Aun en una época de visas láser y patrullas aéreas no tripuladas, este rincón somnoliento donde EUA y México se encuentran en el río Grande apenas ha cambiado en dos generaciones.
Ningún puente de acero ni carriles amplios atestados de camiones atraviesan el río. En cambio, un pequeño transbordador fluvial transporta a peatones y vehículos, de a tres a la vez, entre las márgenes arenosas en ambos países. Sólo es operado por cinco hombres que jalan de una soga y sigue siendo el último cruce a ferry en la frontera sur estadounidense.
Historia
'Es casi como si se hubiese detenido el tiempo, y sigue funcionando', comentó Ed Reyna Jr., hijo del agricultor y político local que inició el ferry en 1950. Siempre se ha hablado aquí de reemplazar el ferry con un puente más eficiente, pero los planes no se han concretado jamás, de modo que el transbordador sigue operando igual. Funciona todos los días entre las ocho de la mañana y las 3.30 de la tarde. Si está demasiado lluvioso o ventoso, o si es tarde, quienes quieran cruzar deben manejar media hora hasta la ciudad de Río Grande. 'La gente me llama todo el día cuando empieza a llover', dijo Mark álvarez, sobrino de Reyna y actual operador del ferry. Si no hay fila, o si la tripulación no está en su pausa de 15 minutos para almorzar, el cruce tarda unos 8 minutos.
Valor
El pasaje cuesta 50 centavos de dólar para las personas y 2,50 dólares por automóvil.
Sólo unos 40 carros cruzan por día en Los Ébanos. En contraste, unos 33 mil vehículos pasan diariamente por el puesto fronterizo de Laredo, en una carretera designada por el Tratado de Libre Comercio para América del Norte. Cada persona y vehículo que entra a Estados Unidos es revisado por agentes de aduanas y fronteras.