Es pequeña y de tez morena, vestida con túnica sencilla, pero capaz de mover a millones de personas cada año.
Su poder se encuentra en su bondad y los milagros que ha realizado en la vida de sus devotos.
Los fieles que han comenzado a inundar su casa para festejar la fecha en que apareció en el cerro de El Piligüín la llaman La Morenita y también madre, benefactora y, por su grandeza, Patrona de Honduras. Su nombre: Suyapa, la virgen que llegó a la comunidad en manos de dos humildes campesinos hace ya 263 años.
A partir de ayer, los alrededores de la aldea de Suyapa han acogido a decenas de feligreses, pues, como es costumbre, al acercarse febrero, miles de creyentes se acercan al altar de la virgencita.
Romerías
La Basílica y la Ermita comienzan a ser abarrotadas por los peregrinos, pues desde los más pobres y humildes se han acercado para honrar con devoción, fe y esperanza a la patrona de Honduras.
Miles de devotos se dirigen cada año a la aldea de Suyapa, unos a pie, otros en vehículos y hasta en bestia, con tal de llegar a la casa de La Morenita, en quien han puesto la mayoría de oraciones para superar una crisis que parece eterna.
Cada peregrino tiene una historia que contar, pues han sido testigos de los milagros que cambiaron sus vidas y con ferviente fe aseguran que se los concedieron Dios y la Virgen de Suyapa.
Sus acciones conmueven, no tienen nada material que entregar como ofrenda; sin embargo, tienen un corazón lleno de amor y fe al que no le importa cualquier sacrificio para llegar a la casa de la madre del cielo.
Promesas
Jensy Ilovares, de 17 años, es una de sus más fieles devotas. Asegura que, si no hubiera sido por la intercesión de la virgen, su hijo no habría recuperado la salud.
La joven madre viajó desde Reitoca para cumplir la promesa que ofreció hace unos meses luego de que su vástago enfermara de gravedad.
“Mi hijo presentaba fiebre y malestar estomacal, pero en el hospital nunca encontraron de que padecía. Se lo encomendé a la Virgen de Suyapa y su recuperación fue inmediata”, dijo Ilovares.
Ella sólo es uno de los miles de peregrinos que llegan a venerar a la intercesora que permanece en el cielo.
El mismo día en que Ilovares visitó el Santuario de Suyapa llegaron los peregrinos de la vicaría de El Paraíso, que integra parroquias de Danlí, Morocelí y Teupasenti.
Los devotos llegaron para ofrecer romerías, oraciones, cánticos y alabanzas en honor a la madre de Dios.
Los peregrinos también acudieron para entregar sus ofrendas monetarias y velas, que iluminarán el Santuario durante los días de feria en honor a la patrona.
Los visitantes realizaron una procesión para luego participar de una misa solemne, presidida por monseñor Darwin Andino, que ofreció un amplio mensaje centrado en escuchar la palabra de Dios, el valor de la dignidad humana y lo esencial de la vida.