06/12/2022
02:17 PM

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Investigación de accidente puede tardar varios meses

La Lima, Honduras.

Con normalidad se desarrollaban las operaciones en el aeropuerto Ramón Villeda Morales el jueves por la tarde; nadie se imaginaba que una tragedia estaba por ocurrir.

A las 3:20 pm, el piloto comercial Joseph Shamir Sevilla (22) y el estudiante de aviación Diego Alejandro Henríquez Girón se preparaban para hacer un vuelo de aprendizaje en avioneta como parte del proceso de formación de Henríquez.

Ambos jóvenes pidieron autorización a la torre de control para despegar y sin ninguna novedad se elevaron por los aires para hacer lo que tanto les apasionaba.

Una hora y media volaron antes de estrellarse en el muro de una vieja casa ubicada en el barrio Centro Norte de La Lima, a unos 1,500 metros del aeropuerto y cuadra y media de la Municipalidad limeña.

Foto: La Prensa

Pilotear aviones era la gran pasión de Joseph Sevilla.
Ronnie Perdomo, jefe regional de la Agencia Hondureña de Aeronáutica Civil (Ahac) en el Ramón Villeda Morales, expresó que una comisión técnica nombrada por esta entidad ha comenzado a trabajar en la investigación de las causas del mortal accidente; sin embargo, no se puede determinar el tiempo que durará dicho proceso.

“Los miembros de la comisión técnica darán el informe sobre lo ocurrido. Esto puede tardar meses o incluso años, dependiendo del caso. Los jóvenes llevaban alrededor de una hora y media piloteando antes del suceso. El piloto estaba entrenado”, expresó.

Perdomo agregó que este tipo de accidentes no es común y no recuerda que algo como esto haya pasado en años anteriores. “Las investigaciones determinarán si hubo falla mecánica o humana en este hecho”, comentó.

Hasta ayer en la tarde la aeronave aún no había sido retirada por las autoridades, y la alcaldía custodiaba la escena a la espera de una grúa para hacerlo.

Aeronave

El aparato en que viajaban Sevilla y Henríquez era una avioneta Liberty Aerospace XL2.

La Administración Federal de Aviación (FAA) lo certificó como el avión más seguro en su estilo. Tomó 4 años obtener la certificación debido a que la aeronave posee el sistema Full Authority Digital Engine Control (Fadec). Esta novedad permite al piloto controlar el motor con una sola palanca asistido por las computadoras que ajustan constantemente el combustible y la ignición para un funcionamiento óptimo. Este permite un ahorro de combustible hasta 20% y lo hace encajar en un mercado de uso privado y de negocios con una capacidad para soportar 600 libras. Tiene un costo que ronda los $140,000 y es considerado rápido y seguro.

Foto: La Prensa

Esta es la avioneta en la que practicaban los jóvenes. Los cuerpos de los pilotos fueron trasladados a Tegucigalpa para ser velados.
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Joseph Shamir Sevilla era considerado por sus compañeros como uno de los mejores pilotos de la Escuela de Aviación Horizontes, tenía más de 500 horas de vuelo y se había graduado en Estados Unidos. En tanto que uno de los grandes sueños de Diego Alejandro, desde muy pequeño, era convertirse en piloto.

Los cuerpos de los jóvenes fueron sacados del metal retorcido y el mismo día trasladados a Tegucigalpa para ser velados y darles el último adiós. Ambos eran originarios de aquella ciudad.

Daniel Mourra, director de Horizontes, no quiso referirse al caso ni brindar detalle alguno sobre la vida de los jóvenes fallecidos.

Milagro

Dando gracias a Dios por la vida de sus cuatro hijas está Bertha Alicia Recinos, ya que estuvieron a punto de morir debido a la caída de la aeronave en el barrio El Centro Norte.

En el humilde hogar Martínez Recinos todo transcurría con normalidad.

Bertha había colgado varias prendas recién lavadas en el punto exacto del impacto, unos 15 minutos antes de que se estrellara la avioneta. Sus hijas Estefany, Greicy, Angélica y Ceidy jugaban alrededor de ella.

La madre se bañaba al aire libre a un metro de la pila con unos baldes de agua, y las niñas se habían trasladado al interior de la vivienda, pero estaban tras el muro en donde impactó la avioneta.

Foto: La Prensa

Bertha Alicia Recinos y su hija Ceidy Jaqueline dan gracias a Dios por estar vivas.
“Yo me estaba bañando con unas cubetas y en eso escuché un estruendo terrible. Creí que era un terremoto y salí corriendo tapada con una toalla hacia la calle”, aseveró.

Ceidy Jaqueline (8), hija mayor de Bertha, refirió que estaban dibujando cuando un ruido inmenso y una nube de polvo las paralizó por unos segundos y comenzaron a gritar, al tiempo que corrieron tras su madre.

“Estaba pintando junto a la ventana y solo vi la nube de polvo que se desprendió del muro y los bloques volando. Sentí un gran miedo y agarré a mis hermanas para salir”, recordó la niña ayer.