Desde las laderas de la mina de El Mochito se divisa al fondo el barrio San Juan donde está a punto de ponerse a funcionar el único Belén de Honduras en el que sus piezas se mueven como si fueran seres animados.
Desde las laderas de la mina de El Mochito se divisa al fondo el barrio San Juan donde está a punto de ponerse a funcionar el único Belén de Honduras en el que sus piezas se mueven como si fueran seres animados.
“Tal vez este Nacimiento Artístico de Movimiento sea el único de Latinoamérica”, dice el escritor Orlando Tinoco Méndez, uno de los promotores de la obra.
“¡Hay que ver la cara de asombro de los niños y la amplia sonrisa de los adultos cuando contemplan este maravilloso nacimiento! Cada uno de los juguetes que están en el Belén ejecutan su labor con graciosos movimientos que hacen a los niños soñar y a los adultos recordar”, dice Tinoco.
Los espectadores que llegan atraídos por esta maravilla del ingenio humano pueden recrear su vista viendo al gordito dormilón al que sólo se le ve su vientre subiendo y bajando en rítmicos movimientos de respiración que casi le botan la cobija.
“Sólo falta que se escuchen los ronquidos”, comentó uno de los vecinos de San Juan que participan en el montaje de la obra.
Gran parte del nacimiento está destinado a simular el ambiente de trabajo que se vive en la mina que ahora opera la empresa American Pacific. “Aquí se recrea el trabajo del valiente minero entrando y saliendo del negro vientre de la tierra mientras realiza su dura labor”, comenta.
En efecto, llama la atención cómo salen los carritos cargados de broza de la boca mina para ser depositados en la planta trituradora, como parte del proceso para extraer el valioso mineral.
Al fondo se ve a un hombre asando un corderito mientras le da vueltas sobre una lumbre de brasas y llamas que alumbran como si fuesen de verdad. Más allá está un rebaño de ovejitas que pacen tranquilamente comiendo de la fresca hierba que como verde maná nunca se agota.
Cómo ríen los niños y los adultos cuando ven las alegres lavanderas que restriegan y restriegan el mismo trapo y luego remojan en el fresco arroyito que baja de una montaña y va a desembocar al lago de Yojoa.
Delante de ellas se puede ver a un pescador sacando de la corriente un escurridizo pescadito que pende de su anzuelo. Por este otro lado, un cipote eleva un colorido barrilete, en un cielo nítidamente azul.
Allí mismo aparecen un albañil y un constructor pegando el mismo bloque. “Llevan ya más de 46 años, sin dar muestras de cansancio”, refiere Tinoco en alusión al tiempo que tiene de haberse puesto a funcionar el nacimiento por primera vez.
Fueron los padres pasionista Paulino Alonso y ángel Martínez, quienes dieron vida a la genial idea con juguetes y figuras que trajeron desde España. Algunas de las figuras son tan viejas que ya hay que reemplazarlas o cambiarles el cabello que se les ha caído, comentó Tinoco.
El movimiento de las piezas se logra mediante un complejo sistema de poleas y bandas ocultas en un sótano, movidas al unísono por un motorcito. Mientras la máquina trabaja silenciosamente, arriba la gente se divierte viendo cómo se mueve todo aquel conjunto de personas como en una ciudadela mágica.
Son decenas de juguetes que rinden culto al Niño Dios y a sus maravillados padres que, en el fondo del pesebre, son rodeados por una corte de ángeles. “Las únicas figuras que no se mueven son las de la Sagrada Familia como símbolo de que el amor es algo fijo que no cambia, que más bien esa divinidad nos observa a todos”, dijo Tinoco.
José Orlando Leiva, conductor de buses de La Arada, Santa Bárbara, ha dejado sorprendida a la gente por su habilidad para hacer toda clase de casas y edificios en miniatura.
Cualquier tipo de material desechado en buen estado le sirve a Leiva para construir hoteles, castillos, iglesias y casas con las que arma su nacimiento navideño.
Cada año su Belén es distinto del anterior, ya que sus estructuras las utiliza solamente una vez. “Después que termina las fiestas vendo las piezas a personas que los ocupan para adorno e incluso para hacer también sus propios nacimientos”, dice el artista.
Para el caso, hace dos años hizo el centro de la ciudad de Santa Bárbara, con su parque, la Municipalidad y otros edificios del centro.
Hace 14 años que a Leiva se le ocurrió hacer casitas mientras no estaba trabajando como conductor de buses de la ruta entre la Arada y Santa Bárbara.
Lo ha hecho tan bien que cada año se gana el primer lugar en el corazón de los vecinos, como el diseñador del mejor y más original Belén