Los recuerdos de una de las tragedias más grandes causadas a propósito por el hombre afloran nuevamente 65 años después de haber ocurrido.
“Mi mamá me jaló al suelo y me cubrió con su cuerpo, escuchamos ruidos y sentimos que estaban volando cosas. De repente, total silencio”, es el recuerdo de Yasuaki Yamashita, sobreviviente del ataque nuclear a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
Varias naciones del mundo llevaron a cabo el viernes diferentes ceremonias por el aniversario de la explosión de armas atómicas y para advertir la amenaza que representa este tipo de armas.
“Yo tenía seis años, vivía en la ciudad de Nagasaki, a 2.5 kilómetros del centro. Si la bomba hubiera caído en el blanco, que era el astillero, donde construían los barcos de guerra, yo no estaría aquí platicando de esta tragedia de la humanidad”, dijo Yamashita, presente en uno de los actos.
El sobreviviente describió que Nagasaki es una ciudad muy montañosa, lo cual sirvió para dar algo de protección.
“No me acuerdo por qué ese día no había ido con mis amigos a la montaña cercana para cazar libélulas o cigarras, eso era nuestra diversión cotidiana”, dijo esta mañana uno de los sobrevivientes japoneses, de 71 años de edad.
Relató que los niños bajaron quemados de la montaña, un pequeño con severas lesiones que murió agusanado a los dos o tres días y nadie tenía nada qué comer.
“En la noche podíamos ver la ciudad en llamas días y días, no teníamos nada que comer, estábamos muriendo de hambre (...). Cuando fuimos al campo, caminamos cerca del epicentro y lo que vimos era más que infierno. Es difícil, creo que imposible, describir la pesadilla viva que ahí había”, dijo.
No más armas nucleares
El jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, pidió trabajar contra la proliferación de armas nucleares en el mundo con motivo del aniversario 65 del lanzamiento de bomba atómica en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
El jefe de gobierno, como promotor de la Organización de Alcaldes por la Paz, encabezó un homenaje a las víctimas de bombas atómicas en esas ciudades de Japón.
“(La bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki) fue una de las más grandes tragedias de la humanidad. Nos comprometemos a que el mundo tenga garantías de que no vamos a vivir otra tragedia como ésta”, dijo Ebrard.
En 1982, en la sede de Naciones Unidas, el alcalde de Hiroshima propuso un programa para promover la solidaridad entre ciudades para la abolición total de las armas nucleares. Así nació la red de Alcaldes por la Paz.
La secretaria general del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, la embajadora Gioconda Ubeda, destacó el trabajo del gobierno del Distrito Federal para brindar apoyo a la organización Alcaldes por la Paz.
En abril pasado, Canadá, Estados Unidos y México llegaron a un acuerdo con la Agencia Internacional de Energía Atómica, Aiea, para erradicar el uranio altamente enriquecido y utilizar combustible de bajo enriquecimiento en el único reactor de investigación nuclear mexicano.
Según la Casa Blanca, este acuerdo sirve para reforzar “la seguridad nuclear en Norteamérica”.
“Con la guerra nadie gana”, expresó Yamashita al concluir la ceremonia.
“Lo volvería a hacer”
Theodore van Kirk, el único de los tripulantes que aún vive del bombardero B29 Enola Gay, que el 6 de agosto de 1945 lanzó sobre Hiroshima la primera bomba atómica de la historia, ha explicado que “lo volvería a hacer” si las circunstancias de hoy fueran las mismas que aquel día de 1945. También ha dicho que “era la manera más humana de acabar la guerra”.
Ha afirmado que directamente no fue informado de que se trataba de la bomba atómica, pero lo dedujo por la información y el entrenamiento que les dieron y por lo que pudo observar. Les explicaron que se trataba de una bomba muy potente, que podía destruir una ciudad entera. También les dieron indicaciones para escapar del efecto de la bomba una vez lanzada y les informaron del riesgo de que no lo consiguieran y perdieran la vida ellos también.
Asimismo, ha asegurado que la noche antes de aquellos hechos no durmió y estuvo jugando al póker con algunos de sus compañeros, entre ellos el piloto del Enola Gay. Antes de partir, posaron para varias fotos y concedieron entrevistas. Una vez que despegaron, su pensamiento era “que la bomba tenga éxito”.
Y cumplida la misión, no miró atrás, no vio qué pasaba en el suelo porque volaban para escapar de la deflagración, ha explicado. Sí pensó, sin embargo, que después de eso la guerra había terminado. “No nos podíamos imaginar cómo Japón podía enfrentarse a ese ataque, condenar su población a esa elevada mortalidad y brutalidad, a aquel tipo de bomba”.
Asegura que no ha luchado nunca en una guerra sin víctimas y afirma que “éste es el precio de la guerra”, un conflicto que califica de justo: “Ellos nos habían atacado y nosotros contestamos”, concluye.