Cada quince días se extingue alguna de las más de 6 mil 700 lenguas que existen en el mundo. En sólo dos generaciones, calculan los filólogos y los lingüistas, habrán desaparecido más de la mitad de estas lenguas.
La mayoría de las lenguas están concentradas en unos pocos países, algunos de ellos con la imagen para el profano de ser lugares con un solo idioma. Tal es el caso del hispanohablante México, que según el catálogo de la publicación especializada 'Ethnologue' tiene nada menos que 297 lenguas vivas, aunque a algunas, como al uto–azteca Opata, les quedan pocas frases por pronunciar: en 1993 lo hablaban sólo once personas en el Distrito Federal y cuatro en el Estado de México.
El tamaño mínimo de una comunidad para que se considere que su lengua está fuera de peligro es de
Guatemala es un ejemplo de conservación de las lenguas autóctonas. Actualmente los libros de texto se editan en multitud de idiomas locales.
El lingüista español Alberto Gómez Font afirma que, como mucho, una lengua moribunda pasa tarde o temprano 'al museo' de los especialistas, pero su muerte como medio de comunicación es un hecho luctuoso: 'Cuando muere una lengua se muere un concepto de la vida, se muere una forma de entender la realidad'.
El chino mandarín lo hablan mil 200 millones de personas. El segundo idioma más hablado, el inglés, con 500 millones. Le siguen el hindú, con 450 millones; el español, con 400, el ruso, con 290, el árabe con 230, el portugués con 190 y el francés con 125 millones.