Murió Larry Palmer, exembajador de Estados Unidos en Honduras

Palmer fue representante estadounidense en Honduras de 2002 a 2005.

Larry Palmer, exembajador de Estados Unidos en Honduras.
Larry Palmer, exembajador de Estados Unidos en Honduras. /

Estados Unidos.

El pasado jueves falleció a la edad de 72 años Larry Palmer, un diplomático de Estados Unidos que durante tres años fungió como embajador estadounidense en Honduras.

Muchos hondureños recordarán al embajador Palmer como un hombre carismático: siempre sonreía y con su cabello ensortijado lleno de canas. En su momento declaró que le gustaban las baleadas (comida típica hondureña), así como los tragos que servían en el bar Tito Aguacate.

Fue en octubre de 2002 que Larry Palmer llegó a tierras hondureñas para instalarse en la embajada de su país, siendo embajador de Estados Unidos en Honduras hasta el 7 de mayo de 2005.

Nacido en Georgia, Palmer acumuló un amplio recorrido en el servicio diplomático de Estados Unidos que lo llevó por Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Barbados, entre otras posiciones y países.

Al asumir como embajador en Honduras el diplomático alertó de la presencia de los cárteles del narcotráfico en el país y advirtió que debía lucharse y que Honduras estaba en riesgo de convertirse en un narco estado.

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Fotografía del archivo de La Prensa en la que Larry Palmer recibe un reconocimiento por parte de la UTH, entregado por Róger Valladares.

Palmer fue un bastión importante para que su gobierno ampliara de forma consecutiva el Estatus de Protección Temporal (TPS) para al menos 60 mil compatriotas, a razón del impacto devastador que dejó el huracán Mitch.

El diplomático era una persona afable, de buen carácter y con un estilo campechano, que rápidamente trababa conversación no solo con los funcionarios sino que con el parroquiano común y corriente.

Se le recuerda mucho porque popularizó aún más la famosa bebida “Calambre”, del conocido bar de Tito Aguacate en la capital Tegucigalpa.

Palmer continuamente asistía a este bar y departía con los parroquianos visitantes al calor de unos refrescantes “calambres”, la más conocida bebida del expendio.

El diplomático incluso llevó a las fiestas del 4 de Julio en la casa del Embajador a los expendedores de esta bebida para repartir a los asistentes.

En el país dejó un legado de amigos que no solo en su momento estaban al frente del gobierno sino que a políticos de la oposición y empresarios.

La Prensa