En la pacífica comunidad de La Florida, colindante con el Lago de Yojoa, vive una familia de religiosos estadounidenses que han hecho de su estancia en Honduras una verdadera labor de solidaridad hacia los más pobres.
Ellos son Anna y John Weaver, provenientes de Carolina del Norte, que junto a sus hijos y varios miembros de su grupo Christian Light Mission trabajan activamente en áreas sociales como educación, salud y difusión de sus enseñanzas religiosas en pueblitos apartados de los departamentos de Lempira, Santa Bárbara y los alrededores del Lago de Yojoa.
'No veníamos a trabajar', dice doña Anna, a quien le encanta ese apelativo, 'pero no podemos estar sin hacer nada. Teníamos que hacer algo' continúa explicando mientras hace gestos con las manos.
Su esposo John se autodenomina 'gringo catracho', amante de la cocina y del clima hondureño, 'tienen el mejor clima del mundo, tienen tantas cosas buenas aquí. Nuestro corazón está en Honduras', dice genuinamente convencido. él es el patriarca. Anduvo por varios lugares de Honduras, como El Progreso, La Ceiba y Tegucigalpa, pero fue este apacible lugar, donde sopla la agradable brisa del lago, rodeado de montañas y bananales, el que eligieron para fundar lo que ellos llaman 'su base'. Iniciaron su labor caritativa en los lugares ya mencionados.
Mantienen sus costumbres y su austera vestimenta, hablando el español necesario para comunicarse. Los vecinos de La Florida se han acostumbrado a su presencia y corresponden con amabilidad a su
John Weaver y su esposa e hija explicaron detalladamente cómo fue su llegada a Honduras luego del huracán Mitch.
Lago de Yojoa. En la pacífica comunidad de La Florida, colindante con el Lago de Yojoa, vive una familia de religiosos estadounidenses que han hecho de su estancia en Honduras una verdadera labor de solidaridad hacia los más pobres.
Ellos son Anna y John Weaver, provenientes de Carolina del Norte, que junto a sus hijos y varios miembros de su grupo Christian Light Mission trabajan activamente en áreas sociales como educación, salud y difusión de sus enseñanzas religiosas en pueblitos apartados de los departamentos de Lempira, Santa Bárbara y los alrededores del Lago de Yojoa.
'No veníamos a trabajar', dice doña Anna, a quien le encanta ese apelativo, 'pero no podemos estar sin hacer nada. Teníamos que hacer algo' continúa explicando mientras hace gestos con las manos.
Su esposo John se autodenomina 'gringo catracho', amante de la cocina y del clima hondureño, 'tienen el mejor clima del mundo, tienen tantas cosas buenas aquí. Nuestro corazón está en Honduras', dice genuinamente convencido. él es el patriarca. Anduvo por varios lugares de Honduras, como El Progreso, La Ceiba y Tegucigalpa, pero fue este apacible lugar, donde sopla la agradable brisa del lago, rodeado de montañas y bananales, el que eligieron para fundar lo que ellos llaman 'su base'. Iniciaron su labor caritativa en los lugares ya mencionados.
Mantienen sus costumbres y su austera vestimenta, hablando el español necesario para comunicarse. Los vecinos de La Florida se han acostumbrado a su presencia y corresponden con amabilidad a su labor filantrópica.
Deciden venir a Honduras
Los Weaver ya habían visitado Honduras en 1989 y trabajaron en el orfanato de Guaimaca, Francisco Morazán, durante dos años.
'A esta localidad vinimos en el año 2000', dice la señora Weaver. 'Nuestro hijo mayor estuvo aquí después del huracán Mitch, ayudando en la construcción de viviendas para los damnificados. él nos explicó que había mucho que hacer por la gente de este país'.
A casi una década de su llegada, han construido dos clínicas médicas. La principal está ubicada en Erandique, departamento de Lempira, y otra en Carrizales, Comayagua, todo bajo el patrocinio de su iglesia y de los Christian Aid Ministries, de Estados Unidos: ellos les proporcionan los medicamentos que distribuyen en sus clínicas.
