28/06/2022
11:30 PM

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Quién y por qué mataron a Yubissa, se preguntan en Jesús de Otoro

Temor embarga a la familia de la jefa de la Atic, no quisieron hablar por miedo.

Jesús de Otoro, Honduras.

En este rural municipio de Intibucá aún no salen del asombro. Desde que se conoció de la muerte de la jefa de la Agencia Técnica de Investigación Criminal ( Atic), Sherill Yubissa Hernández Mancía (29), nadie creyó la versión del suicidio. Su personalidad alegre, emprendedora y equilibrada no permitía pensar que ella podría atentar contra su vida.

Así lo reflejan los testimonios de familiares, compañeros y amigos que la conocieron desde niña y que la describen como una persona segura, decidida, que para todos tenía una sonrisa en sus labios y a quien nunca le vieron asomo de tristeza.

“Nunca creímos en la teoría del suicidio. Nosotros la conocimos desde niña y fue mi alumna. Ella era una persona llena de paz, muy tranquila, nunca la reprendimos en el colegio porque era un ejemplo, una persona equilibrada, nunca tuvo pleitos con nadie. Si algo puedo decir de ella es que era luchadora y una santa”, dijo Obed Osorio, maestro de música del Instituto Técnico Federico C. Canales.

Nadie en la comunidad creyó que Sherill se hubiese suicidado y ahora que una certificación forense confirma que la manera de muerte de la investigadora fue homicida, piden que se haga justicia y se llegue al fondo para saber quién o quiénes la mataron y por qué apagaron su vida.

La tumba donde descansan los restos de Yubissa tiene una alfombra de flores secas.
Temerosos

LA PRENSA llegó hasta la casa donde creció Sherill Yubissa en el barrio El Carmen. Buscamos a la madre de la joven, pero nadie respondió. La puerta y ventanas estaban cerradas y los vecinos aseguraron que desde que la joven murió la tristeza se percibe en el lugar y la familia evita hablar de lo ocurrido.

“Aquí viven los abuelos y la madre de la joven. La muerte de la muchacha les cambió la vida. Aquí reina la tristeza, ha sido un duro golpe su pérdida”, dijo uno de los vecinos de la familia Mancía.

Son los abuelos y la madre quienes se muestran temerosos, tienen miedo, no quieren exponerse, temen por sus vidas, aseguraron los vecinos.

Lila Izaguirre, una de sus primas, nos atendió y acompañó al camposanto. El equipo de LA PRENSA llegó hasta la tumba donde sepultaron los restos de la investigadora. Una alfombra de flores secas cubre su tumba, no hay lápida, desde su sepelio sus parientes se resisten a volver, no aceptan su muerte y en silencio la siguen llorando.

Fue princesa de la reina de la feria en Jesús de Otoro.
“No es fácil lo que vivimos, pero la recordamos alegre, jovial, honesta. Esa era Sherill, bien honesta. Ella era el sustento de la familia, la que apoyó a su madre en todo momento, por eso ella la extraña porque era su gran amor. Para nosotros fue una sorpresa enorme que dijeran que se mató, nadie lo creyó. Nosotros la conocíamos bien y ella era incapaz de matarse”, dijo Lila Izaguirre, prima de Sherill.

Todos recuerdan que la última vez que la vieron con vida fue dos semanas antes de su muerte. Ella llegó a Jesús de Otoro a celebrar el cumpleaños de una prima, pero nadie imaginó que sería la última vez que la verían con vida. Se quedó en planes la celebración de la fiesta de cumpleaños para su madre, quien era el gran amor de la brillante investigadora.

Conducta ejemplar

Desde el kínder hasta sus días de estudiante en el Técnico Federico C. Canales, en Jesús de Otoro, las frases que expresan pobladores, vecinos y amigos para Sherill reflejan a una persona cargada de humanismo, servicial, estudiosa y alegre.

Sus amigos relatan que fue a los 15 años que dejó su ciudad natal para trasladarse a Tegucigalpa, adonde un tío la apoyó para que se graduara de perito mercantil y contador público.

Compartía siempre con sus amigos.
Posteriormente ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), donde egresó de la licenciatura en Administración Aduanera.

“Desde el kínder estuvimos juntas, para mí fue como una hermana. La vida nos separó cuando ella terminó el plan básico y se fue a Tegucigalpa. Su tío la apoyó para que siguiera sus estudios. En la universidad nos volvimos a encontrar y le diré que nunca la vimos triste. Sherill tenía muchas aspiraciones y era tenaz. Cuando vimos la noticia en la televisión no creímos en eso del suicidio, ya que ella jamás intentaría quitarse la vida”, expresó Sinia Aguilar, compañera de estudios de la jefa de la Atic.

Pruebas en el caso

Mediante la autopsia psicológica, que está por entregarse a la Fiscalía, los técnicos forenses recopilaron con familiares y amigos la descripción de la personalidad de la joven para determinar su conducta.

Es un perfil completo que resume la conducta que en vida mantuvo la joven y si en algún momento tuvo episodios de tristeza que apuntaran a una conducta suicida.

Foto: La Prensa

Además, otra de las pruebas que está finalizada y por entregarse es la de absorción atómica que demostrará si la joven manipuló o no el arma que tenía asignada en su trabajo. Las piezas del rompecabezas empiezan a formar la escena de lo que ocurrió entre el domingo 10 y lunes 11 de junio.

LA PRENSA conoció que al momento del levantamiento de la joven tenía aproximadamente de 10 a 12 horas de fallecida, por ello se presume que su muerte se registró la noche del domingo. Ayer en un comunicado, el Ministerio Público informó que se ha integrado un equipo multidisciplinario para la investigación de la muerte de la agente de una unidad insigne de esa institución.