ocasión la escritora francesa Germaine de Staël.

“Las mujeres no miden jamás sus sacrificios”, escribió en una ocasión la escritora francesa Germaine de Staël.

Rosa Amalia Cálix es una muestra de lo que es capaz la mujer para enfrentar los retos, no importando las dificultades que éstos entrañen. Hace 29 años perdió uno de sus brazos, pero nunca sus deseos de ser una empresaria exitosa. Ella es propietaria de la fábrica Rosy Muebles, localizada frente a la colonia Satélite.

Luchadora

Doña Rosy, como también es conocida, nació hace 50 años en Juticalpa, Olancho.

Siendo muy pequeña, sus padres se trasladaron a La Ceiba, donde se crió en las calles vendiendo nacatamales, tamalitos, montucas, mascaduras y tabletas de leche, actividad que despertó su talento para generar negocios.

En plena adolescencia se trasladaron a El Progreso, donde se inició horneando pan, negocio que no le resultó. Entonces trabajó para la empresa bananera y con el poco dinero que le dieron de las prestaciones se compró una máquina de coser, a pesar de no saber costurar, “pero con el pensamiento de ayudar a mi familia”, expresó.

Ahí mismo instaló un pequeño comisariato, tampoco le miró futuro, por lo que se mudó a esta ciudad y a doña “Lita” Sikaffy, propietaria de Sikaffy Industrial, le vendió productos de belleza Numasca y Esteé Lauder. Posteriormente puso una pequeña boutique, también una bodega y en su carro de paila vendía papas, frijoles, ropa y otros productos. Cuando se casó, procreó a sus dos hijos, María del Socorro y Juan Ramón Castillo, pero su esposo los abandonó.

/home/laprensa/imagenes/fotos/2006/interiores/8819.jpg

En sus diversos negocios y fracasos, doña Rosy calcula que ha generado más de mil empleos directos.

Accidente

El 7 de septiembre de 1977 se trasladó hacia Tela a venderle papas a uno de sus clientes; pero, cerca Toyós, su carro impactó contra un camión cuando otra conductora pretendió rebasar el pesado vehículo. En el accidente, ella perdió su brazo izquierdo.

Permaneció internada 15 días en una clínica privada, un amigo le ayudó a pagar las curaciones.

“Las preocupaciones mías no eran para menos porque tenía que dar de comer a mis hijos, pero agarré valor y me dije que aunque sea con una pulpería y un brazo buscaría otra forma de luchar por ellos”, recordó.

Con los 350 lempiras que tenía cuando salió de la clínica, con otra amiga puso una glorieta de venta de pollo con tajadas, pero también fracasó.

Luego otro amigo le consiguió un local para vender bebidas alcohólicas. “Eso no me gustaba, pero mi necesidad tenía cara de perro y lo tuve que soportar. Al cabo de cinco años fue una experiencia fea, pero muy buena para continuar adelante”, expresó.

Antes de dejar la cantina había iniciado con una pequeña tapicería. Compraba camas viejas para tapizarlas e instaló la istribuidora Rosales. Igual fracasó por la falta de un buen cobrador y sólo se quedó con un banco de carpintería, mientras a un primo le guardaba un lote de máquinas del mismo oficio.

Se levanta

En 1988, Teletón estaba construyendo sus instalaciones y un amigo la motivó a participar en una licitación porque la institución urgía de casi 300 puertas, más otros muebles.

“Pero cómo voy a participar compitiendo contra Muebles Herrera, Muebles El Rey y otras mueblerías grandes, siendo yo la más pequeña”, le respondió a su amigo.

La sorpresa fue cuando ella ganó la licitación e inició con un fondo anticipado. Al cabo de seis meses, cumplió con el contrato.

“Me sentí realizada y como una mujer importante porque terminé el trabajo”.

Después, en otros negocios tuvo sus fracasos y su madre le decía que definitivamente se estableciera en un solo puesto.

Fue cuando su hijo, quien trabajaba en Estados Unidos, regresó para apoyarla.

Cuando doña Rosy estaba iniciando su establecimiento de mueblería, el huracán Mitch destruyó las instalaciones, los muebles producidos y los insumos.

Instaló una ferretería y continuó su oficio en otro local y se inició con la elaboración de cameras. Al empezar, su inseparable amigo, Wilmer Montoya, propietario de Comercial Montoya, le pidió cien juegos.

Rosy Muebles

Hace dos años, doña Rosy y su hijo visualizaron el local donde hoy tiene la fábrica, frente a la colonia Satélite, donde antiguamente funcionaba Bailables Arenales.

Al principio tuvo temor de no poder cumplir con las cuotas y nuevamente fracasar. Su hijo se separó de ella para iniciar otro negocio, pero ella tomó la decisión de echar a andar su definitivo y actual proyecto, que hoy se llama Rosy Muebles. Ella fabrica muebles de sala, cocina y comedor, que se venden en diferentes partes del país. En su fábrica laboran 14 personas, pero ahora necesita de 10 a 15 más, indicó.

“Si yo fuera ministra de Trabajo...”

“Cuando tenía mis dos brazos trabajaba mucho, de día y de noche, y no logré a tener lo que tengo ahora”, comentó.

Doña Rosy dice que la ausencia de su brazo le da más fuerza de trabajo, más voluntad para seguir adelante y no ser conformista.

Manifestó sentirse feliz y realizada porque hoy cuida más a Rosy Muebles que a los anteriores negocios porque con éste es más estable y hasta cuando pague la última cuota del terreno, se dará las primeras vacaciones de su vida, “porque mientras uno tenga vida, debe luchar hasta donde le den sus fuerzas”.

Ministra

Si fuera ministra de la Secretaría de Trabajo, indicó, apoyaría a las mujeres para crear cientos de empresas y miles de trabajos. Siendo ministra, buscaría regular el pago de las prestaciones porque desmotiva a los empresarios con sus trabajadores irresponsables. “A las mujeres les recomiendo cuidar nuestros trabajos porque generalmente somos más responsables que los varones”.

/home/laprensa/imagenes/fotos/2006/interiores/8820.jpg

Cinco meses después de su accidente, nuevamente condujo otro carro y hoy maneja hasta camiones, transportando muebles.