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Domingo de Ramos en Jerusalén

  • Actualizado: 05 abril 2009 /

La procesión del Domingo de Ramos, que da inicio a la Semana de Pascua en Tierra Santa, es una de las experiencias más emotivas para los cristianos locales y peregrinos de todo el mundo.

La procesión del Domingo de Ramos, que da inicio a la Semana de Pascua en Tierra Santa, es una de las experiencias más emotivas para los cristianos locales y peregrinos de todo el mundo, que pueden recorrer y recordar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

“Lo característico de esta procesión, es que por un lado es itinerante, es decir, vas siguiendo cada paso que hizo Jesús, y por otro, vas haciendo memoria y recordando los momentos que él vivió y esto es algo que te toca muy adentro”. Estas no son las palabras de un peregrino sino la descripción que hace de la procesión el vice-custodio de Tierra Santa, el padre franciscano Artemio Vítores, que recorre el camino de “subida” a Jerusalén que hizo Jesús antes de ser juzgado y crucificado.

La procesión inicia en la Iglesia franciscana de Betfagé, ubicada en el Monte de los Olivos, construida sobre la piedra que -según una tradición que data del siglo VII- Jesús empleó para subirse a un pollino con el que entró en la ciudad amurallada de Jerusalén.

Escribe San Lucas: “Al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos diciéndoles: “Vayan al caserío que está frente a ustedes. Al entrar, encontrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: el Señor lo necesita”. Fueron y encontraron todo como el Señor les había dicho”.

La marcha recorre cinco kilómetros que separan esta iglesia situada extramuros del templo de Santa Ana, dentro ya de la ciudad amurallada, donde se dio la bendición final.

La Procesión de Palmas o de Ramos por el Monte de los Olivos serpentea por entre las aldeas palestinas del este de Jerusalén, donde el grueso de la población árabe profesar el Islám.

Por la puerta de los leones
El colorido de la marcha viene dado por un conjunto variopinto de seguidores, entre creyentes locales palestinos, extranjeros y turistas. Todos ellos aprovechan la ocasión para vivir una experiencia irrepetible.

Durante la Semana Santa, Jerusalén recobra la esencia del cristianismo incipiente y el visitante tiene la sensación de que en cada paso, cada sonido y cada respiro se palpa el espíritu de fraternidad.

Durante el Domingo de Ramos no es extraño ver a un grupo de católicos de rito oriental y vestidos como popes, que marchan en silencio junto a otro grupo multi-étnico de latinos que van cantando “Hosánas” y “Vamos a la casa del Señor”, seguidos por devotos palestinos que oran en árabe, acompañados de franciscanos italianos que entonan apropiadamente: “El Señor es la paz que vence la guerra”.

Tras bajar del Monte de los Olivos y recorrer los lugares santos donde Jesús pasó sus últimas horas, como el Huerto de Getsemaní y la Iglesia de la Agonía, la procesión entra en la ciudad antigua de Jerusalén por la Puerta de los Leones, también llamada de San Esteban.

Aunque Jesús de Nazaret entró en Jerusalén por la denominada “Puerta Dorada” desde finales del siglo pasado la marcha se adentra en el casco histórico por otro acceso, pues esa puerta permanece cerrada prácticamente desde el dominio turco en Tierra Santa.

Una vez cruzado el acceso a la ciudadela, los fieles pueden recorrer en procesión alzando ramos de olivos y de palma, las calles de adoquines de piedra de camino hacia la Iglesia de Santa Ana, madre de la Virgen María.

Esta iglesia está ubicada en el lugar donde la tradición sitúa el nacimiento de la Virgen, sobre la Vía Dolorosa que recorrió Jesús cargando con la cruz hasta el monte Gólgota, donde se construyó la Basílica del Santo Sepulcro.

“Los evangelios dicen que al paso de Cristo algunos cortaban ramos de árboles y alfombraban la calzada”, destaca el vicario de Tierra Santa, quien insiste en que la tradición de los ramos procede de los usos y costumbres de la época. “Es una constante en la zona, lo dice el Evangelio, la exaltación mediante la palma o ramos de olivo ya formaba parte de la fiesta de Sucot”, explica Vítores.