Cargado hasta los topes, el navío 'Astrolabe' partió a mediados de enero del pequeño puerto australiano de Hobart para acometer una misión esencial en la Antártida: el abastecimiento de las dos bases científicas francesas.
Este buque, de 65 metros de eslora, efectúa cada verano austral cinco viajes entre Hobart y Tierra de Adelaida, desafiando a menudo las aguas embravecidas, salpicadas de icebergs a la deriva.
'La presencia de hielo no tiene nada de preocupante', explica sin embargo el comandante, Xavier Le Bras, quien apunta que los trozos más grandes son detectados por el radar, mientras que los más pequeños, que no son peligrosos, tan sólo resquebrajan la pintura bajo el casco.
El navío, diseñado en sus orígenes como aprovisionador de plataformas petrolíferas, es el único medio utilizado para hacer llegar los recursos necesarios, tanto para la supervivencia como para la investigación, a los científicos que ocupan durante todo el año las bases francesas Dumont d'Urville y Concordia.
En efecto, una pista de aterrizaje construida a inicios de los año 90 en la isla de Lion, cerca de Dumont d'Urville, quedó destruida debido a una gran tormenta en 1994, incluso antes de su inauguración.
El 'Astrolabe', que debe su nombre a uno de los dos navíos capitaneados por el explorador Jules Sébastien César Dumont d'Urville durante su descubrimiento de Tierra de Adelaida (1840), es fletado por el Instituto polar francés Paul-Emile Victor (IPEV).
Para este viaje de mediados de enero, el navío transporta más de 120 toneladas de mercancías, entre alimentos y material científico, así como 350 toneladas de combustible para las bases. Un total de 31 científicos o técnicos viajan a bordo.
Durante su primer periplo anual, en octubre, el banco de hielo formado alrededor del continente antártico todavía no se ha fundido: el 'Astrolabe' se encuentra entonces bloqueado a entre 30 y 60 km de la costa. El desembarco de pasajeros y material debe efectuarse por helicóptero.
En revancha, su última partida de la estación de Dumont d'Urville, en marzo, se produce antes de que el hielo impida el paso del navío.
Para la entrega de víveres, combustible o equipos técnicos destinados a la nueva base franco-italiana Concordia, a 1.100 km al interior del continente, una segunda aventura empieza tras el desembarco.
Cargado sobre gigantescos trineos tirados por tractores, el material es transportado durante once días a través de los casquetes glaciares, a una velocidad de 10 km/h. El mercurio marca entre -20 y -40 grados centígrados.
La organización de esta operación de abastecimiento resulta extremadamente compleja. Así, el envío de los cargamentos más pesados se inicia dos años antes en Francia, antes de su llegada a Concordia.
El proceso se repite cada año con el fin de aprovisionar a los científicos, quienes, generación tras generación, siguen desde hace 50 años y sin interrupción, la evolución del gran continente blanco.