Testimonios de sampedranos: Perdieron todo, menos la fe

Miles de damnificados cumplen hoy 23 días de estar bajo puentes, a orillas de bulevares o en albergues. Afectados están a la espera de que baje el agua de sus casas para retornar.

Marina da una cucharada de gerber a su prima Génesis Marisol, de cinco meses de nacida. Fotos: Moisés Valenzuela.

SAN PEDRO SULA.

Las tormentas tropicales Eta y Iota acabaron con los bienes materiales de miles de familias en todo el país, pero no pudieron arrebatarles la esperanza y la fe de emprender un nuevo comienzo.

A 23 días de las primeras inundaciones, los relatos de los afectados que desde entonces duermen en los bulevares, bajo puentes o albergues, son capaces de revivir la pesadilla del pasado 5 de noviembre, una fecha trágica pero que a la vez les da fuerza para levantarse y luchar.

LA PRENSA recorrió varios sitios críticos de San Pedro Sula para conocer los rostros de quienes en este momento levantan un clamor a la espera de encontrar una mano amiga.

Los entrevistados expresaron que su anhelo más grande es volver a sus casas, pero la cantidad de agua que hay en ellas se los impide.

La historia de la pequeña Marina Caridad Rodríguez Flores (10 años) conmovió a muchos en redes sociales luego de que un usuario solicitara ayuda para ella y su familia, quienes residen en la colonia Jerusalén del municipio de La Lima, pero que de momento se encuentran sobre la mediana del bulevar del este tras perder todo por las inundaciones.

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“De grande quiero ser doctora para curar a los niños”: Marina Caridad Flores,
vecina de la jerusalé.

Marina vino al mundo con una anomalía congénita, la cual afectó el desarrolló de sus dos brazos, su pie izquierdo y varios de sus órganos internos. Sus limitantes físicas no han sido un impedimento para que se divierta y realice las mismas actividades que cualquier niña de su edad y prueba de ellos es que se encuentra cursando el quinto grado.

“De grande quiero ser doctora para curar niños y ayudar a todos los enfermos. Ahorita no he podido seguir con las clases porque mi maestra también perdió todo, pero me gusta mucho ir a la escuela y recibir clases con mis compañeros”, contó con cierta timidez.

Marina duerme junto con sus padres, abuela y primos en una casa de campaña que ellos construyeron con toldos, pero les hacen falta colchonetas y sábanas para mitigar el frío por las noches. Recordar cuando su casa se inundaba pone triste a Marina, pero su confianza y fe en Dios hacen regresar la sonrisa a su rostro.

“Lo que más me gusta hacer ahorita que estamos aquí es jugar con mi primita Génesis Marisol, yo le doy de comer y también la chineo”, relató mientras daba una demostración de que podía cargarla.

Mercedes Rodríguez, abuela de la infante, hizo un llamado para que puedan ayudarlos con alimentación, ropa y otras necesidades, pues lo perdieron todo. Los interesados en apoyar pueden llamar al 9805-7280.

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“Mi bebé es una bendición en medio de esta tragedia”: Reyna Blandín, pobladora de la colonia 6 de mayo.

Eran alrededor de las 6:00 am del jueves 6 de noviembre cuando la vivienda que Reyna Blandín (36 años) compartía con sus cuatro hijos, su mamá, hermana y sobrino, empezó a ser invadida por las aguas lluvias que llegaban desde la calle a imponer el miedo entre su familia.

Para ese momento Reyna estaba a poco días de dar a luz a su quinto hijo, por lo que pensar que algo malo podía ocurrirles la hizo accionar para ponerse a salvo sin importarle dejar abandonadas todas sus cosas.

Logró salir con su parientes cuando el agua ya les daba a la cintura, pero los vecinos al verla en su estado de gestación la ayudaron para escapar lo antes posible.

“Un vecino nos dio jalón en la paila del carro, sentí mucho miedo cuando miré que el agua se iba metiendo, no quería que nos pasara nada, pero mientras todo eso pasaba yo le pedía fuerzas a Dios y sé que él nos ha cubierto para que estemos con bien”, manifestó Reyna.

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Reyna juega con su hijo Santiago que hoy cumple 11 días de nacido.

Pero toda la tristeza y angustia que sentía desapareció para Reyna cuando el 17 de noviembre mientras reposaba en el piso del albergue de la escuela Alex Edgardo Alaniz Lagos, su bebé decidió venir al mundo, al cual llamó Santiago.

“Mi bebé es una bendición en medio de esta tragedia, no hay cosa que me dé más fortaleza que él y sus hermanos, por ellos yo sé que voy a salir de esta prueba tan difícil”, comentó.

Durante dos noches le tocó dormir en el piso con su recién nacido, pero gracias a la solidaridad de unos amigos, consiguió una cama en la que ahora puede descansar junto al frágil Santiago.

Reyna desea volver a su casa cuanto antes para vivir su maternidad tranquila, aunque por momentos la embarga el temor de que las lluvias conviertan su felicidad en desdicha y desesperación.

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“Perdimos nuestra casa, no sabemos dónde vamos a ir”: David Alemán,habitante de la colonia Morales I.

Sentado en una silla encontramos a David Alemán (25 años) y junto a él su esposa Fanny Ramos (18 años), cada uno carga entre sus brazos a sus hijos, óscar David de año y medio, y Jonathan Josué, de cinco meses. Este joven matrimonio relató la difícil situación que han tenido que enfrentar luego de haber perdido por completo el hogar en el que vivían y además, la fuente de trabajo que les ayudaba a generar ingresos.

“Perdimos nuestra casa, no sabemos dónde vamos a ir. También perdí todas mis herramientas de trabajo porque yo soy zapatero y tenía mi taller, pero ahora ni eso voy a poder porque no tengo para comprarlas de nuevo”, lamentó David.

Acongojado por lo que les está tocando sufrir, David expresó que en el refugio donde se establecieron desde las tormentas, bajo el puente del intercambiador de occidente, solo hay espacio para que duerman sus dos hijos, por lo que él y su esposa pasan noches de desvelo velando por el bienestar de sus vástagos.

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En esta pequeña casa hecha con sábanas permanecen hace 20 días David, su esposa y dos hijos.

Recordó que vivió minutos de mucha incertidumbre pues el día que las inundaciones los sorprendieron era la 1:00 am y cuando pudieron darse cuenta de lo que pasaba el agua ya les llegaba al pecho. “Pudimos salir pero no recuperamos nada, a los niños nos los subimos en la espalda y el más pequeño lo traía la mamá y casi se le cae al agua, fue feo y es feo recordarlo”, narró el sampedrano.

David está claro que recuperar todo lo que el agua se llevó no será fácil, pero aseguró que no le tiene miedo a sacrificarse, por lo que trabajará en lo que pueda con tal de que a su familia no le falte nada.

“Tenemos la fe en Dios que los días malos terminarán y que pronto la vida nos sonreirá. Ahorita no parece, pero vamos a estar bien en una nueva casa”, confió el joven.

La Prensa