21/03/2026
11:31 AM

Catrachas han puesto al mal tiempo buena cara

La población hondureña en Louisiana bajó en número después del paso del huracán Katrina a finales de agosto de 1995.

La población hondureña en Louisiana bajó en número después del paso del huracán Katrina a finales de agosto de 1995. Hoy se estima que 60 mil catrachos viven repartidos entre New Orleans y Baton Rouge, pues muchos evacuaron y no regresaron al sitio donde ocurrió la más grande catástrofe natural de Estados Unidos. Parecerá increíble, pero gracias a esa tragedia, algunos se ganan hoy la vida conduciendo un recorrido diario para que los turistas conozcan, por 35 dólares, los sectores donde el viento y el agua se llevaron todo.

Pese al éxodo, en el gran New Orleans los miembros de esta inmensa comunidad se ven o se escuchan por todos los rincones: taxistas, meseras, cafeterías, limpieza, supermercados, restaurantes, peluquerías, mecánicas, despachos profesionales y un sinfín de pequeños y medianos negocios. Todos llegaron a Estados Unidos en busca de cumplir el sueño americano. Niños de entonces que ahora son profesionales de primera línea.

El médico Clemente Mendoza es uno de ellos. A su excelente labor como doctor se unió su actitud voluntaria y de generosa entrega a raíz de la emergencia por lo ocurrido con Katrina, lo que movió a que sus colegas, jefes y junta de directores del Hospital General Jefferson le otorgaran un reconocimiento público por escrito. También lo hizo la ciudad de New Orleans. Ambas distinciones se exhiben, con mucho honor, en la siempre concurrida sala de espera de la Clínica Mendoza, junto a la imagen de la Virgen de Suyapa, escoltada por la bandera de Honduras, en una esquina vecina al bulevar Veteranos.

Triunfadoras

En el concurrido restaurante Shulas’s, a metros de la inconfundible y siempre bullanguera Bourbon Street, una mesera se acerca a saludar y atender, llevando en la mano una réplica de pelota de fútbol americano que sirve como carta-menú de los contundentes shula-cut.

Ella es Martha Bermúdez, una hondureña llegada en 1991 desde Tegucigalpa. A su lado, también vistiendo de etiqueta para la ocasión, Justa Pérez, originaria de El Progreso. Ambas son ahora bilingües y están satisfechas con su suerte y el bienestar que les permite trabajar en un restaurante de alto nivel.

En otro sector de la gran ciudad, la estilista hondureña Evenia Villanueva presenta orgullosa su amplio, moderno y muy bien equipado centro de belleza: “Carmen and Santos”, inaugurado hace cuatro años en el distrito Kenner. Es otra protagonista triunfadora.

“No sólo tengo clientas de New Orleans, sino que hay gente que viene de dos horas de distancia, de las afueras de la ciudad, o de Baton Rouge. Incluso del estado vecino, Mississippi. Me conocen y se van pasando la voz. Llaman y reservan cita”, dice Evenia.

Dos recepcionistas atienden solicitudes por el correo frontdesk@carmenandsantos.com y también está el sitio www.carmenandsantos.com.

Progreseña visionaria

En 1983, cuando Evenia era aún adolescente, su familia dispuso que viajara desde su natal Tela a casa de una tía en New Orleans para ir a la escuela y aprender inglés. Al graduarse de high school, comenzó a estudiar belleza mientras trabajaba como cajera de un supermercado y luego como vendedora en un mall. A los 21 años de edad ya atendía el pelo, pensando muy rápido en el sueño de instalarse con salón propio.

En esa época conoció al ingeniero eléctrico hondureño Manuel Francisco Villanueva, residente en New Orleans y originario del departamento de Cortés, con quien contrajo matrimonio.

En 1991 abrieron un salón de peinados y a los pocos años compraron dos lotes de terreno para construir una edificación comercial de dos pisos e instalarse allí.

Tienen espacio en la planta baja más que suficiente para atender por separado los tratamientos de belleza: corte de pelo, lavado, estilo, manicure, depilación y cosmetología, además de tratar el cuerpo y sobre todo la cara con diversas especialidades.

Evenia dirige su negocio y atiende como estilista, manejando este gran salón que lleva los nombres de los abuelos de su esposo. Son equivalentes a 315 metros cuadrados muy bien diseñados interiormente, que dan cabida a sus especialidades y a moderna maquinaria, rodeada de cómodos sillones. Trabajan quince expertas en belleza, de variadas nacionalidades, cinco de ellas hondureñas.

“Disponemos de cuartos exclusivos y privados para algunos tratamientos y servicios a cargo de una expecialista en el tratamiento del rostro. Ponemos oxígeno a la piel, para lo que contamos con la maquinaria más moderna, que la cual utiliza pequeños cristalitos que permiten renovar las células muertas y provocan que la piel rejuvenezca”, cuenta Evenia.

“Una novedad nuestra es el maquillaje permanente. Se tratan en especial las cejas, orillas de labios y alrededor de los ojos. Es una especie de tatuaje con tintas vegetales, que permanece por lo menos cuatro años”, asegura.

Agregó que puede preparar un champú del color que la clienta desee, usando una línea cien por ciento natural de Aveda, cuyos productos su negocio representa en exclusiva.

“Tenemos un cuarto especial para tratar el rostro, equipado con luces verdes y rojas. La verde es para problemas de acné, espinillas y todo eso. Se secan. La roja está destinada a reducir las líneas finas de la cara”, apunta Evenia con satisfacción.

En otro cuarto debidamente acondicionado, una experta brasileña atiende masajes reductores de peso y fabrica una cera para depilación que no necesita papel para halar. Es de alga marinas, originaria de Brasil. También hay un rincón donde una experimentada depiladora hindú saca los vellos de la cara usando sólo un hilo.

“Contamos con un lugar privado y equipado para atender a novias y sus damas o preparar a quinceañeras. En la ocasión, ponemos bocaditos y todo ese cuento”, concluye.

Aunque siempre tiene una agenda llena de citas y compromisos, la empresaria de la belleza se da tiempo para visitar cada año a su padre en El Progreso, Yoro. A veces va toda la familia, es decir, con Manuel Francisco y las hijas de ambos, Samantha y Frances, de 19 y 16. Su esposo es el responsable de los libros administrativos del salón.

Él labora en la telefónica Sprint y aunque su mujer no lo revela, de ahí tuvo que haber surgido la idea promocional y de marketing con el número de teléfono del salón: (504) 467-PELO.

Bulevar de la calle Canal recobra su esplendor

El huracán Katrina fue benévolo con el barrio turístico por excelencia de la ciudad de New Orleans, el famoso French Quarter, donde los festejos del popularísimo carnaval Mardi Gras nunca se han detenido.

Por el amplio bulevar de la calle Canal, que en aquellos aciagos días quedó cubierta por el agua, hoy otra vez corren los viejos tranvías y pasa repleto de gente alegre y entusiasta que no quiere perderse detalle de la tradicional fiesta previa a la Cuaresma.

En una de sus veredas, a metros de la inconfundible y siempre bullanguera Bourbon Street, y por el lado opuesto al gran río Mississippi, el elegante restaurante de la cadena Shula’s permite que, desde sus amplias ventanas, los comensales miren el “va y viene” de los miles de paseantes con o sin antifaz, que lucen infinidad de collares multicolores lanzados desde balcones vecinos, mezclándose con disfrazados que ven pasar el desfile de Carnaval. No importa la hora. Aquí no hay horario de cierre para el comercio establecido.