Erandique es el principal proyecto que manejan, atendiendo todo tipo de enfermedades y cirugías como heridas de machete en manos y pies, muy comunes entre los campesinos que trabajan el campo. Antes de abrir consulta, el médico Steven Clutter les imparte una charla bíblica a sus pacientes.
'Somos un grupo de cristianos de origen menonita. Queremos esparcir el Evangelio, pero en el proceso queremos compartir y ayudar a la gente', dice John Weaver. 'Aquí es bien tranquilo, amo la comida hondureña, las frutas, los mangos, sus vegetales'.
Lo dem
El doctor Steven Clutter imparte una charla evangelística antes de iniciar la consulta diaria.
Sobre la migración ilegal hacia Estados Unidos, expresó que 'los Estados no es el cielo'. 'Es algo muy duro para los pobres tener que irse a otro país porque se debe estar contento dondequiera que estemos. Nosotros (su grupo cristiano) no tenemos nada en contra de los hispanos; si miramos la historia, nadie tiene sus raíces ahí, todos llegamos de muchas partes del mundo'.
En octubre y noviembre, en casa de los Weaver se reúnen jóvenes voluntarios provenientes de varias ciudades de Estados Unidos. Con sus mochilas llenas de biblias para repartir, viajan a las montañas del departamento de Lempira, donde conocen de primera mano la situación vivida por muchas comunidades.
Cuando el otoño está en su apogeo en Estados Unidos, estos jóvenes aprovechan sus vacaciones para andar de pueblo en pueblo, sudando y hablando con la gente, evangelizando, aprendiendo costumbres nuevas y enseñando parte de su cultura a los pobres de Honduras.
Todo lo hacen en el más silencioso anonimato, poniendo en práctica el texto bíblico que dice que el Dios que mira en privado les recompensará en público.
Los Weaver ya habían visitado Honduras en 1989 y trabajaron en el orfanato de Guaimaca, Francisco Morazán, durante dos años.
'A esta localidad vinimos en el año 2000', dice la señora Weaver. 'Nuestro hijo mayor estuvo aquí después del huracán Mitch, ayudando en la construcción de viviendas para los damnificados. él nos explicó que había mucho que hacer por la gente de este país'.
A casi una década de su llegada, han construido dos clínicas médicas. La principal está ubicada en Erandique, departamento de Lempira, y otra en Carrizales, Comayagua, todo bajo el patrocinio de su iglesia y de los Christian Aid Ministries, de Estados Unidos: ellos les proporcionan los medicamentos que distribuyen en sus clínicas.
Erandique es el principal proyecto que manejan, atendiendo todo tipo de enfermedades y cirugías como heridas de machete en manos y pies, muy comunes entre los campesinos que trabajan el campo. Antes de abrir consulta, el médico Steven Clutter les imparte una charla bíblica a sus pacientes.
'Somos un grupo de cristianos de origen menonita. Queremos esparcir el Evangelio, pero en el proceso
La clínica está ubicada en una montaña poco accesible y beneficia a muchos residentes de aldeas cercanas.
Lo demuestra enseñando fotografías de sus platos favoritos: sopa de res y pescado frito con tajaditas de guineo verde, encurtido y frijoles fritos.
Sobre la migración ilegal hacia Estados Unidos, expresó que 'los Estados no es el cielo'. 'Es algo muy duro para los pobres tener que irse a otro país porque se debe estar contento dondequiera que estemos. Nosotros (su grupo cristiano) no tenemos nada en contra de los hispanos; si miramos la historia, nadie tiene sus raíces ahí, todos llegamos de muchas partes del mundo'.
En octubre y noviembre, en casa de los Weaver se reúnen jóvenes voluntarios provenientes de varias ciudades de Estados Unidos. Con sus mochilas llenas de biblias para repartir, viajan a las montañas del departamento de Lempira, donde conocen de primera mano la situación vivida por muchas comunidades.
Cuando el otoño está en su apogeo en Estados Unidos, estos jóvenes aprovechan sus vacaciones para andar de pueblo en pueblo, sudando y hablando con la gente, evangelizando, aprendiendo costumbres nuevas y enseñando parte de su cultura a los pobres de Honduras.
Todo lo hacen en el más silencioso anonimato, poniendo en práctica el texto bíblico que dice que el Dios que mira en privado les recompensará en público.