La cuenta regresiva comenzó para los niños, padres de familia y maestros de la escuela Espíritu Santo del municipio de Santa Bárbara.
Un fallo emitido por la Corte Suprema de Justicia permite la entrega de la escuela de enseñanza modelo a Justiniano Tróchez, dueño del terreno donde se construyó el inmueble. Esto ocurriría el 1 de diciembre.
Los miembros de la Fundación Guadalupe no se quedarán de brazos cruzados. Ya interpusieron ante la Suprema Corte un recurso de amparo, pues perder la escuela significa dejar a 125 niños sin educación y sin las becas de 600 dólares que anualmente recibe cada infante de parte de almas bondadosas hondureñas y extranjeras.
El conflicto
El lío legal que tiene enfrentados a un conocido terrateniente patepluma con la fundación comenzó luego de la construcción de la escuela en el barrio Llano del Conejo, en esta cabecera departamental.
El padre Enrique Silvestre, artífice de innumerables obras sociales, tenía previsto en 1999 construir el segundo centro de enseñanza modelo. Éste sería igual al que funcionaba en San Pedro de Zacapa, donde él radica.
La escuela se edificaría en el municipio de Las Vegas, pero la Junta de Desarrollo del barrio Llano del Conejo le solicitó al padre que la construyera allí.
El párroco señala que el único requisito que la fundación Guadalupe solicitaba era que la comunidad diera como contraparte el terreno, para él la garantía sería la escritura a nombre de la fundación.
“Fue una trampa”
La junta se comprometió y Justiniano Tróchez, quien se desempeñaba como tesorero de la junta, ofreció uno de sus terrenos y fue también el que se encargó de hacer las escrituras.
El padre Silvestre explicó a LA PRENSA que todo el lío legal que ahora él y la fundación enfrentan es parte de la artimañana de Tróchez y otros miembros de la Junta de Desarrollo.
La escritura que ya fue anulada tenía varios vicios que él no detectó, pues su interés era edificar la escuela y echarla a andar.
Señala que una de las anomalías es la entrega de 400 mil lempiras por parte del padre Silvestre como pago por el terreno.
Ante el Tribunal, el padre aseguró que él no le dio dinero porque el compromiso a pagar la tierra era de la comunidad.
El padre denunció abiertamente que las influencias políticas están favoreciendo a Tróchez porque la modalidad de la fundación impide adquirir un compromiso como la compra del terreno.
“El tonto fui yo, en el sentido social de la palabra. Si hubiese sido de mal pensamiento le digo pues sí ya le pagué. ¿No lo dice ahí la escritura? Es una trampa bien hecha”.
El párroco, dolido y enfermo por esta situación, señaló fuertemente a Tróchez. “Todo esto se llama maldad. Este señor no tiene corazón, en vez de eso tiene un doblón de oro, quiere dólares. No me da vergüenza decirlo. Todo esto ha sido un engaño, va en contra de Honduras, de los intereses de la educación, de los niños de las familias. ¿Cómo viviremos con este tipo de gente?”, criticó.
Quiere su dinero
Amparándose en los gastos que le ha generado todo el proceso legal, Tróchez, quien por primera vez atiende a un medio, fue tácito al decir que quiere que le paguen su terreno.
Señaló estar abierto al diálogo, aunque sí aclaró que el predio de 10 mil 330 varas cuadradas ahora no costará lo mismo que hace seis años.
“No sé cuánto costará hoy. Un perito debe hacer las evaluaciones, pues hemos tenido muchos daños y perjuicios”, dijo.
Tróchez señaló que desde el inicio el padre se comprometió a pagarle.
Apoyo a niños de escasos recursos
En el jardín y escuela Espíritu Santo fueron edificadas gracias a los recursos proporcionados por la Fundación Ave María, con sede en EUA, así como fondos privados y varias donaciones.
Al no ser manejada por el Estado, la escuela es privada, pero a la vez gratuita. Mediante la intervención de la Fundación Ave María y otras ong, utiliza un sistema de apadrinamientos.
Su compromiso es contribuir con 600 dólares al año por cada niño, por ello ningún padre de familia paga una mensualidad.
Actualmente, esta ayuda llega a 125 niños de escasos recursos de la zona. Funciona en los niveles básico y prebásico, utilizando en el proceso de enseñanza-aprendizaje, la metodología activa y participativa.