San Pedro Sula, Honduras.

Poco después de haberse hecho cargo de la parroquia de Chamelecón, el padre Luis Estévez fue víctima de un asalto perpetrado por pandilleros de la zona, pero en vez de amedrentarse más bien se dedicó a trabajar con más ahínco para ayudar a recuperar la paz en ese conflictivo sector.

Venía de noche de oficiar una misa en la colonia Suyapa, cuando al pasar frente al instituto Modesto Rodas Alvarado de Chamelecón aparecieron los sujetos, quienes después de bajarlo del vehículo lo tiraron al suelo y comenzaron a golpearlo con sus armas.

Cuando se identificó como el párroco de la iglesia Santísima Trinidad, uno de los sujetos le dijo cínicamente: “perdóneme padre, pero le tocó”. Le robaron hasta una mochila en la que guardaba, como recuerdo, las ornamentas de su ordenación como sacerdote, que había tenido lugar recientemente en la catedral de San Pedro Sula.

Me desgarra el corazón conocer los casos de familias que han sido violentadas

Luis Estévez, Párroco de Chamelecón
Tuvo que llegar a pie y descalzo hasta la casa cural porque los pandilleros lo despojaron también de sus zapatos y de su vehículo, el cual apareció después.

Admite que quedó temeroso luego de aquella experiencia, pero pensó que si Dios lo había puesto al frente de esa misión, con la ayuda de él tenía que hacerle frente a la situación.

“Comencé a acercarme a ellos y a verlos como hermanos y como amigos para que entendieran que nuestra misión va dirigida a todos, aunque algunos estén en contra del respeto a la vida”, expresó.

Mañana se cumplen seis años de que el padre Estévez asumió el reto de dirigir la parroquia de Chamelecón, un sector estigmatizado como uno de los más violentos de San Pedro Sula.

Desde aquella fecha las cosas han cambiado mucho, gracias a las diferentes actividades que el joven sacerdote realiza para enseñar a la gente a valorar y respetar la vida.

La maratón “Yo corro por la vida” es una de esas jornadas en las que participan todos los vecinos, incluyendo integrantes de pandillas.

Esa actividad ha ayudado a bajar los índices de violencia. “Me desgarra el corazón conocer los casos de familias que han sido violentadas o son obligadas a dejar sus casas”, expresó.

Sin embargo, no se queda de brazos cruzados ante esta situación. Ya está estableciendo una alianza con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas (Acnur) para dar asistencia médica a las víctimas de la violencia. Paralelamente desarrolla una labor humanitaria a favor de los causantes de la violencia. A uno de ellos, incluso, lo bautizó en privado.