Los hermanos colombianos, Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, del Cartel de Cali, se declararon ayer culpables de narcotráfico y lavado de dinero ante un tribunal federal de Estados Unidos, luego de obtener un acuerdo para proteger a sus familiares.
Ambos hermanos fueron condenados a 30 años de prisión por lo cual acordaron renunciar, a los millones de dólares obtenidos con el narcotráfico como fundadores del Cartel de Cali, cuyo fin fue proclamado en Washington por miembros del gabinete del presidente George W. Bush.
Gilberto Rodríguez Orejuela, de 67 años, y Miguel, de 63, aceptaron su culpabilidad mediante un acuerdo obtenido tras meses de negociaciones con varios organismos estadounidenses.
Un acuerdo separado anunciado en la corte protegerá a seis de los familiares de los hermanos en Colombia de todo encausamiento judicial en las acusaciones de obstrucción de la justicia y lavado de dinero.
Los hermanos encaran penas que los recluirían de por vida en Estados Unidos.
Los acuerdos permitirán a 28 personas ligadas a los hermanos Rodríguez Orejuela, retener propiedades y otros bienes no obtenidos con dinero del narcotráfico. A la postre, las 28 podrían ser retiradas de la lista estadounidense que congela sus bienes y les impide hacer negocios con las mismas entidades.
El Cartel de Cali fue el mayor contrabandista de cocaína a Estados Unidos en la década de 1990, tras la desaparición de su rival, Cartel de Medellín, que se desintegró cuando varios de sus dirigentes fueron detenidos y su líder Pablo Escobar fue muerto en 1993 en un tiroteo con la policía colombiana.
En Washington, el secretario de Justicia Alberto González confirmó el acuerdo.
“Es un día de orgullo para el pueblo colombiano”, dijo compareciendo al lado de los principales funcionarios de la lucha antidrogas de Estados Unidos, en la sede del Departamento de Justicia.
Julie Myers, subsecretaria de Seguridad Interior, proclamó, “este día marca el fin del Cartel de Cali”.
Ambos hermanos hablaron brevemente en español en la corte, esposados y con grilletes en los tobillos, aunque vestidos de traje en lugar del uniforme de presidiario.
Gilberto Rodríguez Orejuela indicó, “he admitido libremente mi responsabilidad”, y Miguel Rodríguez Orejuela se disculpó por su conducta, “ante el público de Estados Unidos y ante todos los individuos con autoridad.