Erandique. A sus 11 años, Keyla Sarahí García López sueña con ser maestra. Y no es para menos, la abnegación, el amor y la dedicación que demuestra su profesor de sexto grado Daniel Martínez Alvarado le sirve de ejemplo y para ella es su modelo a seguir.

Eran las 8:00 am en Azacualpa Montaña. El frío, la niebla y un poco de lluvia no eran impedimento para que el profesor Martínez realizara su trabajo educativo en esa comunidad jurisdicción de Erandique, Lempira.

A la orilla de la carretera y sobre el tronco de un árbol, un hombre sostenía un libro y una niña lo escuchaba con atención.

Ni el ruido del carro los desconcentró. Se trataba de una clase de matemáticas al aire libre.

El profesor aceptó interrumpir un rato su clase para compartir cómo ahora en tiempos de pandemia por el covid-19 se enseña.

Con sus zapatos llenos de lodo, pues el estado de la carretera es crítico, se puso de pie y contó que tiene 54 años, ha trabajado en varios centros educativos y en la escuela Dionisio de Herrera de Azacualpa Montaña lleva ya seis años impartiendo el pan del saber.

Confiesa que nunca imaginó vivir una pandemia y que ha dejado en evidencia las desigualdades sociales porque los niños no tienen acceso a internet y hay zonas, entre ellas Azacualpa, donde ni siquiera tienen señal de celular.

“Tenemos dificultades, pero a pesar de ello los maestros estamos trabajando. Es un tiempo difícil para la educación y dar clases se ha vuelto complicado”.

El profesor tiene a su cargo 20 niños que finalizarán su primaria este año. Cada semana los reúne una vez para asignarles tareas de manera presencial.

Por la falta de señal no siempre puede contactarlos y tiene que desplazarse hasta los caseríos cercanos. Para él, “enseñar es un acto de amor, y en pandemia el esfuerzo es más grande”.

En esta zona es difícil la señal y “más que todo hacemos visitas a los niños en las casas, los reunimos por grupitos en sectores, hacemos visitas para asignarles trabajos cada ocho días”. En el caso de Keyla, el maestro buscó darle reforzamiento a la orilla de la carretera y así lo hace con otros para que se pongan al día.

“Los niños muestran interés y se alegran cuando uno los visita, preguntan por las tareas y se motivan para recibir clases”, asegura. Keyla valora el esfuerzo del profesor Daniel y dice que le da gracias a Dios por la oportunidad de aprender. “Estoy feliz porque él viene a darme clases acá y yo quiero aprender bastante. Quiero ser maestra”.

A su corta edad hace tortillas, lava ropa y ayuda a su madre en los quehaceres, pero gracias al esfuerzo del profesor Daniel ella tiene una visión diferente de lo que quiere para su futuro.

Así como él, centenares de maestros caminan en las áreas rurales, se esfuerzan e invierten de sus recursos para formar a sus alumnos en tiempos de pandemia.

Por ese esfuerzo, feliz día profesor Daniel y también a todos los maestros que como usted con el ejemplo hacen soñar a los niños de Honduras como a Keyla.