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Los “Cachiros” y la caída de su imperio

En las residencias incautadas predominaban los lujos y las excentricidades.

Las autoridades policiales han hecho varias incautaciones de bienes de Los Cachiros.
Las autoridades policiales han hecho varias incautaciones de bienes de Los Cachiros.

Redacción.

De tener una banda dedicada al abigeato, la familia Rivera Maradiaga pasó a convertirse en uno de los carteles más poderosos de Centroamérica, según informes que fueron elaborados por la inteligencia de Honduras.

Sus operaciones en el bajo mundo de la delincuencia arrancaron con el robo y la reventa de ganado.

Sus propiedades se expandieron a finales de los años 90 y principios del 2000. Crecieron como la espuma tras unirse a la figura más importante del hampa del litoral atlántico en los primeros años de la década del 90: Jorge Aníbal Echeverría Ramos, alias “Coque”.

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“Coque” estaba bien posicionado, tanto económica como políticamente. Salió con una de las hijas de un reconocido diputado de Colón en los años 90 y Javier, aprovechando los negocios y la cercaníaque estableció con el entonces hombre fuerte del atlántico, se hizo novio de su hermana.

Pero la “luna de miel” entre Javier Rivera y “Coque” terminó, pues tuvieron una disputa que resultó sangrienta. Una balacera que se suscitó el 22 de marzo de 2003 en un restaurante de Tocoa, Colón, dejó como saldo la muerte de Osmán Isidro Rivera, uno de los hermanos de los “Cachiros”.

Ese era el comienzo de la vendetta entre las dos organizaciones delictivas que empezaron como amigas y se volvieron rivales. Los “Cachiros”, buscando revancha, se propusieron acabar con la vida de Echeverría, y el 19 de octubre de 2003, hicieron el primer atentado contra él, pero sin éxito.

El segundo intento para matar a “Coque” se produjo en la urbanización Trejos Montealegre, Escazú, Costa Rica, pero también sobrevivió.

El capo fue deportado a Honduras y encarcelado. Tres días después de haber ingresado en prisión fue asesinado.

Con “Coque” fuera del camino, los “Cachiros” quedaron a cargo del corredor de la droga en el atlántico. Inmediatamente Javier tomó las riendas de la organización y comenzó a realizar envíos de “producto” desde Gracias a Dios hasta el occidente de Honduras y Guatemala, donde entregaban la mercancía a compradores mexicanos y chapines.

Desde finales de los 90 y durante toda la década del 2000, los “Cachiros” recibían sin problemas la cocaína desde Colombia y la entregaban a los mexicanos, quienes se encargaban de colocar el “polvo” en Estados Unidos.

El conflicto político de 2009 les favoreció porque el paso de las drogas fluyó libremente y fue cuando más negocios realizaron.

Fue tal el éxito de este grupo que, según los informes de las agencias antinarcóticos, por cada kilo que los “Cachiros” movían cobraban entre 2,000 y 2,500 dólares.

Las ganancias para ellos fueron enormes y para el éxito de sus operaciones contaron con el apoyo de organizaciones como las de Carlos Arnaldo Lobo y los Valle Valle, según la DEA.

Modus Operandi

Se volvieron invisibles, su círculo fue bien cerrado, eran muy desconfiados, pero algo que caracterizó todos sus negocios es que fueron manejados por su familia y a la hora de contratar personal siempre buscaban gente de Colón. “Si algo tuvieron los hermanos Rivera Maradiaga es que la gente les guardó siempre lealtad, ellos trataban bien a sus empleados y no sembraron miedo. La gente les guardaba respeto. Eran sanguinarios con sus enemigos, pero con los colonos siempre fueron solidarios y colaboradores”, detalló uno de los agentes de inteligencia.

Cuando arreciaban los operativos policiales, los “Cachiros” utilizaron a grandes cantidades de pandilleros para transportar la droga en moto y escondida en mochilas, revelan los informes de inteligencia.

Durante casi 10 años, el cartel, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, obtuvo ganancias que rondaron cerca de los 1,000 millones de dólares.

Tras la caída del Carlos “Negro” Lobo y los hermanos Valle en 2014, el panorama para los “Cachiros” se volvió complicado.

La sombra de la traición se apoderó de ellos y los que eran parte de su red para establecer contactos con diferentes círculos de la sociedad hondureña empezaron a retirarse y a pesar de los mecanismos de seguridad que siempre mantuvieron, el temor a ser asesinados se apoderó de los Rivera.

Al verse solos, la posibilidad de una entrega empezó a cruzar por sus mentes y la misma se concretó después del asesinato del exdiputado Juan Gómez, quien fue muy cercano a la familia y eso para ellos fue un claro mensaje que los próximos en la lista serían ellos. Con su partida, se debilita uno de los carteles más fuertes en la historia de Honduras.

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