San Pedro Sula, Honduras
Siempre llevó a Honduras en su corazón y desde sus espacios ha promovido proyectos a favor de la mujer y la niñez. El huracán Mitch fue la oportunidad que le abrió puertas y ahora desde Plan Internacional trabaja en comunidades, adonde promueve el liderazgo de la mujer y de los niños.
¿Quién es Belinda Portillo?
Soy una hondureña que nací en La Paz, pero crecí en Tegucigalpa. Estudié en Honduras y luego en Chile, adonde hice estudios en Planificación y Política Económica, y después regresé al país a trabajar. Conocí a mi esposo que es argentino y con él iniciamos un recorrido por varios países. Durante muchos años viví en Costa Rica, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Jamaica, pero tuve que volver a Honduras cuando mi madre murió. Eso significó iniciar y reencontrarme de nuevo en mi tierra, y estoy contenta de estar de nuevo en Honduras.
| Proyección
Trabaja en 12 departamentos del país de la zona centro, sur y occidente, donde desarrolla programas a favor de los niños, la mujer y las comunidades en busca del cambio.
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¿Cómo se involucra con los organismos internacionales ?
Después del huracán Mitch trabajé en los planes de reconstrucción municipal, adonde hice un mapeo de las organizaciones presentes en los diferentes municipios. Allí encontré a Plan.
Hablaban de la organización. La gente me decía que hacía puentes, sistemas de agua, césamos, y la califiqué como una organización que promovía proyectos de infraestructura. Años después me informaron que estaban reclutando para ingresar al sistema de Plan Internacional. Mandaron mi nombre, y así empecé a trabajar. Tengo 17 años de laborar. Inicié en Honduras, pero luego me fui a Paraguay, primero como directora de programas y luego como directora nacional de Plan. Soy la primera hondureña que ostenta ese cargo y por cosas de la vida solicité regresar a Honduras y estoy aquí. Es algo no común, porque no se aceptan nacionales dirigiendo sus países, pero desde 2014 estoy aquí.
¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
Tenía dos años de trabajar en Plan y un día mi hija me dijo: “Mamá desde que trabajas en Plan sos una mejor mamá”. Eso lo dice todo. Pero antes trabajé en el movimiento cooperativista, en la Financiera de Cooperativas Agropecuarias (Finacoop). Estando allí formé el primer comité de mujeres cooperativistas de América. Eran parte de la Alianza Cooperativa Internacional y me convertí en su vicepresidenta. Un año después logré ser la primera mujer que representó al continente americano en la junta directiva mundial de cooperativismo.
Lástima que con el Mitch muchas de esas cooperativas quebraron y tocó empezar de nuevo. Sin duda que ese trabajo y Plan han sido de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Plan por ejemplo, me cambió la vida, me ha hecho más humana, más honesta, íntegra y eso no tiene precio.
¿Cómo equilibra sus funciones como ama de casa y profesional?
Tengo un esposo, un compañero que entendió mi trabajo y compartió responsabilidades en el hogar. Esa ha sido mi suerte.
Me ha dejado ser yo. Tengo tres hijos y tres nietos. Una de mis nietas hace unos días me pidió que le contestara unas preguntas de una tarea en la escuela. Eran tres, me preguntó: ¿Cómo conocí al abuelo? ¿Por qué nos casamos y por qué decidimos hacer una familia?
Y le respondí: porque nunca me hizo llorar y siempre me hizo reír. Entonces, mi esposo ha sido mi cómplice, sino no hubiera podido lograr tantas cosas. Él me dejó volar y no me cortó las alas. Hemos superado los altos y bajos y eso es importante valorar y entender.
¿Cómo planifica su vida fuera de Plan Internacional?
Seguiré haciendo otras cosas. Yo doy gracias a Dios porque encontré en mi vida el propósito y es el de servir. Le puedo asegurar que le he encontrado sentido a la vida. Ahora más que nunca lucho porque las mujeres se empoderen, que se nos valorice. Aquí o en otro lugar seguiré trabajando y lo puedo hacer porque ese conjunto de valores, conocimientos y actitudes ya las logré. Plan lo que hizo es complementar los valores que traía de casa. La figura más fuerte de mi vida ha sido la de mi padre, él fue quien me enseñó que el mundo hay que desafiarlo.
Tengo una frase que es mi preferida y es “Prohibido estacionarse”, porque uno tiene que continuar independientemente de lo que pase. Y eso es lo que quiero que entienda la gente, que no importa cuántas veces uno se cae, lo importante es la capacidad de levantarse.
¿Cómo impulsaría a la mujer para que sea un instrumento de cambio?
Sencillo, es decirle: dejar y vencer el miedo. Somos capaces. Las mujeres podemos cambiar el mundo, siempre y cuando decidamos hacerlo. Siempre va a haber barreras y esa barrera es la que marca el balance entre la vida doméstica y la profesional. Todo recae en la mujer, pero podemos lograr ese balance.
No dudemos de nada, porque estamos preparadas para llegar a posiciones de poder. No copiemos liderazgos masculinos que no son los nuestros. Hay que utilizar el estilo de liderazgo femenino, un estilo más humano para entender que podemos desarrollar y dar espacio a otras mujeres.
¿Ve a una mujer como presidenta de Honduras ?
Claro que sí. Yo sueño con una Honduras 50 y 50. El poder es como una torta, es un pastel. Las mujeres no queremos un pedazo más grande del pastel, lo que queremos es que ese pastel se reparta en partes iguales, donde todos los hombres y las mujeres tengamos las mismas oportunidades para tener ese mismo beneficio. Pero sucede que hay un gran desbalance y es la sociedad la que sostiene ese desbalance. Siempre se dice no, porque las mujeres estudian. Pero las mujeres viajan y me pregunto a qué costo. Hay mujeres que han logrado cosas importantes, pero han sacrificado muchas cosas: su vida privada o la mayoría esta divorciadas y eso no debe ser así.
¿Cuál debe ser su papel entonces?
Un hombre ocupa los cargos más altos y no está divorciado. A la par de un hombre debe estar la mujer. Pero todo requiere cambios en todos los estamentos de la sociedad. Al hombre se le educa para que viva en la vida pública y a nosotros para la vida privada, en casa. Las mujeres no solo somos dadoras de vida, sino que somos transmisoras de conocimiento. Podemos cambiar y es el momento de hacerlo. Es la oportunidad de mostrar que somos mujeres líderes. No es bueno copiar liderazgos ni tampoco opacar a las demás mujeres, sino abrir espacios.