Monseñor Rómulo Emiliani asegura que está repleto de ánimos, mucho coraje y valentía para trabajar, pero el tema de la inseguridad sigue llenándolo de preocupaciones.
El obispo auxiliar de la diócesis de San Pedro Sula concedió a LA PRENSA una amplia entrevista en la que expuso sus preocupaciones sobre la ola criminal que nos abate y los planes que tiene como presidente del comité pro construcción del centro penal para hacer realidad ese sueño tan anhelado de los sampedranos.
¿En qué ha quedado el proyecto del nuevo presidio?
Como comisión nombrada por el presidente Manuel Zelaya estamos trabajando intensamente porque al fin recibimos el primer desembolso de 10 millones de lempiras. Además el Gobierno se ha comprometido a que antes de acabar su periodo gubernamental nos dará otros L50 millones más. Necesitamos L 400 millones para construir la obra.
¿Podemos confiar en que va a haber un nuevo centro penal?
Sí, ya tenemos los planos hechos. Están valorados en 300 mil lempiras y tienen todas las especificaciones modernas para hacer un presidio que rehabilite y que guarde las normas más comprobadas científicamente de seguridad. Contará con talleres de producción, con juzgados para que no salgan todos los internos a juicio fuera de las instalaciones. Tendrá clínicas de desintoxicación y sicológicas más una gran capilla para atención espiritual.
¿El Gobierno ha manifestado que no tiene la capacidad económica para construir el nuevo penal?
Sí. Nosotros somos conscientes de que el Gobierno no tiene la capacidad de construirlo. Por eso buscaremos apoyo internacional.
¿A quiénes van a acudir?
A los países que están más desarrollados, nos abocaremos al G-16. Vamos a invitar en una fecha próxima a los embajadores de esas naciones para que vengan al terreno de 35 manzanas que tenemos en Naco. Queremos comenzar haciendo ya el muro perimetral.
¿Por qué ha sido tan difícil hacer realidad el sueño de un nuevo presidio?
Porque en los Gobiernos de cualquiera de nuestros países los detenidos no son una prioridad. No lo son. La opinión pública los ve como delincuentes y los Gobiernos los ven como problemas. Lo que hacen es encerrarlos y olvidarse de ellos, pero no es justo, no es humano, no está bien. Recordemos que los internos han perdido su libertad, pero nunca su dignidad.
¿Cree que el sistema carcelario de nuevo colapse considerando que cada vez hay más violencia y por ende más delincuentes ocupando cárceles?
La situación económica actual derivada de la crisis en Estados Unidos, está dejando desempleo, desesperación, extrema pobreza, aunque no sean la causa fundamental de la delincuencia sí contribuyen a que haya más asaltos, robos, etc. Donde hay extrema pobreza y desesperación y no hay manera de encontrar un empleo hay gente que por desgracia termina cometiendo delitos. A eso se suma la gente que por su maldad delinque. Esto significa que las cárceles no se van a dar abasto, lamentablemente. Por eso urge el nuevo presidio, porque además al estar bien dotado de medidas de seguridad va a impedir que en su interior se produzcan asesinatos, extorsiones o que programen crímenes o secuestros.
¿La cárcel de SPS podría catalogarse como un hotel?
Lo he dicho. No reúne las condiciones. No hay manera de controlar el ingreso de armas, droga y teléfonos porque no cuentan con los equipos adecuados. Allí deberían haber sistemas con tecnología moderna.
El Gobierno al delegar a una comisión la gestión de una nueva cárcel se quita una carga de encima. ¿Por qué ustedes aceptan esa responsabilidad?
Porque amamos a nuestro país. Todos los que estamos en la comisión queremos y creemos en Honduras. Cuando el Estado no puede hacer algo entonces se suple con la actividad ciudadana. Y por eso estamos allí. Sabemos que el Estado no puede llevar a cabo esta obra por mil razones y por eso aceptamos trabajar en esta comisión. Lo hacemos con mucho amor a la patria.
¿Los presidios deberían ser parte de las políticas de seguridad de los Gobiernos?
Todos somos conscientes de que el Gobierno no puede solo. Por eso nos hemos unido para ayudar a hacer algo por Honduras.
Con esa capacidad que tienen los sacerdotes de proyectar, ¿cómo ve la situación de inseguridad que estamos viviendo?
No hay manera de controlarla. Las bandas, no solamente las pandillas, proliferan. Hay mucha gente con poder bélico y organizativo metida en esto. Abundan delincuentes que roban, asaltan, secuestran y matan.
Lamentablemente la situación se le ha salido de las manos al Gobierno. Aparte está el crimen organizado a más altos niveles con el narcotráfico que tiene un poder muy grande y que hace mucho mal.
En México el problema del narcotráfico ya se desbordó. ¿Cree que llegaremos a esos niveles?
Aquí no estamos en ese nivel todavía, pero lamentablemente vamos hacia eso. En Honduras se puede hacer bastante, sobre todo evitando que los jóvenes se metan en este negocio diabólico. Hay que trabajar más con la juventud en educación, en valores, en evangelización, dándoles oportunidades de trabajo, brindándoles una manera honesta de vivir para evitar que se metan en este negocio donde consiguen dinero rápido y fácil, pero que al final les lleva a cavar su propia tumba.
¿Las personas que no están metidas en líos viven en zozobra?
En una balacera donde van a matar a alguien muchas veces mueren víctimas inocentes. Estamos alcanzando niveles de inseguridad extremos, en cualquier momento ocurren atentados criminales contra alguien.
Es una guerra sin cuartel y terrible. El impuesto de guerra está cobrando víctimas inocentes y está creciendo como un cáncer. Mucha gente inocente además está siendo extorsionanda y los están matando cuando no quieren pagar.
¿Cree que Honduras debería pedir ayuda, ya que no se tiene la capacidad de combatir la delincuencia?
Hay mecanismos a nivel internacional que están para ayudar a países como el nuestro.
Hay que pedir más ayuda a Estados Unidos porque lamentablemente en parte es el causante del problema de drogas porque si allá no hubiera consumo y demanda no se utilizaría a Honduras como un puente para llevar droga a su país.
¿Tiene otro proyecto a las puertas?
Sí. Estamos creando una fundación que se llama Volver a Vivir. El sueño nuestro es tener un centro de recuperación de jóvenes drogadictos y alcohólicos. Ya nos donaron dos terrenos para construir el centro. Los dos están situados en el Lago de Yojoa.