El Parlamento Centroamericano, Parlacen, sesionó ayer en la capital como parte de un programa denominado La Gran Cruzada Cívica por la Identidad e Integración Centroamericana, que busca mediatizar su existencia en la región centroamericana.
El vicepresidente Roberto Martínez Lozano confirmó la primera sesión de trabajo y la calificó como histórica, considerando que diputados de diferentes países miembros estarán en la nación 12 días.
El objetivo
Martínez explicó que con este encuentro regional y de sesiones buscan acercarse al pueblo y ofrecer sus dos frutos, como 'es la paz y la integración que conllevan al desarrollo y la felicidad'.
El acto solemne de instalación de sesiones se llevará a cabo el martes 26 de junio en San Pedro Sula, el que será inaugurado por los presidentes de Honduras y El Salvador, Manuel Zelaya y Elías Antonio Saca.
Asimismo, Martínez adelantó que este viernes se reunirán con las autoridades de la Corporación Municipal de Tegucigalpa para realizar un recorrido por el recién inaugurado paseo Liquidámbar, antigua calle peatonal, y le colocarán una ofrenda al monumento del héroe centroamericano, el general Francisco Morazán.
Mal momento
Por ahora el Parlacen no ha informado cuánto dinero, que bien se puede invertir en el combate a la pobreza, se gasta en la movilización de lo que muchos llaman 'elefante blanco'.
Además de sus magros resultados, el Parlacen está afrontando un cambio de imagen, ya que se ha convertido en sinónimo de escándalos políticos vinculados al narcotráfico, la corrupción y por servir de paraguas de impunidad a ex presidentes, ex vicepresidentes, ex diputados locales y otros ex funcionarios involucrados en actos reñidos con la ley en los países centroamericanos. El último de ellos, que sigue sin esclarecerse, fue la muerte de tres diputados salvadoreños a manos de policías guatemaltecos.
Por ellos, la reunión en Honduras reviste una importancia especial para afrontar ese cambio.
Excesos
Entre los pecados que se le señalan al Parlacen está el haber errado el camino original, lo que ha derivado en un total desconocimiento de su quehacer por parte de la ciudadanía, sus altos e improductivos costos, 52 millones de dólares anuales, los exorbitantes sueldos pagados a sus diputados, que entre dietas y viáticos redondean 4 mil 150 dólares mensuales.