Pobreza, desempleo, enfermedad y hambre campean en la mayoría de comunidades afectadas hace dos meses por la tormenta tropical Gamma.
Las inclemencias del fenómeno climático afectaron a más de 61 mil personas de los departamentos de Cortés, Yoro, Atlántida, Colón, Gracias a Dios, norte de Olancho y parte de El Paraíso.
Casi todos claman, hoy más que nunca, una mano solidaria.
Después que el temporal pasó y las aguas desaparecieron en los sitios anegados, llegó lo peor. “Cuando me quedé atrapado en el bordo y vi que la milpa se me había inundado dije: Dios, que desgracia... esto no es todo, falta que venga el azote más fuerte y así fue”, comentó el agricultor Margarito Galo, de campo Montevideo.
Su experiencia con el huracán Mitch en 1998 le hizo predecir el cercano futuro.
El humilde hombre no se equivocó. Gamma se fue, pero sus recuerdos son más fuertes que las lluvias que hicieron desbordar los ríos Ulúa y Chamelecón. Como siempre, los más desposeídos son los que más sufren.
En el caso de La Lima, las millonarias pérdidas que enfrenta la Tela Rail Road Company -la principal fuente de empleo en ese municipio- repercute en los trabajadores.
En las últimas semanas la transnacional ha entregado prestaciones a 700 obreros y 170 se encuentran suspendidos por tiempo indefinido.
Drama
“No hay trabajo en los campos, las tierras de los agricultores independientes están enfermas, no producen, los alimentos ya no están llegando, ya no sé qué hacer”, se lamentó Hortensia Linares, madre de tres hijos.
Las historias son las mismas. En cada vivienda se percibe la necesidad. No se escucha ni música, ni risas... hay silencio... la mudez es de preocupación.
Rostros desencajados, niños lamiendo los residuos de guineos sancochados que quedan en los platos. No saben si será el único tiempo de comida de ese día. El drama realmente conmueve.
Restos de aparatos eléctricos, camas y muebles que se dañaron por el lodo ahora se entrevén al aire libre como ingrediente principal al panorama desolador.
El olor de la humedad todavía persiste. En sitios como Lupo Viejo, Montevideo, Poza del Riel y Tibombo se evidencia la devastación provocada por Gamma que en cuestión de horas le arrebató a sus habitantes las esperanzas de comenzar un año lleno de ilusiones.
La preocupación se incrementa más por las plagas de zancudos y moscas que se desataron y que todavían existen. Marcos Darío Torres es poblador de Tibombo y uno de sus principales temores es la aparición de una epidemia de dengue.
“Ni Dios lo quiera, de por sí ya estamos muy mal y que nos venga una enfermedad de éstas nos terminaría de acabar”, señaló.
Hace un mes, las autoridades del centro de salud de La Lima llegaron junto con los miembros de la 105 Brigada de Infantería a realizar trabajos de fumigación, pero debe haber continuidad.
La fumigación llegó de la mano con una brigada médica. Adultos y niños recibieron asistencia, unos por problemas respiratorios, otros por afecciones en piel y la mayoría por diarreas, que todavía no desaparecen.
Solidaridad
Los hombres y mujeres, cabezas de familia, no piden manutención de por vida, sino un respaldo para levantar sus comunidades.
“Muchos creen que estamos atenidos a que nos vengan a dar todo, no es así, lo que necesitamos es un apoyo de entrada”, dijo el poblador de Lupo Viejo, Juan José Veliz.
En el caso de los agricultores independientes, explicó, necesitan apoyo técnico ya que llevan dos intentos fallidos de sembrar milpas y hortalizas y las mismas se pierden porque las plagas de insectos atacan los cultivos.
El temido gusano pulgón está atacando los maizales.
“El problema es que los terrenos no fueron saneados cuando bajó el agua, aquí muchos no entendemos de esas cosas y por más intentos que hagamos seguimos en lo mismo”, comentó Veliz.
El pulgón es la plaga más frecuente y grave que tienen algunos cultivos y plantas ornamentales como las rosas. Atacan principalmente a brotes tiernos provocando el típico enrollamiento de las hojas.
Daños
En cuatro sectores de la cuenca baja del río Ulúa: Guanchías, Guaymas, ex campos bananeros y Ramal del Tigre, también sufren las secuelas de Gamma.
En el casco urbano de El Progreso, las inclemencias de la tormenta tropical dejaron 11,475 evacuados distribuidos en 38 albergues.
Unas 20 colonias resultaron inundadas en ese municipio por el desbordamiento de algunas quebradas y al obsoleto drenaje de aguas lluvias.
La Comisión Permanente de Contingencias, Copeco, informó que en 27 comunidades de El Progreso, 15 de El Negrito y 12 de Tela, en Atlántida, hubo devastaciones de cultivos por la crecida de las aguas, siendo el maíz, plátano, palma africana, hortalizas, pastos, cultivos varios y reses y caballos los más dañados.
Aquí, las pérdidas ascienden a casi los 27 millones de lempiras.
La falta de agua potable y de energía eléctrica hace más difícil el diario vivir de la gente que recibió a Gamma. El hambre los hace incluso pescar en los malolientes quineles y en las aguas estancadas que todavía persisten en algunas zonas.
Es de allí donde sacan también el agua para los quehaceres domésticos.
Ésa es la realidad. La huella de la feroz tormenta todavía no sana en los hombres, mujeres y niños que huyeron de sus moradas para salvar sus vidas y dos meses después siguen luchando por sobrevivir.