Tegucigalpa, Honduras.
Para German Raudales, el reciclaje se ha convertido en una de sus mejores excusas para crear cosas increíbles producto de su imaginación.
Usando latas de aluminio que otros tratan como basura, este capitalino hace tanto una efigie de John Lenon como de un personaje de la fantasía que emociona a un niño.
En Tegucigalpa se enamoró de estos héroes, desde su infancia, y los ha seguido disfrutando en la edad adulta al reproducirlos con sus propias manos.
No usa plantillas ni modelos, sino pura creatividad para darles forma a sus esculturas en lata, las que van surgiendo de sus manos como por arte de magia.
Inicios
Cierta vez llevaba en sus manos una lata de refresco cuando vio en una esquina un auto clásico. Pensó entonces que podía tenerlo aunque fuera en un tamaño pequeño.
“Desde que miré el carro, que por cierto era muy lindo, supe que para reproducirlo no iba a ocupar otra cosa que no fuera esa lata de fresco que llevaba en mi mano”.
Con una tijera puso manos a la obra, y a las horas el auto estaba terminado, un clásico a escala elaborado con latas y pegamento.
Ese fue su primer encuentro con el arte en lata, de allí fueron surgiendo otros objetos y personajes, que después de pasar por su mirada llegaron a su cerebro donde se instalaron y cobraron vida.
Desde Gene Simmons, vocalista de Kiss, hasta los ultraenemigos Megatron, líder de los Decepticons, y Optimus Prime, jefe de los autobots de Transformers; no hay quien se escape de la mente de este joven, que en cada obra confirma que no hay límite entre lo que sus ojos pueden ver y sus manos hacer.
Después de la primera pieza elaborada, los halagos comenzaron a llegar, así como las visitas a su cuarto adonde la expresión “regalame uno” se convirtió en “vale tanto”.
Hay quienes no valoran el arte al ver que las esculturas son de lata desechada, según dice.
Su trabajo es mejor valorado en otros países, como en Costa Rica, adonde pasó una temporada placentera gracias a los ingresos que le reportaron sus obras en lata.
Su hobby es la música, la cual le sirve de inspiración cuando está trabajando. Así, mientras hace las figuras de The Beatles, escucha sus melodías para sentir mayor motivación.
Comenzó recogiendo las latas de los refrescos que se tomaba o encontraba tiradas; pero ahora que la gente conoce su arte, sobra quien se las regale.
Menciona que es difícil poner un precio a lo que hace, pero cuando un coleccionista o amante de una saga de televisión se emociona con sus obras y lo ve reflejado en el brillo de sus ojos, se siente más que compensado. “Allí sé que mi trabajo es un arte que se valora”.
Para German Raudales, el reciclaje se ha convertido en una de sus mejores excusas para crear cosas increíbles producto de su imaginación.
Usando latas de aluminio que otros tratan como basura, este capitalino hace tanto una efigie de John Lenon como de un personaje de la fantasía que emociona a un niño.
En Tegucigalpa se enamoró de estos héroes, desde su infancia, y los ha seguido disfrutando en la edad adulta al reproducirlos con sus propias manos.
No usa plantillas ni modelos, sino pura creatividad para darles forma a sus esculturas en lata, las que van surgiendo de sus manos como por arte de magia.
Inicios
Cierta vez llevaba en sus manos una lata de refresco cuando vio en una esquina un auto clásico. Pensó entonces que podía tenerlo aunque fuera en un tamaño pequeño.
“Desde que miré el carro, que por cierto era muy lindo, supe que para reproducirlo no iba a ocupar otra cosa que no fuera esa lata de fresco que llevaba en mi mano”.
Con una tijera puso manos a la obra, y a las horas el auto estaba terminado, un clásico a escala elaborado con latas y pegamento.
Ese fue su primer encuentro con el arte en lata, de allí fueron surgiendo otros objetos y personajes, que después de pasar por su mirada llegaron a su cerebro donde se instalaron y cobraron vida.
Desde Gene Simmons, vocalista de Kiss, hasta los ultraenemigos Megatron, líder de los Decepticons, y Optimus Prime, jefe de los autobots de Transformers; no hay quien se escape de la mente de este joven, que en cada obra confirma que no hay límite entre lo que sus ojos pueden ver y sus manos hacer.
Después de la primera pieza elaborada, los halagos comenzaron a llegar, así como las visitas a su cuarto adonde la expresión “regalame uno” se convirtió en “vale tanto”.
Hay quienes no valoran el arte al ver que las esculturas son de lata desechada, según dice.
Su trabajo es mejor valorado en otros países, como en Costa Rica, adonde pasó una temporada placentera gracias a los ingresos que le reportaron sus obras en lata.
Su hobby es la música, la cual le sirve de inspiración cuando está trabajando. Así, mientras hace las figuras de The Beatles, escucha sus melodías para sentir mayor motivación.
Comenzó recogiendo las latas de los refrescos que se tomaba o encontraba tiradas; pero ahora que la gente conoce su arte, sobra quien se las regale.
Menciona que es difícil poner un precio a lo que hace, pero cuando un coleccionista o amante de una saga de televisión se emociona con sus obras y lo ve reflejado en el brillo de sus ojos, se siente más que compensado. “Allí sé que mi trabajo es un arte que se valora”.